En 1985, un puñado de agricultores del río Belice hizo algo que en aquel momento era casi inédito en la conservación mundial: en vez de vender sus tierras o esperar a que el gobierno las expropiara para crear un parque, decidieron seguir siendo dueños de sus parcelas y, al mismo tiempo, dejar franjas de bosque en pie para que un mono ruidoso y peludo pudiera seguir viviendo ahí. Cuatro décadas después, ese acuerdo entre vecinos sigue en pie, y Bermudian Landing se convirtió en uno de los mejores lugares del mundo para ver, a pocos metros, al primate más ruidoso de América. El nombre del Community Baboon Sanctuary suele desconcertar a los visitantes, porque en América no existen babuinos: estos primates de gran tamaño son propios de África y Asia. La explicación está en el lenguaje local. En el criollo beliceño (Belize Kriol), el mono aullador negro recibe coloquialmente el nombre de 'baboon'. Es un caso clásico de cómo los colonos y pobladores aplicaron a la fauna americana nombres traídos del Viejo Mundo o adaptados al habla local.
La especie protegida es, en realidad, el mono aullador negro centroamericano (Alouatta pigra), un primate arborícola de pelaje oscuro que habita los bosques del sureste de México, Guatemala y Belice. Su rasgo más célebre son sus vocalizaciones: gracias a un hueso especial en la garganta (el hueso hioides agrandado), los machos emiten potentes rugidos o 'aullidos' que pueden oírse a varios kilómetros y que sirven para marcar territorio y comunicarse entre grupos. Es uno de los sonidos más característicos de la selva centroamericana.
Así, el santuario conserva en su nombre la huella del criollo beliceño, mientras que la ciencia identifica con precisión a su protagonista. Esta mezcla —un nombre popular pintoresco para una especie americana amenazada— es parte del encanto y de la identidad cultural del lugar, profundamente arraigado en las comunidades locales que lo sostienen.
El Community Baboon Sanctuary fue creado en 1985 y se convirtió rápidamente en un caso emblemático de conservación basada en la comunidad. La iniciativa surgió de la colaboración entre científicos —en particular el primatólogo estadounidense Robert Horwich—, organizaciones conservacionistas y, sobre todo, los propios pobladores de varias aldeas situadas a lo largo del río Belice, en torno a Bermudian Landing.
La idea fundacional fue tan sencilla como innovadora: en lugar de crear un parque mediante la expropiación de tierras (un modelo frecuente que suele generar conflictos con las poblaciones locales), se buscó que los propios propietarios privados —agricultores y vecinos— firmaran acuerdos voluntarios para manejar sus parcelas de manera compatible con la supervivencia de los monos. Esto incluía conservar franjas de bosque a lo largo del río, mantener árboles que sirven de alimento a los aulladores y dejar corredores que permitieran a los grupos de monos desplazarse de una propiedad a otra.
Este enfoque convirtió a los habitantes en protagonistas y beneficiarios de la conservación, no en sus adversarios. Decenas de terratenientes de varias aldeas se sumaron al pacto, y el santuario pasó a ser un mosaico de tierras privadas gestionadas con un objetivo común. El modelo demostró que era posible proteger una especie amenazada respetando la propiedad y el modo de vida de la comunidad, y se transformó en una referencia internacional para proyectos similares.
El propio nombre del proyecto refleja esa filosofía: no se llama 'parque nacional' ni 'reserva estatal', sino 'santuario comunitario' (community sanctuary), una categoría poco común en la época que ponía el acento en quién sostenía realmente la conservación. Horwich, que había estudiado previamente a los aulladores en México, eligió deliberadamente este camino tras observar que los modelos de parques cerrados generaban resentimiento entre los vecinos cuyas tierras quedaban dentro de los límites protegidos, sin beneficio directo para ellos. En Bermudian Landing se buscó lo contrario: que cuidar al mono fuera, literalmente, un buen negocio para quien vivía ahí.
