Hay lugares cuyo nombre es, en sí mismo, una historia completa. 'Nitmiluk' es uno de ellos. En la lengua del pueblo Jawoyn, dueños tradicionales de estas gargantas, la palabra se compone de 'nitmi' —el canto de la cigarra— y 'luk' —lugar—: Nitmiluk es 'el lugar de la cigarra'. Y detrás de ese nombre está uno de los relatos de creación más hermosos del Territorio del Norte.
Según la ley jawoyn, en el tiempo primordial de la creación, que ellos llaman 'burr', el paisaje de las gargantas del río Katherine fue formado por Nabilil, un ser ancestral con forma de cocodrilo. Nabilil llegó desde el mar llevando su palo de fuego (firestick) y viajó tierra adentro, cruzando los territorios de otros pueblos —los Dagoman, los Nangiomeri— hasta llegar a la boca de la gran garganta. Allí, a la entrada, montó su campamento y, en la quietud, escuchó el canto de la cigarra: 'Nit! Nit! Nit! Nit!'. Por ese canto llamó a este lugar Nitmiluk. A medida que avanzaba por el país, Nabilil iba nombrando cada accidente del paisaje en lengua jawoyn, dándole existencia y significado. El territorio no es, para los Jawoyn, un decorado natural: es la obra y el cuerpo de sus ancestros creadores.
Nabilil no está solo en este universo espiritual. La figura de Bula, otro poderoso ser ancestral, recorrió estas tierras dejando su imagen pintada en refugios rocosos —pinturas que aún hoy pueden verse en el parque— y estableciendo lugares peligrosos y sagrados que deben tratarse con enorme respeto. Están también Boolong, la Serpiente Arcoíris, y Barraya, el kookaburra, entre otros. Todo el sistema de gargantas está atravesado por 'songlines', caminos-relato que describen los viajes de los seres de la creación, el origen de cada formación rocosa y las reglas para vivir en el Country. Para el pueblo Jawoyn, entrar a Nitmiluk es entrar a un texto sagrado que se lee con los ojos, los pies y las canciones.
Los Jawoyn han vivido en esta región del Katherine durante decenas de miles de años, y su territorio se extiende al este de la actual ciudad, desde Lansdowne hasta el borde sur de Kakadu, incluyendo Nitmiluk, Barunga, Beswick y parte del suroeste de la Tierra de Arnhem. Pero no eran los únicos: la zona de Katherine fue, y sigue siendo, un cruce de pueblos. Junto a los Jawoyn habitaban y se relacionaban los Dagoman, los Wardaman y, más al sur, los Warlpiri, cada uno con su lengua, su Country y sus responsabilidades ceremoniales. El río Katherine, con su agua permanente en una tierra de estación seca implacable, era un eje de vida, encuentro e intercambio.
La vida de estos pueblos seguía el ritmo de las estaciones del monzón: la abundancia de la húmeda, cuando el río crece y todo reverdece, y la escasez de la seca, cuando el agua se concentra en los pozones y las gargantas. Cazaban, pescaban, recolectaban plantas para comida y medicina, y mantenían el paisaje con el fuego, quemando de forma controlada la sabana para regenerarla, una práctica de manejo del territorio que hoy la ciencia reconoce como sofisticada. Las gargantas de Nitmiluk no eran un lugar cualquiera: además de recurso, eran (y son) un sitio de gran significado ceremonial, con zonas sagradas y peligrosas asociadas a Bula que solo ciertas personas pueden visitar o de las que se debe mantener distancia.
Ese conocimiento profundo del país, transmitido durante milenios a través de la ley, las canciones y las pinturas, es lo que hoy los guías jawoyn comparten —en la parte que es pública— con los visitantes que cruzan las gargantas en barco o en canoa. Cuando un guía jawoyn señala una pintura en la roca o cuenta el viaje de Nabilil, no está recitando folklore: está transmitiendo un conocimiento vivo que su pueblo cuidó contra viento y marea.
La llegada de los europeos al Katherine se enmarca en una de las grandes epopeyas coloniales de Australia: la travesía del continente de sur a norte. En 1862, el explorador escocés John McDouall Stuart, en su sexto y exitoso intento de cruzar Australia desde Adelaida hasta la costa norte, llegó a un río de aguas permanentes y lo bautizó 'Katherine' en honor a la hija de uno de sus patrocinadores. Ese nombre, dado por un extranjero de paso, terminó imponiéndose sobre el milenario Nitmiluk para la ciudad que nacería después.
La ruta de Stuart abrió el camino para la obra que transformaría el norte: la Overland Telegraph Line, la línea telegráfica que en 1872 unió Adelaida con Darwin y, por cable submarino, a toda Australia con el resto del mundo. Katherine se convirtió en un punto de esa línea vital: ya en 1870 había una choza en el cruce del río, propiedad de un tal Barney Murphy, y con la estación telegráfica establecida en 1872 la población empezó a crecer. Alrededor del telégrafo y del cruce del río fue apareciendo un asentamiento.
