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Historia de Zell am See

Una celda de monjes junto al lago: el nacimiento de Zell am See

El nombre lo dice todo: 'Zell' viene de 'cella', la celda o pequeño monasterio con que empezó la historia de esta ciudad. Hacia el año 740, por orden del arzobispo Juan de Salzburgo, unos monjes fundaron a orillas del lago un asentamiento religioso que las fuentes latinas llaman 'cella in bisonzio' —la celda en el Pinzgau—, documentado por primera vez en el año 743. De aquel núcleo monástico, en un valle apartado entre montañas, nació el pueblo que hoy conocemos.

El lugar tenía sentido: el lago ofrecía pesca y agua, los valles daban pastos, y el paso hacia el sur conectaba con los caminos alpinos. Durante toda la Edad Media, la vida giró en torno a la agricultura de montaña, la ganadería y una iglesia que fue creciendo. La actual parroquia de San Hipólito, de origen románico y con una robusta torre medieval, hunde sus raíces en aquella fundación monástica y sigue siendo el edificio histórico más notable del casco antiguo.

A partir de los siglos XII y XIII, el poder de los arzobispos de Salzburgo, que eran a la vez príncipes de la Iglesia y señores territoriales, fue aumentando en toda la comarca del Pinzgau. Mediante herencias y compras, los arzobispos consolidaron su dominio, y hacia 1228 el Pinzgau quedó firmemente en sus manos; en 1480 los distintos condados de la zona pasaron definitivamente bajo el gobierno de Salzburgo. Así, durante siglos, Zell am See y su lago fueron un rincón del extenso principado eclesiástico de los arzobispos salzburgueses, lejos de las grandes rutas del poder, con una vida modesta marcada por el ritmo de las montañas.

https://www.sn.at/wiki/Geschichte_von_Zell_am_Seehttps://en.wikipedia.org/wiki/Zell_am_Seehttps://www.region-pinzgau.at/region-pinzgau/gemeinden/detai

Siglos de minería y de pobreza en la montaña

Durante buena parte de su historia, el Pinzgau fue una tierra dura y pobre. La vida en los valles altos era exigente: inviernos largos, tierras difíciles de cultivar y una economía de subsistencia. A ese cuadro se sumó, durante siglos, la minería, que dio a la región una de sus pocas fuentes de riqueza y de trabajo.

En las montañas alrededor de Zell am See —en zonas como Bruckberg y Thumersbach, y en los valles vecinos— se explotaron durante siglos vetas de cobre, azufre, plomo argentífero y zinc. Numerosas galerías perforaron la roca en busca de estos metales, que se comerciaban y transformaban en la comarca. La minería alpina fue una actividad importante en todo el mundo germánico, y el Pinzgau tuvo su parte, aunque nunca alcanzó la fama ni la escala de las grandes minas de sal del Salzkammergut o de plata del Tirol.

Con el tiempo, muchas de estas explotaciones se agotaron o dejaron de ser rentables, y la región volvió a depender sobre todo de la agricultura y la ganadería de montaña. Todavía en el siglo XIX, Zell am See era descrita como un lugar modesto, casi un 'asilo de pobres' según algún cronista de la época, un pueblo pequeño que vivía con lo justo en un entorno magnífico pero difícil. Nada hacía prever que ese mismo entorno —el lago y las montañas que hoy nos parecen un lujo— se convertiría, en pocas décadas, en la mayor riqueza del lugar.

https://www.sn.at/wiki/Geschichte_von_Zell_am_Seehttps://www.sn.at/salzburg/chronik/zell-am-see-vom-armenhaushttps://en.wikipedia.org/wiki/Zell_am_See

1875: el tren llega al lago y nace el turismo

El punto de inflexión en la historia de Zell am See tiene fecha exacta: el 30 de julio de 1875, cuando un tren del ferrocarril del valle del Salzach —la línea que unía Salzburgo con el Tirol— llegó por primera vez a la estación de Zell am See. Con la locomotora entró también el mundo moderno, y con él, el turismo. Lo que durante siglos había sido un pueblo apartado y pobre quedó de pronto conectado con las grandes ciudades del imperio.

