El extremo más austral del continente australiano no siempre estuvo rodeado de mar. Durante la última glaciación, cuando el nivel del océano era mucho más bajo, Wilsons Promontory formaba parte de un puente de tierra que conectaba la Australia continental con Tasmania. Por ese corredor caminaron personas, animales y plantas, y sobre esa tierra vivieron los antepasados de los pueblos aborígenes de la región. Cuando el mar subió y aisló Tasmania, el promontorio quedó como el finisterre del continente.
Este lugar —que los pueblos aborígenes conocen como Yiruk o Wamoon— tiene una importancia cultural profunda para sus Traditional Owners, los pueblos Gunaikurnai y Boonwurrung (Bunurong). La evidencia arqueológica muestra ocupación humana desde hace al menos 6.500 años, aunque la presencia en la región es mucho más antigua. Para estos pueblos, el promontorio no es un simple accidente geográfico: es un lugar cargado de significado espiritual, historias del Dreaming y conexión ancestral.
Los Gunaikurnai, cuyo Country abarca gran parte de Gippsland, y los Boonwurrung (Bunurong), saltwater people de la costa hacia el oeste, mantuvieron durante milenios una relación de cuidado con esta tierra y estas aguas, viviendo de sus recursos marinos y terrestres y transmitiendo su conocimiento de generación en generación. Ese vínculo, lejos de haberse extinguido, se reconoce hoy formalmente: Parks Victoria co-gestiona el parque junto con la Gunaikurnai Land and Waters Aboriginal Corporation y la Bunurong Land Council Aboriginal Corporation, en el marco de acuerdos de reconocimiento de los Traditional Owners.
La llegada europea al promontorio fue temprana en la historia de la colonización de Australia. A comienzos de 1798, el explorador George Bass, en su célebre travesía en ballenera por la costa sur, avistó y bordeó este cabo de granito que se adentraba en el mar hacia el sur. Poco después, la exploración de Bass y Matthew Flinders confirmaría la existencia del estrecho que separa el continente de Tasmania —el estrecho de Bass—, del que el promontorio es el mojón más meridional.
El nombre 'Wilsons Promontory' no honra a un explorador ni a un pionero local, sino a Thomas Wilson, un comerciante de Londres amigo de Matthew Flinders, a quien este quiso rendir homenaje bautizando así el accidente geográfico. Es una de esas huellas de la geografía colonial que reemplazaron, en los mapas oficiales, los nombres aborígenes milenarios como Yiruk o Wamoon.
A lo largo del siglo XIX, el promontorio y sus alrededores fueron escenario de la explotación de recursos típica de la frontera colonial: tala de madera, pastoreo de ganado, y la caza de focas y ballenas en sus costas e islas, actividades que dejaron cicatrices en el ecosistema. Pero, a diferencia de otras zonas, la aspereza del terreno, su lejanía y su belleza salvaje lo salvaron de una colonización agrícola intensa, preservando gran parte de su carácter natural.
El valor natural del promontorio se reconoció pronto. En 1859 se encendió el faro de South East Point, en el extremo sur del continente, para guiar a los barcos que cruzaban el peligroso estrecho de Bass; sus casas de guardafaro, hoy convertidas en alojamiento, siguen en pie junto al faro en funcionamiento. Décadas más tarde, gracias al empuje de naturalistas y conservacionistas, Wilsons Promontory fue reservado como parque nacional a fines del siglo XIX (con proclamaciones hacia 1898 y su establecimiento permanente en 1905), convirtiéndose en uno de los parques nacionales más antiguos de Victoria y de Australia.
Esa protección temprana fue clave: mientras gran parte del sureste australiano se transformaba en tierras de cultivo y pastoreo, el Prom conservó sus bosques, brezales, playas y granitos casi intactos, y se volvió un refugio de fauna y un lugar de recreación para generaciones de melburnenses.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el aislamiento y la aspereza del promontorio le dieron un uso inesperado: entre 1940 y 1942, el ejército australiano instaló allí un campo de entrenamiento de comandos y fuerzas especiales, aprovechando el terreno agreste para preparar tropas en técnicas de guerra irregular. Terminada la guerra, el parque volvió a su vocación de naturaleza y turismo, con Tidal River como centro de visitantes y camping.
Hoy Wilsons Promontory es uno de los parques nacionales más queridos y visitados de Victoria, un símbolo de la naturaleza salvaje del estado. Sus 50.000 hectáreas de granito, bosques, brezales y playas prístinas atraen a caminantes, campistas, familias y amantes de la fauna, que llegan sobre todo desde Melbourne, a tres horas por carretera. Tidal River, el único asentamiento, concentra el camping, el centro de visitantes y el acceso a las caminatas emblemáticas, del Mount Oberon a Squeaky Beach y al gran trek del faro.
El parque es también un referente de conservación: hogar de wombats, canguros, emús y una rica avifauna, ha sido escenario de programas de recuperación de fauna y de manejo de incendios (sufrió grandes incendios en 2005 y 2009, tras los cuales el bush se regeneró). La gestión busca equilibrar el turismo con la protección de un ecosistema frágil y valioso, con medidas como el pase de vehículo, la reserva anticipada del camping y cierres periódicos para tareas de conservación.
Quizá el cambio más significativo de las últimas décadas es el reconocimiento de los Traditional Owners. La co-gestión del parque con la Gunaikurnai Land and Waters Aboriginal Corporation y la Bunurong Land Council Aboriginal Corporation devuelve voz y responsabilidad a los pueblos que cuidaron esta tierra durante milenios. El uso de los nombres Yiruk y Wamoon, la interpretación cultural y los Welcome to Country reconocen que el Prom no es solo un parque nacional, sino un Country vivo.
Visitar Wilsons Promontory es, así, mucho más que caminar por playas hermosas: es pisar el extremo sur del continente, un lugar que fue puente hacia Tasmania, refugio de fauna y territorio ancestral, y que hoy se cuida entre todos —Parks Victoria y Traditional Owners— para que siga siendo salvaje.