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Historia de Salzkammergut (St. Wolfgang)

El oro blanco: la sal que dio nombre y dueño a la región

Todo empieza con la sal. Antes que los lagos de postal, antes que los emperadores y las operetas, lo que hizo importante a esta región fue un mineral escondido en la montaña. En las alturas de Hallstatt, en el corazón del Salzkammergut, se extrae sal desde hace unos 7.000 años, en lo que se considera la mina de sal más antigua del mundo que sigue en funcionamiento. La cultura prehistórica que floreció allí en la Edad del Hierro fue tan influyente que los arqueólogos bautizaron con el nombre del pueblo —'período de Hallstatt'— a toda una etapa de la Europa central, entre los siglos VIII y V antes de Cristo.

La sal era el 'oro blanco': indispensable para conservar los alimentos, valiosa como moneda, capaz de enriquecer a quien controlara su comercio. Y en estas montañas había en abundancia. Con los siglos, la explotación de la sal se organizó bajo el poder de los príncipes, y desde la Baja Edad Media pasó a manos de los Habsburgo, que hicieron de ella un monopolio celosamente guardado.

De ahí viene el nombre de la región. La palabra 'Salzkammergut' aparece documentada por primera vez hacia 1524, como 'Camerguet des Salzes'. Un 'Kammergut' era una propiedad directa del soberano —un bien de la 'cámara' del príncipe—, cuyos frutos servían para financiar su casa. El Salzkammergut era, literalmente, la finca de la sal de los Habsburgo: no una región cualquiera, sino un dominio imperial cuyas riquezas iban directas a las arcas de la corte de Viena.

Esa condición de propiedad imperial marcó la vida de la comarca durante siglos. El territorio quedó aislado del resto del imperio, con controles para impedir el contrabando de sal y para proteger el secreto de la explotación. Durante mucho tiempo, instalarse o incluso circular libremente por la zona sin permiso fue difícil: las salinas desconfiaban de los forasteros por miedo al espionaje de la competencia, y la administración de la sal —con sede en Gmunden y, más tarde, dependiente de la Hofkammer de Viena— controlaba la vida de los pueblos. El Salzkammergut fue, en buena medida, un país cerrado dentro de Austria, un mundo aparte gobernado por la sal.

https://en.wikipedia.org/wiki/Salzkammerguthttps://www.meinbezirk.at/salzkammergut/c-lokales/500-jahre-https://wiki.sn.at/wiki/Salzkammergut

St. Wolfgang: peregrinos, milagros y el retablo de Michael Pacher

Mientras la sal enriquecía a los príncipes, en la orilla del lago crecía otro poder, el de la fe. St. Wolfgang debe su nombre y su origen a un santo real: Wolfgang de Ratisbona, un obispo del siglo X que, según la tradición, se retiró como ermitaño a estas montañas. La leyenda cuenta que arrojó su hacha desde una cumbre y que allí donde cayó levantó, hacia el año 976, una primera capilla. Sobre ese lugar creció un santuario dedicado a él.

La devoción a san Wolfgang se volvió enorme. A finales del siglo XV, St. Wolfgang era uno de los destinos de peregrinación más concurridos de toda la cristiandad de habla alemana, comparable a Aquisgrán: llegaban fieles de medio continente a rezar ante la tumba del santo y a buscar su intercesión. Esa afluencia de peregrinos, y las donaciones que traían, dieron al pequeño pueblo lacustre una riqueza y una importancia que su tamaño no explicaría.

De aquella época dorada procede el mayor tesoro artístico del Salzkammergut. La iglesia dependía del monasterio benedictino de Mondsee, y en 1471 su abad, Benedikt Eck, encargó un retablo monumental al maestro Michael Pacher, un artista genial de Bruneck, en el Tirol del Sur, que dominaba a la vez la escultura y la pintura. Pacher trabajó casi una década, hasta 1479, en un políptico de madera tallada y dorada, con un santuario central que representa la Coronación de la Virgen rodeada de figuras de una expresividad y una técnica asombrosas, y con alas pintadas que se abren y cierran según el calendario litúrgico.

El retablo de Pacher de St. Wolfgang reúne decenas de esculturas y pinturas y es el único retablo completo del maestro que se conserva: una de las obras cumbre del gótico tardío de Europa central, comparable a los grandes retablos alemanes de la época. Que semejante joya se encuentre en una iglesia de pueblo, a orillas de un lago alpino, habla de lo que llegó a significar este santuario. Y por si fuera poco, dos siglos después se sumó un segundo retablo, barroco, obra de Thomas Schwanthaler, que aceptó el desafío de convivir con Pacher sin taparlo: por eso la iglesia luce hoy dos grandes retablos, góticos y barrocos, uno junto al otro.

https://de.wikipedia.org/wiki/Pacher-Altar_(St._Wolfgang)https://de.wikipedia.org/wiki/Katholische_Pfarr-_und_Wallfahhttps://wolfgangsee.salzkammergut.at/oesterreich-poi/detail/

Bad Ischl: la corte de verano y el día que empezó la guerra

En el siglo XIX, la sal cambió de destino: dejó de conservar alimentos para empezar a curar cuerpos. Los médicos descubrieron las propiedades terapéuticas de la salmuera, y Bad Ischl, en el centro del Salzkammergut, se convirtió en un balneario de moda. La aristocracia y la burguesía de todo el imperio acudían a tomar los baños de sal, y con ellas llegó la corte.