El resultado del santuario fue un éxito tangible. Al proteger el hábitat —los bosques ribereños, los árboles de alimento y los corredores— y al involucrar a la comunidad, la población de monos aulladores negros en la zona se mantuvo saludable y creció. El santuario llegó a albergar una población abundante de aulladores, lo que permitió incluso, en proyectos posteriores, trasladar algunos grupos a otras áreas de Belice para repoblar zonas donde la especie había disminuido.
Ese éxito convirtió al Community Baboon Sanctuary en un caso de estudio citado en el ámbito de la conservación a nivel mundial, como demostración de que los modelos comunitarios pueden funcionar y de que la participación local es clave para la sostenibilidad a largo plazo. A diferencia de las áreas protegidas que dependen exclusivamente del Estado o de fondos externos, aquí la conservación se sostiene sobre el compromiso de las familias que viven en el territorio.
La gestión del santuario ha estado vinculada a organizaciones comunitarias locales —incluyendo un papel destacado de las mujeres de las aldeas en su administración y en el desarrollo del ecoturismo—, lo que añade una dimensión social y de empoderamiento al proyecto. El centro de visitantes y museo en Bermudian Landing funciona como corazón de esta gestión, combinando educación ambiental, recepción de turistas y reparto de los beneficios entre la comunidad.
El éxito reproductivo de los aulladores en la zona fue tan marcado que, con el correr de los años, el santuario se convirtió en una especie de 'banco genético' viviente para la especie en Belice. Grupos familiares completos de monos criados en Bermudian Landing fueron capturados con técnicas de manejo cuidadoso y trasladados a otras áreas protegidas del país —incluyendo zonas donde la caza furtiva o la pérdida de hábitat habían diezmado las poblaciones locales— para reforzar o reintroducir la especie. Ese tipo de programas de translocación, poco comunes en proyectos de conservación tan pequeños, dan una idea de la magnitud del logro alcanzado por una comunidad rural con recursos modestos pero una visión clara.
Hoy el Community Baboon Sanctuary es a la vez un área de conservación, un destino de ecoturismo y un proyecto educativo. Las visitas guiadas para observar a los monos aulladores, las caminatas por el bosque ribereño y las actividades en torno al río Belice generan ingresos que se reparten en la comunidad y refuerzan el incentivo para seguir conservando el hábitat. El visitante, al pagar su entrada y contratar guías locales, participa directamente en este circuito virtuoso.
Más allá de los monos, el santuario protege un ecosistema ribereño completo, con una rica avifauna, reptiles como iguanas, y otra fauna y flora propias de los bosques de galería del norte de Belice. Esto lo convierte en un destino de naturaleza más amplio de lo que su nombre sugiere, atractivo también para quienes disfrutan de la observación de aves y de la vida del río.
El modelo del Community Baboon Sanctuary se inscribe en una etapa en la que Belice —independiente desde 1981— apostó fuertemente por la conservación y el ecoturismo como pilares de su identidad y su economía. Junto con sus parques nacionales, reservas marinas y otros santuarios, este proyecto comunitario muestra una manera particular de proteger la naturaleza: de la mano de las personas que viven en ella, demostrando que el desarrollo local y la conservación de la vida silvestre pueden ir juntos.
Para quien visita hoy Bermudian Landing, esa historia se percibe en detalles concretos: el guía que explica el comportamiento de los monos suele ser hijo o nieto de alguno de los agricultores que firmaron el acuerdo original de 1985, y las mismas parcelas que hace cuarenta años eran potreros o cultivos hoy conservan franjas boscosas que sirven de puente entre un grupo familiar de aulladores y el siguiente. Es, en el sentido más literal, un paisaje construido entre personas y monos, y quizás por eso la experiencia de caminar por sus senderos se siente distinta a la de un parque nacional convencional: no hay una frontera clara entre 'la naturaleza protegida' y 'la vida de la gente', sino una convivencia cotidiana que lleva décadas funcionando.