Viajá con Gus
InicioAustraliaLos KimberleyHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Los Kimberley

Country antiguo: decenas de miles de años en la piedra roja

Pocos lugares de la Tierra tienen una historia humana tan profunda como los Kimberley. Sus sierras rojas, gargantas y planicies son el Country de decenas de pueblos aborígenes —bunuba, ngarinyin, worrorra, wunumbal, miriwoong, gija, yawuru, nyikina y muchos más—, con una presencia que se cuenta en decenas de miles de años. Esta es una de las regiones habitadas de forma continua más antiguas del planeta: la gente vive aquí desde tiempos en que el nivel del mar era otro y buena parte de la vida cotidiana quedó grabada, literalmente, en la roca.

Porque el Kimberley es, ante todo, una de las mayores galerías de arte rupestre del mundo, y una de las más antiguas. En sus aleros y paredones se conservan pinturas de una edad que asombra a los científicos. La región era —y es— un paisaje cultural donde cada garganta, cada pozo de agua, cada formación tiene su relato del Dreaming, sus leyes y sus responsabilidades. La abundancia estacional de la sabana tropical, con su temporada seca y su temporada húmeda extrema, moldeó una cultura de gran conocimiento del territorio, del agua, del fuego y de la fauna.

Entender esto cambia la forma de mirar el Kimberley 'salvaje'. Lo que muchos visitantes leen como una naturaleza virgen e intocada es, en realidad, una tierra cuidada y habitada por sus pueblos durante milenios: manejada con fuego, recorrida por songlines, poblada de sitios sagrados. No es un vacío: es un Country vivo, con dueños que nunca dejaron de estar.

Gwion Gwion y Wandjina: el arte que asombra al mundo

El arte rupestre del Kimberley es tan extraordinario que se estudia en todo el mundo, y tiene dos tradiciones célebres que conviene distinguir. Las primeras son las figuras Gwion Gwion: siluetas humanas esbeltas, elegantes, dibujadas con un detalle finísimo —con tocados, bolsos, borlas (tassels) y adornos—, en actitud de movimiento y ceremonia. Durante mucho tiempo se las llamó 'Bradshaw', por el ganadero Joseph Bradshaw, que las registró para los europeos en 1891; pero los pueblos aborígenes prefieren, con razón, su nombre propio: Gwion Gwion. Su antigüedad es enorme: se las estima en muchos miles de años, y algunas dataciones las llevan a más de 12.000, situándolas entre las obras de arte figurativo más antiguas de la humanidad.

La otra gran tradición son las Wandjina, y son distintas en todo sentido. Son grandes rostros de espíritus ancestrales de la lluvia y las nubes: caras anchas, ojos enormes, sin boca, rodeadas de un halo radiante. A diferencia de las Gwion Gwion, el arte Wandjina es una tradición VIVA: los pueblos worrorra, ngarinyin y wunumbal han seguido pintando y repintando estas imágenes durante los últimos miles de años, porque los Wandjina no son 'arte' en el sentido occidental sino seres poderosos que crearon el paisaje y controlan las lluvias del monzón. Repintarlos es un acto de cuidado del Country y de la ley.

Estos sitios son sagrados y frágiles, y muchos están en tierras aborígenes de acceso restringido. Visitarlos es un privilegio que se hace con permiso, con guías de los Dueños Tradicionales, sin tocar ni fotografiar con flash. Frente a una figura Gwion Gwion de miles de años o un rostro Wandjina de mirada inmensa, uno se da cuenta de la escala de tiempo y de espíritu que tiene esta tierra.

La invasión y la resistencia de Jandamarra

La colonización europea llegó tarde y con violencia. Recién en la segunda mitad del siglo XIX, exploradores y ganaderos (pastoralists) empezaron a invadir el Kimberley para instalar enormes estaciones de ovejas y ganado sobre las tierras aborígenes. El choque fue brutal: despojo, matanzas, envenenamientos y el arreo forzado de aborígenes como mano de obra casi esclava en las estaciones. Pero el Kimberley también fue escenario de una de las resistencias aborígenes más notables de la historia australiana, encarnada en un hombre: Jandamarra.

