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Historia de Tirol

Los condes del Tirol y Margarita Maultasch

El Tirol es una de esas regiones cuya identidad se forjó a lo largo de los pasos de montaña. Habitada desde la prehistoria y romanizada en tiempos del Imperio (por el valle del Inn y el paso del Brenner circulaba una de las grandes rutas alpinas de Roma), la comarca tomó su nombre de un castillo: el castillo de Tirol (Schloss Tirol), cerca de la ciudad de Merano, hoy en el Tirol del Sur italiano. Desde esa fortaleza, en la Edad Media, una dinastía de condes fue reuniendo bajo su mando los territorios a ambos lados del Brenner, tanto los del norte de habla alemana como los valles del sur, en un principado que dominaba el comercio transalpino.

El linaje que dio forma al Tirol como entidad política fue el de los Meinhardinos, y su figura más recordada es también la última de la estirpe: Margarita del Tirol (hacia 1318-1369), conocida por el sobrenombre de 'Maultasch'. Hija y heredera del duque Enrique de Carintia y conde del Tirol, Margarita heredó un vasto dominio alpino y gobernó en tiempos turbulentos, entre disputas matrimoniales y luchas de poder. Su apodo, 'Maultasch' (de significado discutido, quizá 'boca de bolso'), la ha rodeado de leyendas que la pintaron como una mujer fea y de mala fama, en buena parte injustas y fruto de la propaganda posterior.

La historia de Margarita marca un antes y un después para el Tirol. Al morir su único hijo, Meinhard, en 1363, la condesa quedó sin heredero. Ese mismo año, el 29 de septiembre de 1363, Margarita cedió el condado del Tirol al duque Rodolfo IV de Habsburgo, de la casa de Austria, a cambio de protección y apoyo. Con ese acto, un territorio estratégico y rico pasó a manos de los Habsburgo, y comenzó una unión que duraría más de cinco siglos y que ataría el destino del Tirol al de Austria.

https://en.wikipedia.org/wiki/County_of_Tyrolhttps://en.wikipedia.org/wiki/Margaret,_Countess_of_Tyrolhttps://www.britannica.com/biography/Margaret-Maultasch

Los Habsburgo, la plata y la sal

Bajo los Habsburgo, el Tirol se convirtió en una de las joyas de la casa de Austria, y no solo por su valor estratégico sobre el Brenner, sino por algo más concreto: sus montañas escondían plata. Entre finales del siglo XV y el siglo XVI, las minas de plata y cobre de Schwaz, en el valle del Inn, se convirtieron en uno de los mayores centros mineros de Europa, con miles de trabajadores excavando kilómetros de galerías. La plata tirolesa financió en buena parte el poder de los Habsburgo, incluidas las ambiciones imperiales de Maximiliano I, y enriqueció a banqueros como los Fugger de Augsburgo, que adelantaban dinero a cambio del control de la producción minera.

Esa riqueza se acuñó literalmente en moneda. En la cercana Hall in Tirol, los soberanos instalaron una importante casa de la moneda (la Münze Hall) que, a finales del siglo XV, empezó a fabricar grandes monedas de plata. De aquellas piezas y de las que le siguieron nació el 'Taler', una moneda tan extendida y de tanto prestigio que su nombre viajó por el mundo y acabó dando origen a la palabra 'dólar'. Pocas veces un valle de montaña ha dejado una huella tan larga en la economía global: cada vez que se nombra al dólar, resuena un eco lejano de la plata tirolesa.

Junto a la plata estaba la sal, el otro gran tesoro de estas montañas. La sal extraída de los macizos cercanos fue durante siglos una fuente de ingresos fundamental para la región, tan valiosa que se la llamaba 'el oro blanco'. Todo este entramado de minería, comercio y acuñación convirtió al Tirol en una tierra próspera y muy poblada para su época, con ciudades como Hall, Schwaz o Rattenberg viviendo un auge notable, y con una burguesía y unos mineros que tenían un peso social poco común en el mundo alpino. Esa herencia todavía se puede visitar hoy en la mina de plata de Schwaz y en la Torre de la Moneda de Hall.

