Cuesta creer que un islote de arena y cocoteros, tan chico que se recorre a pie en media hora, haya sido la primera capital de un país y el escenario de la batalla que definió su existencia. Pero así fue: la historia de St. George's Caye es, en buena medida, la historia del origen mismo de Belice. A mediados del siglo XVII, colonos ingleses empezaron a asentarse en la costa de lo que entonces no era más que un confín del imperio español. Muchos de estos primeros pobladores eran antiguos bucaneros y marinos —los llamados 'Baymen', por la 'Bay of Honduras', la bahía de Honduras— que, cuando la piratería declinó, se dedicaron a un negocio muy lucrativo: el corte del palo de tinte (logwood), una madera usada para fabricar tintes textiles, y más tarde de la caoba.
Estos colonos necesitaban una base segura, y la encontraron en St. George's Caye. El pequeño cayo, protegido tras la barrera de arrecife y situado cerca de la desembocadura del río Belice (la vía por la que bajaba la madera cortada en el interior), reunía las condiciones ideales: era defendible, tenía buen acceso al mar y estaba a salvo de muchos peligros de tierra firme. Así, St. George's Caye se convirtió en el principal asentamiento de los Baymen y, de hecho, en la primera 'capital' de la colonia.
La sociedad del cayo era la de la época colonial: los Baymen propietarios, sus familias, y una mayoría de personas esclavizadas de origen africano que realizaban el durísimo trabajo de cortar y transportar la madera en los campamentos del interior. La economía de todo el asentamiento giraba en torno a esa explotación maderera, y St. George's Caye era su corazón administrativo y residencial.
La presencia inglesa en la costa de Belice fue, durante más de un siglo, una espina clavada para el imperio español, que reclamaba la soberanía sobre todo el territorio. A lo largo del siglo XVIII, los asentamientos de los Baymen vivieron en una situación inestable: tolerados a veces, atacados otras, y objeto de continuas negociaciones diplomáticas entre las coronas de Gran Bretaña y España.
Distintos tratados entre ambas potencias regularon, sin resolver del todo, la situación. España aceptó que los ingleses cortaran madera en ciertas zonas, pero sin reconocerles soberanía ni permitirles fortificarse o establecer un gobierno formal. Los Baymen, por su parte, se resistían a abandonar un negocio próspero. Esta ambigüedad jurídica hizo que el asentamiento fuera atacado y desalojado varias veces a lo largo del siglo, y reconstruido otras tantas por los tenaces colonos.
La tensión escaló en el contexto de las guerras europeas de finales del siglo XVIII. Cuando España entró en guerra con Gran Bretaña, las autoridades españolas en Yucatán vieron la oportunidad de resolver el problema de raíz: expulsar definitivamente a los ingleses de la costa. Ese propósito desembocaría en el enfrentamiento decisivo de 1798, frente a St. George's Caye.
El acontecimiento que inmortalizó al cayo y que marcó el destino de Belice fue la batalla de St. George's Caye, librada el 10 de septiembre de 1798. Una flota española procedente de Yucatán, considerablemente más numerosa, se acercó a la costa con la intención de expulsar definitivamente a los ingleses del asentamiento.
Los Baymen se prepararon para resistir. Contaban con el apoyo de la Marina británica —en particular del buque HMS Merlin— y, de manera notable, con la participación de personas esclavizadas y libres del asentamiento, que combatieron junto a los colonos. Conocedores de las aguas, los defensores aprovecharon los bajos y canales del arrecife, que dificultaban la maniobra de los barcos españoles de mayor calado. A lo largo de varios días de escaramuzas, que culminaron el 10 de septiembre, los defensores lograron rechazar el ataque español sin sufrir, según las crónicas, prácticamente ninguna baja.
La victoria tuvo enormes consecuencias. Aunque jurídicamente no cambió de inmediato la situación de soberanía, en la práctica consolidó la presencia británica en el territorio y puso fin a los grandes intentos españoles por desalojar a los colonos. A partir de entonces, el asentamiento fue afianzándose hasta convertirse, en el siglo XIX, en la colonia de la Honduras Británica, antecesora directa de la nación independiente de Belice.
Tras la batalla de 1798, la historia de St. George's Caye siguió ligada a la del asentamiento, pero su papel fue cambiando. El centro de gravedad de la colonia se había ido trasladando a la desembocadura del río Belice, donde crecía la población de la actual Ciudad de Belice (Belize Town), mejor situada para el comercio y la administración. La capitalidad pasó así de la pequeña isla a la ciudad de tierra firme.
A lo largo del siglo XIX, mientras la Honduras Británica se consolidaba como colonia formal del Imperio, St. George's Caye fue perdiendo importancia administrativa y quedó como un lugar de residencia secundaria, de descanso y veraneo para familias de la ciudad. Su pasado, sin embargo, no se olvidó: el viejo cementerio del cayo y la memoria de la batalla mantuvieron viva su condición de lugar histórico.
El cayo también sufrió, como toda la costa beliceña, el embate de huracanes a lo largo de su historia, que destruyeron construcciones y obligaron a reconstruir. Hoy St. George's Caye es un islote tranquilo, con unas pocas casas de fin de semana de familias beliceñas y un par de resorts, muy alejado del bullicio. Pero conserva intacto su valor simbólico: es uno de los lugares fundacionales de la nación.
La batalla de 1798 trascendió la historia para convertirse en un símbolo de la identidad beliceña. Cada 10 de septiembre, Belice celebra el Día de St. George's Caye (St. George's Caye Day), una de las fiestas nacionales más importantes del país, con desfiles, música, carrozas, fuegos artificiales y actos patrióticos, sobre todo en la Ciudad de Belice. La festividad abre el llamado 'mes patrio', que culmina el 21 de septiembre con el Día de la Independencia.
La conmemoración de la batalla tiene raíces antiguas: ya en tiempos coloniales se celebraba el aniversario como un día de orgullo del asentamiento. Con el tiempo, y especialmente en el camino hacia la independencia (lograda en 1981), la fecha adquirió un fuerte contenido de identidad nacional, presentando la batalla como un momento fundacional en el que los habitantes del territorio —incluidos los esclavizados— defendieron juntos su tierra.
Esa narrativa no está exenta de debate. Algunos historiadores contemporáneos discuten el grado de unidad real entre amos y esclavizados, o el peso militar exacto de la batalla, y proponen lecturas más matizadas del episodio. Pero, más allá de la discusión académica, el 10 de septiembre y el nombre de St. George's Caye siguen siendo un pilar de la memoria colectiva beliceña: el lugar donde, según el relato nacional, empezó a forjarse la nación.