Antes de que existiera una sola vid, estas colinas onduladas que hoy bajan hacia el mar cubiertas de viñedos ya eran un paisaje cultural sagrado. La región de McLaren Vale es Country tradicional del pueblo kaurna, custodios de las llanuras de Adelaida y la península de Fleurieu desde hace miles de años (la arqueología sugiere una ocupación de al menos 7.000 años). La cuenca de Willunga, corazón de la región vinícola, toma su nombre del topónimo kaurna 'Willangga', y era un territorio rico en recursos, aguadas y rutas, plenamente integrado a la vida y la ley de los kaurna.
El relato ancestral que más conecta a este lugar con la cultura kaurna es el de Tjilbruke, un Antepasado Creador fundamental en la ley de las llanuras de Adelaida. Según la tradición, el sobrino de Tjilbruke, Kulutuwi, fue muerto como castigo por romper la ley al cazar una emú hembra. Abrumado por el dolor, Tjilbruke cargó el cuerpo de su sobrino a lo largo de la costa de la Fleurieu, hacia el sur. Allí donde descansaba y lloraba, sus 'luki' (lágrimas) formaron manantiales de agua dulce. Uno de esos manantiales sagrados es Ruwarunga, en la actual Port Willunga, la misma playa de acantilados que hoy es una de las postales de la región.
Estos Tjilbruke Dreaming Tracks (los senderos del Sueño de Tjilbruke) enlazan una serie de manantiales costeros y son, todavía hoy, sitios de enorme importancia espiritual para los kaurna. Saber que la playa donde uno mira el atardecer tras un día de bodegas es, en la cosmovisión kaurna, una lágrima petrificada de un Antepasado que lloraba a su sobrino, cambia por completo la manera de mirar este paisaje. Bajo la belleza vinícola de McLaren Vale late una geografía sagrada milenaria.
El mundo de los kaurna cambió para siempre con la llegada de los europeos: primero exploradores, luego balleneros y foqueros que faenaban la costa desde comienzos del siglo XIX, y finalmente los colonos de la nueva colonia de Australia Meridional, fundada en 1836. Aunque la carta fundacional británica de la colonia (las Letters Patent) incluía una cláusula que reconocía los derechos de los 'nativos aborígenes', esos derechos sobre la tierra no se respetaron en la práctica, y los kaurna fueron rápidamente desplazados de su Country.
El nombre 'McLaren Vale' proviene de los primeros años coloniales, aunque su origen exacto se discute: se atribuye a David McLaren, gerente colonial de la South Australia Company, o a John McLaren, que relevó (cartografió) la zona en 1839. El poblamiento europeo arrancó a fines de 1839, cuando dos granjeros ingleses de Devon, William Colton (que estableció Daringa Farm) y Charles Thomas Hewett (que fundó Oxenberry Farm), se instalaron en el valle. Pronto llegaron más colonos a abrir la tierra a la agricultura.
El avance colonial fue devastador para los kaurna. Un dato elocuente y triste marca la magnitud del despojo: en 1858, apenas dos décadas después de la fundación de la colonia, doce personas descritas como 'el pequeño remanente de la tribu de Adelaida' fueron trasladadas desde un campamento en Port Adelaide a un depósito de raciones recién establecido en Willunga. En una generación, una nación milenaria había sido reducida, en las estadísticas coloniales, a un 'pequeño remanente'. Esa herida es parte inseparable de la historia de esta tierra hoy célebre por su vino.
La vocación vinícola de McLaren Vale nació casi con la colonia. Ya en 1838, John Reynell y Thomas Hardy plantaron vides en la zona: Reynell, considerado uno de los primeros viticultores de Australia Meridional, estableció el primer viñedo comercial de la colonia en lo que hoy es Reynella, mientras que Thomas Hardy sentaría las bases de una de las dinastías vitivinícolas más importantes del país. Hacia 1850 ya operaban bodegas como Seaview y Hardy, y algunas vides plantadas en aquellos años tempranos siguen produciendo hoy, más de un siglo y medio después.