https://en.wikipedia.org/wiki/County_of_Tyrolhttps://www.habsburger.net/en/chapter/land-silver-and-coins-https://en.wikipedia.org/wiki/Hall_in_Tirol

Andreas Hofer y la rebelión tirolesa de 1809

El episodio que más ha marcado la identidad tirolesa ocurrió a comienzos del siglo XIX, en plena tormenta napoleónica. En 1805, tras la derrota de Austria, la Paz de Presburgo obligó a ceder el Tirol a Baviera, que era aliada de Napoleón. El nuevo gobierno bávaro impuso reformas modernizadoras que chocaron de frente con el modo de vida tirolés: subió los impuestos, recortó las tradiciones religiosas de esta tierra profundamente católica, cambió hasta el nombre de la región y, sobre todo, quiso reclutar por la fuerza a los jóvenes para sus ejércitos. El Tirol, orgulloso de sus antiguas libertades, estalló en rebelión.

El líder de la sublevación fue Andreas Hofer (1767-1810), un posadero y tratante de ganado del valle del Passeier, hombre de barba imponente, fe firme y hondo arraigo popular. En 1809, las milicias tirolesas —campesinos, cazadores y artesanos armados con sus propios fusiles, muchos de ellos excelentes tiradores— se enfrentaron a las tropas bávaras y francesas, mucho mejor equipadas, en una serie de batallas libradas sobre todo en la colina del Bergisel, a las puertas de Innsbruck. En las tres primeras (el 25 de mayo, el 29 de mayo y el 13 de agosto de 1809), los tiroleses vencieron y liberaron Innsbruck y buena parte del país; durante unas semanas, Hofer gobernó de hecho el Tirol en nombre del emperador de Austria.

Pero el triunfo no duró. En la Paz de Schönbrunn, firmada el 14 de octubre de 1809, el propio emperador Francisco I de Austria renunció al Tirol y dejó a los rebeldes solos frente a un enemigo abrumador. El 1 de noviembre, en la cuarta batalla del Bergisel, los tiroleses fueron derrotados. Hofer se escondió en una cabaña de montaña, pero fue delatado, capturado y llevado a Mantua, en Italia, donde un tribunal militar napoleónico lo condenó a muerte. Fue fusilado el 20 de febrero de 1810; la tradición cuenta que rechazó que le vendaran los ojos y que dio él mismo la orden de disparar. Su figura se convirtió en el gran mito fundacional del Tirol: sus restos reposan hoy en la Hofkirche de Innsbruck, su historia se canta en el himno tirolés y su nombre sigue siendo, dos siglos después, símbolo de la libertad y la terquedad de esta tierra.

https://en.wikipedia.org/wiki/Andreas_Hoferhttps://en.wikipedia.org/wiki/Battles_of_Bergiselhttps://en.wikipedia.org/wiki/Tyrolean_Rebellion

La Gran Guerra, el frente de los Dolomitas y la partición de 1919

El siglo XX trajo al Tirol su herida más profunda. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Italia entró en el conflicto en 1915 del lado de los aliados y contra Austria-Hungría, reclamando precisamente los territorios de habla italiana y las tierras alpinas del sur. De pronto, la frontera del Tirol se convirtió en un frente de guerra. Entre 1915 y 1918 se libró en las montañas del Tirol del Sur y los Dolomitas una de las campañas más duras y extrañas de la historia: la llamada 'guerra blanca', combatida a más de 3.000 metros de altura, entre glaciares, paredes de roca y nieve. Miles de soldados de ambos bandos murieron no solo por las balas, sino por el frío, los aludes y las condiciones extremas. Todavía hoy, el deshielo de los glaceres devuelve restos y objetos de aquellos combatientes.

Austria-Hungría salió derrotada y desmembrada de la guerra, y el Tirol pagó un precio altísimo. Por el Tratado de Saint-Germain, firmado en 1919, el histórico condado del Tirol fue partido en dos: el Tirol del Norte y el Tirol del Este quedaron en la nueva y pequeña Austria, con capital en Innsbruck, mientras que el Tirol del Sur (Südtirol, Alto Adige para los italianos), de mayoría absolutamente germanoparlante, pasó a Italia. La frontera se trazó en la línea de cumbres del paso del Brenner, separando por primera vez a una comunidad que había sido una sola durante siglos.