El efecto fue transformador. En la segunda mitad del siglo XIX, los Alpes se pusieron de moda: la burguesía europea descubrió el placer de la montaña, del aire puro, de los baños en lagos limpios y de las excursiones a las cumbres. Zell am See, con su lago espejeante rodeado de picos, tenía todo para triunfar. Ya en la década de 1870 se lo empezó a describir como 'la perla de la región de Salzburgo'. Se construyeron hoteles, pensiones y villas; llegaron los primeros veraneantes, y más tarde los pioneros del alpinismo y del esquí.

El siglo XX consolidó esa vocación turística. El esquí, que se popularizó en los Alpes a comienzos de siglo, encontró en las laderas de la Schmittenhöhe un escenario ideal, y Zell am See se fue convirtiendo en una estación de deportes de invierno además de destino de verano. Los teleféricos y remontes reemplazaron poco a poco a la larga caminata de los pioneros, y el pueblo creció al ritmo de los huéspedes. De aquel 'asilo de pobres' del siglo XIX quedó poco: en pocas generaciones, Zell am See pasó a ser un destino vacacional de renombre internacional, y el lago y las montañas se transformaron en su tesoro.

https://www.sn.at/wiki/Geschichte_von_Zell_am_Seehttps://en.wikipedia.org/wiki/Zell_am_Seehttps://www.zellamsee-kaprun.com/en/experience/zell-am-see

La carretera del Grossglockner: una obra contra el desempleo

En los años 30 del siglo XX, mientras Europa vivía la gran depresión económica y Austria sufría un paro masivo, se emprendió cerca de Zell am See una obra colosal que cambiaría el mapa turístico de la región: la carretera alpina del Grossglockner. La idea era doble: crear una gran ruta panorámica que abriera al público el corazón de los Altos Tauern y, al mismo tiempo, dar trabajo a miles de desempleados en tiempos de crisis.

La construcción comenzó el 30 de agosto de 1930 con la primera voladura. Durante cinco años, más de 4.000 obreros —en su mayoría trabajadores llegados de toda Austria para escapar del desempleo— tallaron la montaña en condiciones durísimas, a gran altitud, con inviernos brutales y medios técnicos limitados. El proyecto fue impulsado por el gobernador de Salzburgo, Franz Rehrl, y diseñado por el joven y brillante ingeniero Franz Wallack, cuyo trazado de curvas y recodos sigue siendo admirado como una obra maestra de la ingeniería alpina.

El 3 de agosto de 1935, el presidente austríaco Wilhelm Miklas inauguró la carretera. Sus 48 kilómetros y sus 36 recodos ascendían hasta más de 2.500 metros, llevando por primera vez a miles de visitantes hasta el pie del Grossglockner, la montaña más alta de Austria, y frente al gran glaciar Pasterze. Desde entonces, la Hochalpenstrasse se convirtió en uno de los grandes atractivos del país y en un motor económico para toda la región, incluida Zell am See, su puerta de entrada natural.

Hoy, esa misma carretera es también un observatorio del cambio climático. El glaciar Pasterze, que en los años de la construcción llegaba casi hasta donde hoy está el aparcamiento del mirador, ha retrocedido de forma dramática: los visitantes deben descender un buen trecho para tocar el hielo, y las mediciones documentan año tras año cómo el mayor glaciar de los Alpes orientales se encoge. Lo mismo ocurre con el glaciar del Kitzsteinhorn y con los demás hielos de los Hohe Tauern, testigos silenciosos del calentamiento del planeta.

https://www.grossglockner.at/en/the-high-alpine-road/historyhttps://de.wikipedia.org/wiki/Gro%C3%9Fglockner-Hochalpenstrhttps://hdgoe.at/grossglockner-hochalpenstrasse

Kaprun: el agua de la reconstrucción y la tragedia del año 2000

A pocos kilómetros de Zell am See, el pueblo de Kaprun escribió dos capítulos muy distintos de la historia austríaca del siglo XX. El primero fue una gran obra de esperanza. En las montañas sobre Kaprun se construyeron, entre los años 30 y los años 50, enormes presas y centrales hidroeléctricas: los embalses de alta montaña del Wasserfallboden y el Mooserboden, alimentados por el deshielo de los glaciares. La obra, retomada tras la Segunda Guerra Mundial en buena parte con ayuda del Plan Marshall, se convirtió en un símbolo de la reconstrucción y del renacer de Austria: 'Kaprun' fue durante décadas sinónimo de esfuerzo colectivo y de futuro, y su energía impulsó al país. Hoy los embalses son también una espectacular excursión de alta montaña.

