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Historia de Launceston

El valle del Tamar antes de la ciudad

Antes de que existiera una sola casa georgiana, el valle donde hoy se levanta Launceston era Country de los aborígenes tasmanos. Los grupos del norte —entre ellos los leterremairrener, junto a los panninher y los tyerrernotepanner— habitaban la región del Tamar (kanamaluka) y las tierras circundantes desde hacía milenios, en un modo de vida de cazadores-recolectores estacionales finamente ajustado a la isla. Los tasmanos formaban parte de una de las poblaciones humanas más aisladas del planeta, separada del continente australiano desde hacía unos 10.000 años por la formación del estrecho de Bass.

El ritmo de vida seguía las estaciones y los recursos. Según los registros, los leterremairrener pasaban los meses de invierno cerca de la desembocadura del Tamar, en torno a la actual George Town, y en verano se desplazaban a las alturas de Ben Lomond, para regresar luego a las orillas del río en la temporada de las mutton-birds (pardelas). El territorio no era un espacio vacío que 'colonizar', sino un paisaje cultural conocido palmo a palmo, con nombres, historias y usos transmitidos por generaciones.

La unión de los ríos North Esk y South Esk para formar el Tamar, y las gargantas y bosques del entorno, formaban parte de ese mundo. El Cataract Gorge, hoy joya turística de la ciudad, era también parte del país aborigen, con su propio significado. Reconocer esa presencia previa es el punto de partida para entender la historia de Launceston sin el mito del 'terreno virgen'.

1806: de Patersonia a Launceston

La Launceston europea nació de la geopolítica imperial. A comienzos del siglo XIX, los británicos, temerosos de que los franceses reclamaran Van Diemen's Land (Tasmania), decidieron asegurar el norte de la isla. En 1804, el coronel William Paterson estableció un primer campamento donde hoy está George Town, en la boca del Tamar; unas semanas después el asentamiento se mudó a York Town y, finalmente, en 1806, al emplazamiento actual de Launceston, tierra adentro, en la confluencia de los ríos.

El nuevo asentamiento se llamó al principio Patersonia, en honor a su fundador. Poco después se rebautizó Launceston, esta vez en homenaje al gobernador Philip Gidley King, nacido en la localidad de Launceston, en Cornualles, Inglaterra. El nombre se pronuncia y se siente muy británico, como buena parte de la ciudad que se desarrollaría después.

El encuentro con los habitantes originarios fue conflictivo desde el inicio. Ya en 1806, bandas de leterremairrener protagonizaron enfrentamientos con los colonos, muy probablemente en represalia por la intrusión y la caza en sus tierras sin permiso. Paterson respondió con expediciones punitivas, y la violencia entre colonos y aborígenes se prolongaría, con distintos grados de intensidad, durante las décadas siguientes.

La Guerra Negra y el auge colonial

Como en el resto de Tasmania, la expansión colonial en torno a Launceston tuvo un costo humano devastador para los aborígenes. La ocupación de las mejores tierras por parte de los ganaderos, las enfermedades traídas por los colonos y la violencia recíproca desembocaron en las décadas de 1820 y 1830 en la llamada 'Guerra Negra' (Black War). El gobierno colonial impulsó campañas para remover a los sobrevivientes; muchos de los aborígenes del norte fueron trasladados a asentamientos en islas del estrecho de Bass, como Wybalenna, donde murieron en gran número por enfermedad y desarraigo.

Mientras tanto, Launceston prosperaba. Su posición como puerto fluvial navegable la convirtió en el gran centro comercial del norte de la isla y en una de las puertas de entrada de colonos, mercancías y ganado. La riqueza generada por la lana, la agricultura y, más tarde, la minería del oeste tasmano se tradujo en un notable auge constructivo: en las décadas de mediados y fines del siglo XIX se levantaron las iglesias, los bancos, los teatros y las casas georgianas y victorianas que hoy hacen de Launceston una de las ciudades coloniales mejor conservadas de Australia.

La ciudad fue pionera en varias cosas. En 1895 se convirtió en una de las primeras del hemisferio sur en tener alumbrado público eléctrico, alimentado por una central hidroeléctrica en el propio Cataract Gorge que aprovechaba la fuerza del río. Ese temprano vínculo con la energía del agua anticipó el papel que la hidroelectricidad tendría en el desarrollo de toda Tasmania.

La consolidación de Launceston como capital del norte se apoyó también en el ferrocarril: en 1871 se inauguró la línea que la unía con Deloraine, la primera de Tasmania, y con el tiempo la ciudad se convirtió en un nudo ferroviario cuyos talleres, en el barrio de Inveresk, empleaban a buena parte de la población. Cuando esa industria declinó en el siglo XX, esos mismos galpones quedaron en pie para reinventarse décadas después como el corazón cultural y universitario de la ciudad, un ejemplo de cómo Launceston supo reciclar su pasado industrial en lugar de demolerlo.

Launceston hoy: patrimonio, vino y cultura

Hoy Launceston, con alrededor de 90.000 habitantes en su área metropolitana, es la segunda ciudad de Tasmania y la capital cultural y económica del norte. Su casco histórico, excepcionalmente conservado, es uno de sus mayores atractivos: pasear entre fachadas georgianas y victorianas, con el Cataract Gorge irrumpiendo a minutos del centro, le da un carácter único entre las ciudades australianas.

La ciudad ha sabido reinventarse sin perder su identidad. Antiguos silos junto al río se transformaron en un hotel de diseño; los talleres ferroviarios de Inveresk albergan hoy la sede principal del Queen Victoria Museum and Art Gallery, el mayor museo regional del país, y una animada zona universitaria y de eventos. El valle del Tamar, con sus casi treinta bodegas de clima frío, convirtió a la región en una de las mecas del vino espumante australiano, y la escena gastronómica local acompaña ese prestigio.

Como todo Tasmania, Launceston vive también un proceso de reconocimiento de su historia aborigen. La recuperación de nombres en palawa kani —como kanamaluka para el Tamar—, la presencia de la cultura de los Primeros Pueblos en el QVMAG y el trabajo de la comunidad palawa forman parte de una revisión más honesta del pasado. Para el viajero, entender que bajo la ciudad georgiana late un país aborigen milenario, y que ese país sigue vivo, enriquece enormemente la visita a esta elegante puerta de entrada al norte tasmano.

📚 Bibliografía

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