La partición marcó a fondo a los tiroleses. Bajo el fascismo italiano, el Tirol del Sur sufrió una dura política de italianización: se prohibió el alemán en las escuelas y en la administración, se italianizaron los nombres de lugares y personas y se fomentó la llegada de colonos de habla italiana. En 1939, un pacto entre Hitler y Mussolini forzó a los surtiroleses a una 'opción' cruel: emigrar al Reich alemán o quedarse renunciando a su identidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Tirol del Sur siguió en Italia, pero décadas de reclamos y de tensiones (incluidos años de atentados en las décadas de 1950 y 1960) llevaron finalmente a un amplio estatuto de autonomía que hoy garantiza a la región italiana la protección de su lengua y su cultura alemanas. Aun así, la partición del Tirol sigue siendo un tema sensible y un vínculo emocional muy vivo entre las dos partes del viejo país.

https://en.wikipedia.org/wiki/South_Tyrolhttps://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_Saint-Germain-en-Layhttps://en.wikipedia.org/wiki/Italian_front_(World_War_I)

El turismo alpino y el hallazgo de Ötzi

En la segunda mitad del siglo XX, el Tirol encontró una nueva fuente de prosperidad que transformaría su paisaje y su economía: el turismo de montaña. La misma orografía que durante siglos había significado aislamiento y dureza —los valles cerrados, las nieves, los picos inaccesibles— pasó a ser un enorme atractivo. Con la expansión del esquí, la región se cubrió de teleféricos, telesillas y estaciones invernales, y pueblos que habían vivido de la agricultura de montaña se reinventaron como centros turísticos de fama mundial. Innsbruck, la capital, consagró esa vocación al organizar dos veces los Juegos Olímpicos de Invierno, en 1964 y 1976, poniendo al Tirol en el mapa global del deporte blanco. En verano, el senderismo, el ciclismo de montaña y el atractivo de los lagos y los glaciares completaron una oferta que hoy hace del turismo el motor de la región.

Y entonces, casi como un guiño de la historia, las montañas del Tirol entregaron uno de los tesoros más asombrosos jamás encontrados. El 19 de septiembre de 1991, dos excursionistas alemanes que caminaban por un glaciar de los Alpes de Ötztal, cerca del pico Similaun y del collado del Tisenjoch, tropezaron con un cuerpo humano que asomaba del hielo. Creyeron que era un montañero muerto hacía poco, pero se trataba de algo infinitamente más antiguo: la momia natural de un hombre que había vivido y muerto allí hace más de 5.300 años, en la Edad del Cobre. Bautizado 'Ötzi' por el valle, el hombre de hielo se conservó de forma extraordinaria gracias al frío del glaciar, con su piel, sus tatuajes, su ropa, sus herramientas de cobre y madera e incluso los restos de su última comida.

Ötzi se convirtió en una ventana única a la prehistoria europea y en una celebridad mundial. Los estudios llegaron a reconstruir su edad, su dieta, sus enfermedades y hasta la causa de su muerte: una punta de flecha clavada en la espalda, lo que sugiere que fue asesinado. Conviene precisar, para deshacer una confusión muy extendida, un detalle geográfico: aunque el nombre viene del Ötztal austríaco, el cuerpo apareció apenas del lado italiano de la frontera, y por eso Ötzi se conserva y se exhibe en el Museo Arqueológico del Tirol del Sur, en Bolzano (Italia), no en Austria. Aquel hallazgo unió, de manera simbólica, a las dos mitades del viejo Tirol, y recordó que estas montañas, hoy paraíso del turismo, han sido escenario de la vida humana desde hace milenios.

https://en.wikipedia.org/wiki/%C3%96tzihttps://www.iceman.it/en/oetzi/the-discoveryhttps://en.wikipedia.org/wiki/Tyrol_(state)

📚 Bibliografía

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