Viajá con Gus
InicioAustraliaKata TjutaHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Kata Tjuta

Kata Tjuta: 'muchas cabezas' en el Tjukurpa

Antes de ser 'The Olgas' del mapa colonial, este conjunto de 36 cúpulas rojas tenía —y tiene— un nombre propio en la lengua de sus dueños: Kata Tjuta, 'muchas cabezas' en pitjantjatjara. Para los anangu, los pueblos pitjantjatjara y yankunytjatjara que habitan el desierto central desde hace decenas de miles de años, Kata Tjuta es un sitio sagrado tan importante como Uluru, pero de un carácter distinto: mientras muchas historias de Uluru pueden compartirse, buena parte del conocimiento del Tjukurpa asociado a Kata Tjuta está reservado a los hombres iniciados y no se cuenta públicamente.

Esa reserva no es un capricho: en la cultura anangu el conocimiento tiene niveles y responsables. Ciertos relatos, cantos y lugares pertenecen a determinadas personas según su género, edad e iniciación, y difundirlos fuera de contexto sería una falta grave. Por eso, en algunos tramos de Kata Tjuta, los carteles piden no fotografiar ni filmar: no es una restricción turística arbitraria, sino el respeto a un sistema de conocimiento vivo.

Geológicamente, las cúpulas son un conglomerado —cantos rodados de granito y basalto cementados por arena y barro— depositado hace unos 500 millones de años, plegado y erosionado hasta quedar convertido en estas cabezas monumentales, la más alta de las cuales, el monte Olga, se eleva 546 metros sobre la llanura, unos 200 metros más que Uluru. Para los anangu, sin embargo, la explicación de sus formas no está en la geología sino en los actos de los seres ancestrales del Tjukurpa.

Esa reserva sobre el conocimiento sagrado convive con una generosidad selectiva: los anangu comparten con los visitantes lo suficiente para que comprendan que están en un lugar especial y sepan cómo comportarse, sin exponer aquello que no debe divulgarse. Es un equilibrio delicado que se refleja en cada cartel del parque y en la formación de los guías, y que invita al viajero a un tipo de mirada distinta: no la del que quiere saberlo y fotografiarlo todo, sino la del huésped que acepta que hay cosas que no le corresponde ver ni contar.

Ernest Giles, 1872 y el nombre 'The Olgas'

El primer europeo que dejó registro de Kata Tjuta fue el explorador Ernest Giles, que avistó las cúpulas en 1872, un año antes de que William Gosse llegara a Uluru. Giles, financiado por el barón Ferdinand von Mueller —un influyente botánico de origen alemán radicado en Australia—, bautizó el conjunto como Mount Olga, en honor a la reina Olga de Wurtemberg, esposa del rey Carlos I y patrona de las ciencias. De ahí derivó el nombre popular en plural, 'The Olgas', que se impuso durante casi un siglo.

Giles quedó fascinado por la escala del lugar, que describió con admiración en sus diarios de expedición. Pero, como en tantos otros rincones del interior australiano, el ojo del explorador vio un paisaje 'vacío' y a nombrar: no reconoció que estaba ante un territorio habitado, cartografiado y significado por sus dueños desde tiempos inmemoriales. El nombre europeo borró de los mapas oficiales la denominación anangu, que solo volvería a figurar mucho después.

Hoy el nombre oficial dual es Kata Tjuta/Mount Olga, y en la práctica turística y en la señalización del parque prima 'Kata Tjuta', un cambio que acompaña el reconocimiento más amplio de la propiedad y la cultura anangu sobre toda la región.

De reserva recortada al Handback de 1985

La historia colonial de Kata Tjuta corre pareja a la de Uluru, del que está separado por apenas 50 kilómetros dentro del mismo parque. En 1920, gran parte del desierto central quedó incluida en una extensa reserva aborigen; pero a lo largo del siglo XX el Estado recortó porciones de ese territorio para el turismo y otros usos, sin consultar a sus habitantes. En 1958, la zona de Uluru y Kata Tjuta se segregó de la reserva para crear un parque administrado por el gobierno, dejando a los anangu al margen de las decisiones sobre su propio Country.

El impacto del turismo fue creciendo: caminos, campamentos y un flujo cada vez mayor de visitantes que llegaban a ver 'Ayers Rock and The Olgas' como un combo, sin conciencia de que pisaban sitios sagrados. La marea empezó a cambiar con el movimiento por los derechos territoriales aborígenes en los años setenta y con la sanción del Aboriginal Land Rights (Northern Territory) Act de 1976, que abrió la vía legal para reclamar la tierra.

El 26 de octubre de 1985, en el mismo acto histórico del Handback, los títulos de propiedad de todo el parque —Uluru y Kata Tjuta juntos— fueron entregados a los anangu por el gobernador general Sir Ninian Stephen. Los dueños tradicionales arrendaron de inmediato el parque al servicio nacional de parques por 99 años, bajo un modelo de gestión conjunta con mayoría anangu en la junta directiva. Desde entonces, Kata Tjuta se administra como lo que siempre fue: parte inseparable del territorio y la cultura anangu.

Kata Tjuta hoy: la hermana salvaje del parque

Integrada en el Parque Nacional Uluṟu-Kata Tjuṯa —Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por sus valores naturales (1987) y culturales (1994)—, Kata Tjuta recibe hoy una fracción de los visitantes de Uluru, lo que le da un aire más íntimo y salvaje. La caminata del Valle de los Vientos, entre las cúpulas, y la garganta de Walpa se han vuelto experiencias imprescindibles para quien quiere ir más allá de la postal de la roca.

La gestión conjunta entre los anangu y Parks Australia rige cada aspecto de la visita: los horarios de los senderos, los cierres por calor extremo, las áreas donde no se puede fotografiar y la información cultural que se comparte y la que se resguarda. Los operadores turísticos que trabajan en el parque deben respetar protocolos acordados con la comunidad, y una parte creciente de la interpretación busca transmitir la mirada anangu sobre el paisaje.

Visitar Kata Tjuta con conciencia es, en el fondo, aceptar una inversión de roles: el viajero deja de ser un conquistador que 'descubre' un paisaje vacío para convertirse en un huésped que camina, con permiso, por un lugar sagrado de una de las culturas vivas más antiguas del mundo. Las 36 cabezas de piedra roja, silenciosas bajo el sol del desierto, guardan historias que existían mucho antes de que existieran los mapas, y que seguirán existiendo mucho después.

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Kata Tjuta