Los Habsburgo adoptaron Bad Ischl como residencia de verano. Fue allí donde, en 1853, el joven emperador Francisco José conoció y se comprometió con su prima, la bávara Isabel, la futura emperatriz 'Sissi'. Como regalo de bodas recibieron la Kaiservilla, una elegante villa rodeada de un parque, que se amplió con forma de 'E' en honor a Elisabeth y que durante más de sesenta años fue el refugio estival del emperador. Allí cazaba, paseaba y despachaba asuntos de Estado, lejos del calor de Viena. Bad Ischl se convirtió, cada verano, en una especie de capital secreta del imperio: donde estaba el emperador, estaba el poder.

Y fue precisamente en esa villa de veraneo donde la historia dio uno de sus giros más trágicos. Tras el asesinato del heredero al trono, el archiduque Francisco Fernando, en Sarajevo el 28 de junio de 1914, la crisis diplomática escaló durante un mes. El emperador Francisco José pasaba el verano, como siempre, en Bad Ischl. Y allí, en su escritorio del ala oeste de la Kaiservilla, el 28 de julio de 1914 firmó el manifiesto 'A mis pueblos' y la declaración de guerra a Serbia. Ese documento, fechado en un tranquilo pueblo termal del Salzkammergut, encendió la mecha de la Primera Guerra Mundial, la catástrofe que se llevaría por delante a millones de personas y al propio imperio de los Habsburgo.

Hoy la Kaiservilla se visita con guía y conserva ese escritorio y el ambiente de la corte de verano. Cuesta imaginar que en un lugar tan apacible, entre trofeos de caza y jardines, se firmara la orden que cambió el siglo XX. Es una de las paradojas que hacen del Salzkammergut un lugar donde la belleza y la historia se cruzan de forma inesperada.

https://de.wikipedia.org/wiki/Kaiservilla_Bad_Ischlhttps://www.bad-ischl.ooe.gv.at/Bad_Ischl_und_der_28_Juli_19https://www.nzz.ch/international/die-kriegserklaerung-aus-de

La Belle Époque: termas, ferrocarril y el 'caballito blanco'

La presencia de la corte convirtió al Salzkammergut en un destino de veraneo de prestigio. La palabra alemana 'Sommerfrische' —el veraneo en la montaña para escapar del calor— encontró aquí uno de sus escenarios ideales. Detrás del emperador llegaron artistas, escritores, músicos y una burguesía que quería respirar el mismo aire imperial. Bad Ischl, St. Wolfgang, Gmunden y los pueblos de los lagos se llenaron de villas, hoteles y cafés.

El ferrocarril aceleró esa transformación. A lo largo del siglo XIX, las líneas férreas y la histórica línea del Salzkammergut acercaron la región a Viena, Salzburgo y Linz, y trajeron oleadas de veraneantes. En 1893 se inauguró la Schafbergbahn, el pintoresco tren de cremallera que trepa desde St. Wolfgang hasta la cima del Schafberg: una obra de ingeniería pensada para el nuevo turismo de montaña, que aún hoy funciona con parte de sus locomotoras de vapor. Y desde 1873 los barcos de vapor surcaban el Wolfgangsee, entre ellos el 'Kaiser Franz Josef', que sigue navegando.

En ese ambiente de veraneo elegante nació el mito que llevaría el nombre de St. Wolfgang por todo el mundo. En 1896, los autores Oskar Blumenthal y Gustav Kadelburg, alojados cerca de Bad Ischl, escribieron una comedia ambientada en la posada del Weisses Rössl ('El caballito blanco'), a orillas del lago, con la historia del jefe de camareros Leopold, enamorado de su patrona Josepha. En 1930, el compositor Ralph Benatzky la convirtió en la opereta 'Im weißen Rößl', estrenada en Berlín con un éxito arrollador. La obra dio la vuelta al planeta, se tradujo a decenas de idiomas y tuvo varias versiones cinematográficas. Gracias a ella, el mesón del caballito blanco y el pueblo entero se volvieron sinónimo de romanticismo alpino, y St. Wolfgang pasó de santuario de peregrinos a icono del turismo europeo.

https://www.weissesroessl.at/en/hotel/weisses-roessl/historyhttps://de.wikipedia.org/wiki/Im_wei%C3%9Fen_R%C3%B6%C3%9Flhttps://www.5schaetze.at/en/schafbergbahn.html

La sombra del nazismo y el arte salvado en la mina de Altaussee

El siglo XX trajo también su capítulo más oscuro. Tras la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938 (el 'Anschluss'), el Salzkammergut, aislado y montañoso, se volvió un refugio para el régimen. Sus montañas y sus minas ofrecían escondites seguros, y sus paisajes idílicos alimentaban la propaganda. En las últimas etapas de la guerra, la región fue parte de lo que los aliados temían como un posible 'reducto alpino' de resistencia nazi.

