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Historia de Los Grampians

Gariwerd: la tierra que creó Bunjil

Estas sierras que se levantan de golpe sobre las llanuras del oeste de Victoria tienen un nombre mucho más antiguo que 'Grampians': Gariwerd. Así las llaman sus Dueños Tradicionales, los pueblos jardwadjali (jadawadjali) y djab wurrung, que habitan esta región desde hace más de 20.000 años. Para ellos, Gariwerd no es un paisaje turístico sino un lugar central de su Dreaming, tan cargado de sentido que casi cada pico, valle y cueva tiene su relato.

En el corazón de esa cosmovisión está Bunjil, el Gran Espíritu Ancestral con forma de águila (Werpil). Según la tradición, fue Bunjil quien creó el mundo: las montañas, los lagos, los bosques, los ríos, las llanuras y el mar, y también todas las plantas y todos los animales. Cuando terminó de dar forma a las hermosas sierras de arenisca de Gariwerd, solía tomar la forma del águila para contemplar su obra desde el aire. Por eso este lugar es sagrado: es, literalmente, una de las obras del creador.

Gariwerd fue durante milenios un lugar de abundancia y de reunión. Sus sierras daban refugio, agua, plantas medicinales y caza; sus cuevas y aleros servían de vivienda y de lienzo. Los jardwadjali y djab wurrung tenían un profundo conocimiento estacional del territorio, y las sierras eran punto de encuentro de distintos grupos para ceremonias, comercio y matrimonios. Toda esa vida quedó plasmada, sobre todo, en algo que sobrevive hasta hoy y que hace de Gariwerd un lugar único: su arte rupestre.

El arte rupestre: 4.000 motivos y la única imagen de Bunjil

Gariwerd guarda uno de los tesoros culturales más importantes de Australia: aquí se concentra alrededor del 90% de todo el arte rupestre del estado de Victoria. Se han identificado unos 60 sitios con más de 4.000 motivos pintados —manos en negativo, figuras humanas, animales, líneas y símbolos— realizados en ocre por los jardwadjali y djab wurrung a lo largo de miles de años. Cada sitio tiene su nombre en lengua aborigen y su significado: Ngamadjidj ('los blancos' o los espíritus), Gulgurn Manja ('las manos de los chicos'), Billimina, Manja... No son 'dibujos': son documentos vivos de una cultura milenaria, ligados a relatos, ceremonias y leyes.

El más extraordinario está justo afuera del parque, en Black Range, cerca de Stawell: el Refugio de Bunjil (Bunjil's Shelter). Es la única representación rupestre conocida de Bunjil, el ser creador, en toda Australia. La pintura muestra a Bunjil acompañado de sus dos dingos (Djurt-djurt y Thara), y es uno de los sitios aborígenes más significativos del sureste del continente. Estar frente a la única imagen del creador pintada por manos ancestrales es un privilegio que impone respeto.

Este arte es frágil y sagrado. Por eso hoy se protege con rejas y pasarelas, se prohíbe tocarlo o iluminarlo con flash, y muchos sitios se visitan mejor con guías aborígenes. El centro cultural Brambuk, en Halls Gap —gestionado por comunidades jardwadjali y djab wurrung—, es el mejor lugar para entender qué significa todo esto antes de salir a recorrer los refugios. Comprender el arte rupestre es comprender que Gariwerd fue, y sigue siendo, un lugar habitado y amado desde mucho antes que llegara nadie de afuera.

1836: Mitchell, el nombre escocés y la invasión de la tierra

El primer europeo en llegar fue el agrimensor y explorador escocés Thomas Mitchell (el 'Mayor Mitchell'), en 1836, durante su expedición por el oeste de lo que hoy es Victoria. Mitchell quedó tan deslumbrado por la fertilidad de las llanuras que las bautizó 'Australia Felix' (la Australia afortunada). Y al ver estas sierras de arenisca alzándose sobre la planicie, le recordaron a las montañas Grampian de su Escocia natal: así, de un plumazo, les puso 'the Grampians', borrando de los mapas oficiales el nombre Gariwerd que ya tenían desde hacía milenios.

El romanticismo de Mitchell tuvo consecuencias devastadoras. Sus informes entusiastas sobre pasturas fértiles y ríos mansos funcionaron como una invitación abierta a la colonización: a partir de fines de la década de 1830, oleadas de colonos ganaderos (pastoralists) invadieron el oeste de Victoria para apropiarse de esas tierras. La misma expedición de Mitchell ya había dejado violencia a su paso, con enfrentamientos y un aborigen herido de bala. Lo que siguió fue peor: el avance de las estancias sobre Gariwerd y el Wimmera trajo despojo, enfrentamientos de frontera y masacres que diezmaron a los pueblos jardwadjali y djab wurrung.

En pocas décadas, la población aborigen de la región se desplomó por las enfermedades, la violencia y la pérdida del acceso a su Country. Muchos sobrevivientes fueron confinados en misiones como Lake Condah y Ebenezer, lejos de sus tierras y ceremonias, donde se intentó suprimir sus lenguas y su cultura. La belleza 'salvaje' que hoy admiran los turistas es, en gran medida, una tierra que quedó vaciada de su gente por la fuerza. Detrás de cada mirador y cada cascada de los Grampians hay, entonces, una historia de despojo que recién ahora se empieza a contar en voz alta.

Gariwerd vuelve: nombre dual, reconocimiento y presente

La historia reciente de estas sierras es la de un nombre y una cultura que vuelven. En 1984, tras casi un siglo de olvido, se creó el Grampians National Park, protegiendo el corazón de las sierras. Y a fines de los años 80, el gobierno de Victoria inició un proceso pionero: restaurar los nombres aborígenes del paisaje. En 1991, tras dos años de consulta, el parque pasó a llamarse oficialmente Grampians (Gariwerd) National Park, y muchos accidentes geográficos recuperaron sus nombres jardwadjali y djab wurrung. Fue polémico: un cambio de gobierno en 1992 dio marcha atrás con parte de la medida. Pero la Ley de Nombres Geográficos de 1998 reinstauró el sistema de nombres duales, y hoy 'Gariwerd' figura junto a 'Grampians' en el registro de Patrimonio Nacional.

Ese gesto —devolver el nombre— es parte de un reconocimiento más amplio. Los pueblos jardwadjali y djab wurrung, a través de organizaciones como la Budja Budja Aboriginal Cooperative y el centro cultural Brambuk, participan cada vez más en el cuidado y la interpretación del parque, y su cultura es hoy uno de los grandes atractivos de Gariwerd, no una nota al pie. En años recientes, Parks Victoria elaboró planes de manejo que protegen mejor los sitios de arte rupestre y suman la voz aborigen a las decisiones, a veces con debate sobre cómo equilibrar el turismo, la escalada y la conservación cultural.

Hoy Gariwerd es a la vez un parque natural espectacular y un paisaje cultural vivo. El visitante puede caminar a The Pinnacle, ver canguros al atardecer en Halls Gap y sacar fotos desde Boroka, pero también pararse frente a pinturas de miles de años, escuchar el relato de Bunjil creando estas sierras y entender que está pisando la obra de un creador y la tierra ancestral de dos pueblos que nunca se fueron. Llamar a este lugar por su nombre completo —Grampians (Gariwerd)— es, en sí mismo, un pequeño acto de justicia.

📚 Bibliografía

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