El segundo capítulo es una tragedia que la región recuerda con dolor y respeto. El 11 de noviembre de 2000, un funicular subterráneo que llevaba esquiadores y excursionistas al glaciar del Kitzsteinhorn se incendió dentro de su túnel. El tren, completo, se detuvo en el tercio inferior del túnel poco después de partir. Un calefactor defectuoso, instalado sin autorización en la cabina, había prendido aceite hidráulico de los frenos, y el fuego se propagó con una velocidad devastadora. El humo tóxico ascendió por el túnel como por una chimenea. De las personas a bordo, la mayoría intentó huir hacia arriba, en la dirección del humo, y murió intoxicada; solo doce, que escaparon hacia abajo pasando junto al foco del fuego, sobrevivieron. En total murieron 155 personas: fue la mayor catástrofe de la Austria de posguerra.

El juicio posterior terminó en 2004 con la absolución de todos los acusados, una decisión que dejó a muchas familias con la sensación de que nadie asumió la responsabilidad; en 2008 se alcanzó un acuerdo extrajudicial de indemnización para los supervivientes y allegados. El funicular no se reconstruyó, y el acceso al glaciar se realiza hoy mediante teleféricos. En Kaprun hay un lugar de memoria dedicado a las víctimas, muchas de ellas extranjeras, que cada aniversario reúne a familiares llegados de varios países. Es una historia real y sombría de esta región de montaña, que conviene conocer con la seriedad que merece.

https://de.wikipedia.org/wiki/Brandkatastrophe_der_Gletscherhttps://hdgoe.at/seilbahnbrand-kaprunhttps://en.wikipedia.org/wiki/Zell_am_See

Zell am See hoy: lago, glaciar y el desafío del clima

La Zell am See del siglo XXI es una de las regiones vacacionales más completas de los Alpes austríacos. Junto con Kaprun forma un destino de doble temporada: en invierno, esquí garantizado gracias al glaciar Kitzsteinhorn y a las pistas de la Schmittenhöhe; en verano, baño y vela en el lago, senderismo en el Parque Nacional Hohe Tauern, la ruta panorámica del Grossglockner y las cataratas de Krimml. La antigua celda de monjes se ha transformado en un pequeño centro turístico internacional que recibe visitantes de toda Europa y del mundo, con especial presencia, en las últimas décadas, de turismo de Oriente Medio atraído por el verde y el agua de la montaña.

Ese éxito trae también sus tensiones. El turismo masivo presiona sobre un entorno frágil, y la región debate cómo crecer sin dañar el paisaje que la sostiene. Pero el desafío mayor viene del cielo: el cambio climático. Los glaciares que hicieron famosa la zona —el Pasterze bajo el Grossglockner, el hielo del Kitzsteinhorn— retroceden a ojos vista, documentados por científicos año tras año. El esquí de glaciar, que fue durante décadas una de las señas de identidad de Kaprun, se enfrenta a un futuro incierto a medida que suben las temperaturas.

A la vez, el Parque Nacional Hohe Tauern, el mayor de los Alpes, protege un tesoro natural extraordinario: glaciares, cumbres de tres mil metros, valles salvajes y una fauna que incluye marmotas, íbices y el quebrantahuesos reintroducido. Zell am See vive hoy en ese equilibrio entre el disfrute de una naturaleza grandiosa y la responsabilidad de cuidarla. Su historia —de la humilde celda monástica a la perla del turismo alpino— es la de un lugar que aprendió a hacer de sus montañas y su lago su mayor riqueza, y que ahora tiene el reto de conservarlos para quienes vengan detrás.

https://www.zellamsee-kaprun.com/en/experience/zell-am-seehttps://en.wikipedia.org/wiki/Zell_am_Seehttps://www.nationalpark.at/

📚 Bibliografía

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