Antes de que hubiera un puerto, un solo hotel o una calle, esta franja de costa donde la selva besa el mar tenía dueños desde hacía decenas de miles de años. La región de Port Douglas es Country de dos pueblos: los Kuku Yalanji, gente de la selva tropical cuyo territorio se extiende desde el río Mowbray hacia el norte hasta Cooktown y hacia el oeste hasta el río Palmer, y los Yirrganydji, pueblo de la costa que va del Mowbray hacia el sur, en dirección a Cairns. Los Kuku Yalanji llamaban a la zona 'Jabulkanji'.
Son pueblos de la selva húmeda (rainforest people), con una conexión a esta tierra que la investigación arqueológica ubica entre las ocupaciones humanas más antiguas de Australia. Vivían de una tierra prodigiosa: la selva del Wet Tropics —hoy Patrimonio de la Humanidad— les daba frutos, ñames, plantas medicinales, fibras y caza, mientras el mar, los ríos y los manglares aportaban peces, moluscos y tortugas. Ese conocimiento del bosque, transmitido durante milenios, incluye el uso seguro de plantas que crudas son tóxicas y que ellos aprendieron a procesar.
Los Kuku Yalanji tenían y tienen sus Dreamings —los relatos ancestrales que explican el origen de las montañas, los ríos y las leyes— y sitios sagrados a lo largo de la región, muchos de ellos en la zona de Mossman Gorge y el Daintree. Esa presencia no es cosa del pasado: hoy la comunidad Kuku Yalanji gestiona el Mossman Gorge Centre y ofrece los 'Dreamtime Walks', en los que comparten con los visitantes su cultura viva, sus plantas y sus historias. Recorrer la selva de la mano de sus dueños tradicionales es la forma más profunda de entender este lugar.
El pueblo europeo nació, como tantos del norte de Queensland, por el brillo del oro. En 1876, el explorador James Venture Mulligan descubrió oro en el yacimiento del río Hodgkinson, en la meseta al oeste. Miles de buscadores se lanzaron hacia allí, y toda esa gente y ese oro necesitaban un puerto en la costa para abastecerse y exportar. Empezó entonces la carrera por encontrar y abrir la mejor ruta de bajada de la montaña.
En 1877, el explorador Christie Palmerston, junto a otros y con la ayuda de guías aborígenes locales, abrió una ruta desde los yacimientos hasta un punto de la costa llamado Island Point. Ese camino, que trepaba y bajaba la escarpa de la selva, se hizo célebre como el 'Bump Track'. En junio de 1877, comerciantes de Cooktown llegaron por mar en el vapor SS Corea, levantaron un muelle y depósitos, y cuando el funcionario colonial (Crown Ranger Morgan) llegó el 16 de junio de 1877, encontró un pueblo de carpas de buscadores y trazó una calle sobre la orilla: había nacido Port Douglas, bautizado en honor a John Douglas, primer ministro de Queensland.
El crecimiento fue vertiginoso. Para 1878 el pueblo ya tenía unos 400 habitantes, 18 hoteles con licencia y todos los oficios y servicios de un puerto en auge. El hallazgo de estaño en Wild River en 1880 le dio otro impulso. Durante unos pocos años, Port Douglas fue el puerto próspero y bullicioso del norte, con barcos que entraban y salían cargados de oro, provisiones y gente. Parecía destinado a ser la gran ciudad de la región.
El destino de Port Douglas cambió por una decisión y por una tormenta. La decisión fue sobre el ferrocarril. El Bump Track, la ruta que daba vida al puerto, era una senda difícil, y la severa temporada de lluvias de 1882 lo dejó casi intransitable. Cuando llegó el momento de construir el ferrocarril que uniría la meseta con la costa —la línea a la que aspiraban todos los puertos rivales—, las autoridades eligieron a Cairns, no a Port Douglas, como terminal. El tren a Kuranda se inauguró en 1891 y llegó a Mareeba en 1893.
Fue un golpe fatal. Con el ferrocarril, Cairns capturó el comercio del oro, la caña y la meseta, y Port Douglas perdió su razón de ser como puerto. La población empezó a irse, los hoteles cerraron y el pueblo entró en una larga decadencia. De aquella capital soñada quedó un caserío tranquilo que sobrevivía de la caña de azúcar, la pesca y poco más.
El segundo golpe fue la naturaleza. El norte tropical es tierra de ciclones, y Port Douglas sufrió varios devastadores en 1911, 1920 y 1934. El peor fue el ciclón de marzo de 1911, que destruyó o dañó gravemente casi todos los edificios del pueblo: se dice que quedaron en pie apenas siete construcciones residenciales. Muchos vecinos se mudaron a la vecina Mossman. Durante gran parte del siglo XX, Port Douglas fue un pueblo somnoliento y olvidado, con unos pocos cientos de habitantes, sus playas doradas casi desiertas y su antigua gloria portuaria convertida en un recuerdo. Nada hacía pensar que un día volvería a brillar.
El renacimiento de Port Douglas llegó de golpe en la década de 1980, y tiene un nombre polémico: Christopher Skase. Este empresario financió la construcción del lujoso Sheraton Mirage Resort, que abrió a fines de los 80 y puso a Port Douglas en el mapa del turismo internacional de alta gama. De pronto, aquel pueblo dormido descubrió que tenía todo lo que el mundo buscaba: una playa espectacular (Four Mile Beach), la Gran Barrera de Coral a un paso por mar y la selva tropical más antigua del planeta a un paso por tierra. (Skase, con los años, terminaría envuelto en un sonado escándalo financiero y huiría del país, pero el impulso turístico ya estaba dado.)
A partir de ahí, Port Douglas se reinventó como la cara elegante y tranquila del norte tropical, un contrapunto sofisticado al bullicio mochilero de Cairns. Llegaron resorts, boutiques y buenos restaurantes en Macrossan Street, la marina se llenó de barcos que salían al reef, y el pueblo capitalizó su posición única entre dos sitios Patrimonio de la Humanidad: la Gran Barrera de Coral (declarada en 1981) y los Trópicos Húmedos de Queensland (1988).
Hoy Port Douglas vive del turismo de naturaleza y descanso: las salidas a las Low Isles y al arrecife exterior, las excursiones a Mossman Gorge y el Daintree, los atardeceres en Rex Smeal Park, el mercado de los domingos y la vida gastronómica. Es también un lugar donde la cultura de los pueblos originarios recupera protagonismo, con la comunidad Kuku Yalanji al frente de la experiencia de Mossman Gorge.
El desafío del presente es el de todo el norte: cuidar los dos tesoros que lo sostienen. La Gran Barrera de Coral enfrenta el blanqueamiento y el cambio climático, y los ciclones siguen siendo una amenaza recurrente. La historia de Port Douglas —del oro y el Bump Track al coral y la selva, pasando por la ruina y el renacer— es la de un pueblo que, tras perderlo casi todo, encontró su verdadero oro en la naturaleza que lo rodea.