El nombre de Graz revela su origen: deriva de la palabra eslava 'gradec', que significa 'pequeño castillo' o 'fortaleza'. Antes de la llegada de los bávaros y de la consolidación germánica de la región, estas tierras del valle del río Mur estuvieron pobladas por pueblos eslavos (eslovenos alpinos), que levantaron una fortificación sobre la colina que hoy llamamos Schlossberg, en una posición naturalmente defendible que dominaba el cruce de caminos y el paso del río.
Esa fortaleza sobre el monte fue el germen del asentamiento. Al pie de la colina, protegidos por el castillo, fueron creciendo un mercado y un núcleo urbano. La región pasó a formar parte de la Marca de Estiria, que en el siglo XII se convirtió en ducado dentro del Sacro Imperio Romano Germánico. Graz aparece documentada como ciudad ya en el siglo XII y obtuvo derechos de ciudad en el siglo XIII, consolidándose como uno de los centros más importantes del sureste del territorio germánico.
Desde el principio, por tanto, la ciudad nació bajo la sombra de su colina fortificada, un rasgo que marcaría para siempre su identidad y su silueta.
El gran momento de esplendor de Graz llegó en la baja Edad Media y, sobre todo, durante los siglos XV y XVI. La ciudad se convirtió en residencia de la rama 'leopoldina' (luego 'estiriana') de la Casa de Habsburgo y en capital de la llamada Austria Interior (Innerösterreich), que agrupaba Estiria, Carintia, Carniola y el litoral del Adriático, con Trieste y Fiume. Desde Graz se gobernaba un extenso territorio que llegaba hasta el mar.
El emperador Federico III, que residió en la ciudad, dejó su sello en numerosos edificios con su célebre divisa 'A.E.I.O.U.'. De esta época de poder datan buena parte de los palacios renacentistas de Graz, el patio del Landhaus con sus galerías de arcadas —obra de maestros constructores del norte de Italia— y el ambiente italianizante que todavía hoy distingue al casco histórico. La llegada de arquitectos, artistas y comerciantes italianos convirtió a Graz en un puente cultural entre el mundo germánico y el mediterráneo.
Fue también una época de tensiones religiosas, con un fuerte avance del protestantismo y la posterior Contrarreforma impulsada por los Habsburgo y los jesuitas, que fundaron en la ciudad una universidad en 1585.
Durante los siglos XV, XVI y XVII, Estiria era una región fronteriza expuesta a las incursiones de los ejércitos otomanos y de las tropas húngaras. Graz, como capital de la Austria Interior, era un bastión defensivo clave: debía estar preparada para armar rápidamente a la población y a las milicias en caso de ataque. Para ello mantenía un enorme arsenal abastecido de armas y armaduras.
Ese arsenal es hoy el Landeszeughaus, el mayor depósito histórico de armas conservado del mundo, con unas 32.000 piezas —armaduras, cascos, espadas, lanzas, mosquetes, pistolas y cañones— dispuestas en cuatro plantas tal como se almacenaban hace siglos. Es el testimonio más impresionante de aquella función defensiva de la ciudad. La fortaleza del Schlossberg, por su parte, fue reforzada por ingenieros militares italianos hasta volverse prácticamente inexpugnable, y resistió varios asedios.
La amenaza otomana, que llegó a poner sitio a Viena en 1529 y 1683, mantuvo a Graz en estado de alerta militar durante generaciones, y explica la densidad de fortificaciones y armamento que la ciudad acumuló en esa época.
En 1619, el archiduque Fernando —que se había criado y educado en Graz— fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Fernando II, y trasladó la corte a Viena. La ciudad perdió así su rango de residencia imperial y su papel político de primer orden, aunque conservó intacto su patrimonio arquitectónico. Fernando dejó en Graz una de sus joyas: el Mausoleo, obra maestra del manierismo y el barroco temprano, donde está enterrado junto a su familia, con interiores del joven Fischer von Erlach.
Dos siglos más tarde, durante las guerras napoleónicas, Graz volvió a sufrir las consecuencias de la gran política europea. Tras las derrotas austríacas, los tratados de comienzos del siglo XIX obligaron a desmantelar las fortificaciones del Schlossberg. Las tropas de Napoleón volaron buena parte de la fortaleza. Sin embargo, los ciudadanos de Graz lograron salvar dos de sus elementos más queridos pagando un rescate: la Torre del Reloj (Uhrturm) y el campanario (Glockenturm), que aún hoy coronan la colina y son los grandes símbolos de la ciudad.
De aquella fortaleza demolida nacería, ya en el siglo XIX, el parque arbolado que hoy convierte al Schlossberg en el gran mirador y pulmón verde de Graz.
El siglo XIX trajo a Graz una figura clave: el archiduque Juan (Erzherzog Johann), hermano del emperador, muy querido en Estiria, que impulsó la ciencia, la educación y la modernización de la región. En 1811 fundó el Joanneum, el museo público más antiguo de Austria, hoy convertido en el gran complejo museístico Universalmuseum Joanneum. La ciudad creció como centro universitario, industrial y administrativo, conservando casi intacto su casco histórico mientras se expandía a su alrededor.
Esa excepcional conservación fue reconocida en 1999, cuando la Unesco inscribió el centro histórico de Graz en la lista del Patrimonio Mundial, por ser uno de los conjuntos urbanos mejor preservados de Europa Central, con su armoniosa mezcla de estilos medieval, renacentista, barroco y modernista. En 2010, la inscripción se amplió para incluir el palacio de Eggenberg, con su simbología cósmica de salas, ventanas y torres.
Lejos de quedar anclada en el pasado, Graz reforzó en el siglo XXI su perfil joven y creativo: fue Capital Europea de la Cultura en 2003 —año en que estrenó el Kunsthaus y la Murinsel— y Ciudad del Diseño de la Unesco desde 2011. Hoy combina su herencia imperial y su patrimonio milenario con una vibrante vida universitaria, gastronómica y de diseño, en un equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo que define su carácter.