Detrás del telégrafo vino la ganadería, que definiría la economía de la región. En 1879 se construyó la Springvale Homestead, gestionada por Alfred Giles, un ex peón de la línea telegráfica; es la estancia (homestead) original más antigua que se conserva en todo el Territorio del Norte. Como en el resto del norte australiano, la expansión de las grandes estancias ganaderas sobre las tierras aborígenes tuvo un costo altísimo para los Jawoyn y los demás pueblos: despojo, violencia en la frontera, enfermedades y, con el tiempo, las políticas de control y asimilación del siglo XX que rompieron familias y comunidades. Muchos aborígenes terminaron trabajando como mano de obra, muchas veces sin paga, en las mismas estancias que ocupaban su Country. La Katherine colonial creció, pero sobre una herida profunda.
El siglo XX trajo a Katherine su cuota de historia dramática. Como todo el Top End, la región vivió de cerca la Segunda Guerra Mundial: tras el bombardeo de Darwin en 1942, Katherine también fue atacada desde el aire por la aviación japonesa —el punto más al sur del continente australiano alcanzado por bombas japonesas— y se convirtió en una importante base militar, con aeródromos y presencia de tropas. La guerra dejó infraestructura, caminos y una impronta que todavía se recuerda en el pueblo, incluido el museo local, instalado en el viejo aeródromo.
Pero si hay un episodio grabado en la memoria de Katherine es el de las inundaciones. El río que le da vida es también su mayor amenaza. En la estación húmeda, las lluvias monzónicas pueden hacer crecer el Katherine de forma descomunal. La peor catástrofe ocurrió en enero de 1998, cuando el ciclón tropical Les descargó lluvias torrenciales sobre la cuenca y el río se desbordó hasta alcanzar un pico de 20,4 metros, inundando el pueblo entero y un área de unos 1.000 kilómetros cuadrados alrededor. La ciudad quedó bajo el agua, con miles de evacuados, viviendas y comercios arruinados y un impacto que llevó años reparar. Fue un recordatorio brutal de que en el Top End se vive al ritmo del monzón, y hubo otras grandes crecidas en años posteriores.
A lo largo del siglo, Katherine fue consolidándose como el nudo de comunicaciones del norte interior: cruce de la Stuart Highway (norte-sur) y la Victoria Highway (hacia Australia Occidental), parada del tren, y centro de servicios de una enorme región ganadera y de comunidades aborígenes. Una ciudad chica pero estratégica, con el sabor y la dureza de la Australia profunda, donde el outback y el Top End se encuentran.
La historia reciente de Katherine tiene un capítulo luminoso que la distingue y que es motivo de orgullo para el pueblo Jawoyn: la recuperación legal de las gargantas. Durante décadas, el 'Katherine Gorge National Park' fue administrado por el gobierno como un parque más, sin reconocer a sus verdaderos dueños. Eso cambió gracias al movimiento por los derechos territoriales aborígenes que sacudió a Australia en la segunda mitad del siglo XX. En 1989, tras años de reclamos y de un proceso legal amparado en la ley de derechos territoriales del Territorio del Norte, la propiedad del parque fue devuelta oficialmente al pueblo Jawoyn.
El acuerdo fue histórico y pionero: los Jawoyn, ya como dueños legales, arrendaron el parque a la agencia de parques del NT (Parks NT) para que se gestionara de forma conjunta como parque nacional, ahora bajo su nombre propio, Nitmiluk. Fue uno de los primeros grandes ejemplos en Australia de 'devolver y arrendar', un modelo en el que la conservación de la naturaleza convive con la propiedad y la voz de los Primeros Pueblos. Desde entonces, los Jawoyn no solo son dueños del parque, sino que participan activamente en su manejo y desarrollaron sus propios emprendimientos turísticos: la empresa Nitmiluk Tours, que opera los cruceros, las canoas y los vuelos, es de propiedad jawoyn, y el elegante Cicada Lodge es también un proyecto de la comunidad. El turismo de Nitmiluk genera empleo y recursos que vuelven al pueblo.
Esto le da a una visita a Nitmiluk un valor especial. No se trata de un parque cualquiera con un cartel sobre 'los aborígenes de antes': es un territorio recuperado, gestionado por sus dueños vivos, donde el dinero del turista contribuye a la comunidad que ha cuidado este lugar durante decenas de miles de años. Cruzar las gargantas escuchando a un guía jawoyn contar el viaje de Nabilil, ver las pinturas de Bula en la roca y saber que este país volvió a manos de su gente convierte el paseo en algo más que una postal. Katherine y Nitmiluk son, hoy, un ejemplo de que la historia colonial puede, al menos en parte, empezar a repararse. Y el canto de la cigarra sigue sonando, igual que cuando Nabilil lo escuchó por primera vez.