Jandamarra (h. 1870-1897) era un joven del pueblo bunuba, que ocupaba las sierras del oeste del Kimberley. De chico aprendió a montar, esquilar y usar armas de fuego en las estaciones, y llegó a ser el mejor stockman (peón de campo) del distrito, y hasta rastreador de la policía. Pero en 1894, obligado a perseguir a su propia gente, dio vuelta su lealtad: la noche del 31 de octubre mató al policía Richardson, liberó a los prisioneros bunuba y repartió las armas. Empezó así una guerra de guerrillas contra los colonos y la policía. En Windjana Gorge, en noviembre de 1894, Jandamarra y los guerreros bunuba se enfrentaron a tiros durante horas con una fuerza armada. Herido, se escondió y se recuperó en las cuevas.

Durante casi tres años, Jandamarra desafió al poder colonial desde las sierras, usando su conocimiento del terreno —las cuevas, los túneles como Tunnel Creek (Dimalurru)— para aparecer y desaparecer, ganándose una fama casi mítica; los colonos lo creían capaz de convertirse en pájaro. En 1897 fue finalmente rastreado y muerto a tiros en Tunnel Creek, el mismo lugar sagrado donde tantas veces se había refugiado. Para el pueblo bunuba, Jandamarra no es un forajido sino un héroe de la resistencia, un hombre que peleó por su tierra y su gente. Su historia, hoy contada con orgullo, late en cada visita a Windjana y Tunnel Creek.

Perlas, ganado y el Kimberley de hoy

Mientras el interior se llenaba de estaciones ganaderas, la costa vivió otra historia: la de las perlas. A fines del siglo XIX, Broome se convirtió en la capital mundial de la perla (madreperla, para botones), atrayendo a buzos y trabajadores de Japón, Malasia, Filipinas, China y otras partes, junto a aborígenes yawuru y europeos. Fue un negocio riquísimo y peligrosísimo: cientos de buzos murieron por la enfermedad de descompresión (los 'bends') y las tormentas, y el cementerio japonés de Broome guarda esa memoria. De aquella época nació la mezcla cultural única que todavía define a Broome, con su Chinatown y su herencia multicultural. En el Kimberley oriental, en tanto, el descubrimiento de oro en Halls Creek en la década de 1880 trajo una fiebre pasajera, y mucho después la mina de diamantes de Argyle (famosa por sus diamantes rosados) marcó la economía de la zona de Kununurra hasta su cierre en 2020.

El siglo XX también trajo grandes obras y grandes heridas. Se construyó el esquema de irrigación del río Ord, con el enorme lago Argyle, que transformó Kununurra en un oasis agrícola. Pero para los pueblos aborígenes fue también el siglo de las políticas de asimilación, las misiones y la Generación Robada, el arranque de niños aborígenes a sus familias. La lucha por la tierra y el reconocimiento fue larga.

Hoy el Kimberley vive una recuperación del protagonismo aborigen. En 2012, la Corte Federal reconoció el título nativo (native title) del pueblo bunuba sobre buena parte de su Country ancestral —el mismo por el que peleó Jandamarra—, y muchos otros pueblos lograron reconocimientos similares. Cada vez más, el turismo del Kimberley se hace de la mano de los Dueños Tradicionales: tours culturales, guías aborígenes en los sitios de arte rupestre, empresas de comunidades. La región sigue siendo una de las últimas grandes zonas salvajes del mundo, pero el visitante que llega hoy tiene la oportunidad de entenderla como lo que de verdad es: no un desierto vacío que 'descubrir', sino una tierra antiquísima, sagrada y viva, cuyos dueños llevan aquí decenas de miles de años y siguen contando su historia.

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Los Kimberley