Pero la historia más extraordinaria ocurrió bajo tierra. Entre 1943 y 1945, la mina de sal de Altaussee, en el extremo estirio de la comarca, se convirtió en el mayor depósito secreto de arte robado por los nazis en toda Austria. Por orden de Hitler, que soñaba con un gran museo en Linz, se ocultaron en sus galerías —de temperatura y humedad constantes, ideales para conservar pinturas— miles de obras saqueadas por toda Europa. Entre ellas estaban la 'Madonna de Brujas' de Miguel Ángel, el 'Retablo de Gante' de los hermanos van Eyck, y cuadros de Rembrandt, Rubens y Vermeer: una parte inmensa del patrimonio artístico del continente, escondida en la montaña.

En los últimos días de la guerra, en abril de 1945, el gauleiter fanático August Eigruber ordenó destruirlo todo antes que dejarlo caer en manos aliadas: hizo llevar a la mina ocho bombas de gran potencia, disimuladas en cajas rotuladas 'cuidado: mármol, no dejar caer'. La destrucción de aquel tesoro parecía inminente. Fue entonces cuando un puñado de mineros locales, junto con algunos responsables de la mina y miembros de la resistencia, arriesgaron la vida para impedirlo: sacaron las bombas de las galerías y provocaron pequeñas voladuras controladas que sellaron las entradas sin dañar las obras. Días después, cuando las tropas estadounidenses ocuparon la zona, los oficiales aliados encargados de proteger el patrimonio —los llamados 'Monuments Men'— reabrieron los túneles y recuperaron las obras, que fueron devueltas a sus países. Esa hazaña, contada en libros y llevada al cine, es una de las páginas más luminosas dentro del horror de la guerra, y ocurrió aquí, en las entrañas del Salzkammergut.

https://www.salzwelten.at/en/blog/altaussee-historyhttps://de.wikipedia.org/wiki/Bergungsort_Salzbergwerk_Altauhttps://en.wikipedia.org/wiki/Salzkammergut

Del cine al presente: 'La novicia rebelde' y la Capital Cultural 2024

Terminada la guerra y recuperada la soberanía austríaca en 1955, el Salzkammergut volvió a su vocación de destino turístico, ahora al alcance de un público mucho más amplio. Y una vez más fue la cultura popular la que proyectó su imagen al mundo. En 1965, la película 'The Sound of Music' ('La novicia rebelde' en Hispanoamérica, 'Sonrisas y lágrimas' en España) usó los paisajes de Salzburgo y del Salzkammergut como telón de fondo. La escena de la boda de Maria y el barón Georg von Trapp se rodó en 1964 en la Basílica de San Miguel de Mondsee, cuya imponente fachada de dos torres se volvió mundialmente famosa. Cada año, cientos de miles de visitantes, sobre todo de Estados Unidos y Asia, recorren estos lagos siguiendo las huellas de la película.

A los mitos del 'caballito blanco' y de 'La novicia rebelde' se sumó, ya en el siglo XXI, otro fenómeno curioso: una réplica casi exacta del pueblo de Hallstatt, construida en China, que multiplicó la fama de la comarca y disparó el número de visitantes asiáticos, con los desafíos del turismo masivo que eso conlleva en pueblos tan pequeños.

El reconocimiento más reciente llegó en 2024, cuando Bad Ischl y el Salzkammergut fueron designados Capital Europea de la Cultura, la primera vez en la historia que ese título recayó en una región rural y de montaña, con 23 municipios de Alta Austria y Estiria trabajando juntos. El programa puso el foco, entre otras cosas, en la historia de poder y tradición de la comarca: de la sal a los Habsburgo, del nazismo al turismo, en un ejercicio honesto de mirar el pasado sin adornos.

Hoy el Salzkammergut vive de ese pasado y de su naturaleza: los lagos para nadar y navegar, las montañas para caminar, los pueblos con su patrimonio y sus cafés imperiales. Es una de las regiones más queridas de Austria, un lugar donde la sal, la fe, el arte, la corte y el cine han dejado, capa sobre capa, una historia tan rica como sus paisajes. Y donde, con un poco de suerte y un día despejado, desde la cima del Schafberg se ven de un vistazo casi todos los lagos que la escribieron.

https://mondsee.salzkammergut.at/en/artikel/detail/3323/the-https://de.wikipedia.org/wiki/Kulturhauptstadt_Europas_Bad_Ihttps://www.salzkammergut.at/en/european-capital-of-culture-

📚 Bibliografía

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