El suelo, el clima cálido y la variación térmica cercana al mar resultaron ideales para la vid, y la región se llenó de viñedos. Otro nombre clave fue el del doctor Alexander Kelly, que fundó la bodega Tintara, luego adquirida por los Hardy, un nombre que todavía resuena en la historia vinícola local. En el siglo XIX, sin embargo, McLaren Vale no hacía los vinos elegantes de hoy: producía sobre todo vinos de mesa densos y robustos, y cada vez más vinos fortificados ('tónicos' y de estilo oporto), pensados para los comerciantes y exportadores de vino a granel de la época, especialmente el mercado británico.
Esta primera etapa consolidó a McLaren Vale como una potencia productora, aunque más volcada a la cantidad y a los estilos fortificados que a la finura. Las grandes familias vinícolas echaron raíces, se construyeron bodegas de piedra que aún se visitan, y la identidad de la región quedó ligada para siempre a la vid. Era el cimiento sobre el que, un siglo después, se levantaría la revolución de calidad que la haría mundialmente famosa por su Shiraz.
El siglo XX fue una montaña rusa para McLaren Vale. En las primeras décadas, el negocio de los vinos fortificados prosperó: entre 1920 y 1930 las exportaciones se triplicaron, y la región vivió del vino 'de tónico' y a granel destinado a Gran Bretaña. Pero cuando, en la segunda mitad del siglo, cambiaron los gustos y el mundo empezó a preferir los vinos de mesa secos y de calidad, muchas regiones fortificadas australianas entraron en crisis. McLaren Vale tuvo que reinventarse o quedar atrás.
El golpe más duro llegó en la década de 1980 con el llamado 'vine pull scheme' (esquema de arranque de viñedos): un programa gubernamental que, ante la sobreproducción y la caída de la demanda de ciertos vinos, pagó a los productores para arrancar viñedos, incluidas cepas viejas y valiosas. Fue una época sombría en la que se perdieron para siempre parras centenarias, y en la que muchos temieron por el futuro de la región. Paradójicamente, esa crisis obligó a repensarlo todo.
De esa reinvención surgió la McLaren Vale moderna. A partir de fines del siglo XX, una nueva generación de viticultores y enólogos apostó por la calidad, por rescatar y valorar las viñas viejas que sí sobrevivieron (algunas de las más antiguas del mundo), y por sacar lo mejor de su Shiraz y su Grenache. Se sumó una fuerte apuesta por la sostenibilidad, la producción orgánica y biodinámica, y las variedades mediterráneas adaptadas al clima cálido (Sangiovese, Tempranillo, Fiano). La región pasó de proveedora de granel a estrella de la enología australiana, con sus vinos premiados en el mundo entero.
La McLaren Vale del siglo XXI es una de las regiones vinícolas y gastronómicas más admiradas de Australia, y todo a solo 45 minutos de Adelaida. Con más de 80 cellar doors y 160 viñedos, combina la herencia de las grandes familias históricas con una escena joven, creativa y audaz. Su Shiraz de color intenso y taninos sedosos y su Grenache de viñas viejas son referencia mundial, mientras las variedades mediterráneas ganan terreno año a año. La sostenibilidad es una bandera: muchos productores trabajan de forma orgánica o biodinámica y cuidan un paisaje que es, a la vez, negocio y patrimonio.
Más allá del vino, la región se consolidó como destino gastronómico integral: restaurantes de bodega de alta cocina, el sorprendente d'Arenberg Cube (con su museo de arte y su experiencia multisensorial), el querido Willunga Farmers Market, aceites de oliva y almendras (con su festival del almendro en flor a fines del invierno), quesos, y la cercanía de las playas de la Fleurieu como Port Willunga. Recorrer los viñedos en bici por la Shiraz Trail, almorzar sin apuro con vista a las viñas y terminar el día frente al mar es la síntesis del placer que ofrece.
Y, cada vez más, McLaren Vale mira también hacia su historia más profunda. Crece el reconocimiento de que estas tierras son Country kaurna, de que los manantiales de la costa son sitios sagrados de Tjilbruke, y de la necesidad de honrar esa herencia. Proyectos culturales, señalización de los Dreaming Tracks y colaboraciones con la comunidad kaurna buscan integrar ese relato milenario a la experiencia del visitante. Así, la región suma a su fama de vino y buena mesa una dimensión más honda: la de un paisaje bello y productivo que fue, y sigue siendo, tierra ancestral de los Primeros Pueblos.