Mucho antes de que Wineglass Bay apareciera en las listas de las mejores playas del mundo, la península de Freycinet era Country de los aborígenes tasmanos (palawa), en particular de la nación de Oyster Bay (paredarerme), una de las mayores agrupaciones de la isla, cuyo territorio abarcaba buena parte de la costa este de Tasmania. Estos pueblos frecuentaron la península durante miles de años y dejaron por toda la zona numerosos middens: montículos de conchas, huesos y restos de fogones que son la firma de su vida junto al mar.
La abundancia de estos middens indica que la península fue visitada asiduamente, quizás como un refugio relativamente cálido y rico en recursos durante los meses fríos del invierno tasmano. La costa ofrecía mariscos, peces, aves marinas y sus huevos, focas y otros recursos, mientras que el interior y las lagunas de la península proporcionaban plantas, animales y agua dulce. Como en toda Tasmania, el modo de vida seguía las estaciones y los recursos, en un conocimiento profundo del territorio transmitido por generaciones.
Para los paredarerme, esta costa de granito rosado, bahías turquesas y montañas no era un 'paisaje' en el sentido turístico, sino un país habitado y significativo, entretejido con historias, nombres y responsabilidades. Reconocer que Freycinet es, en su raíz, tierra de la gente de Oyster Bay —y que los descendientes de los aborígenes tasmanos siguen vivos y reivindican su herencia— es el punto de partida para contar honestamente la historia de este lugar tan celebrado.
El nombre europeo de la península llegó del mar, y de una potencia inesperada: Francia. A comienzos del siglo XIX, en plena era napoleónica, distintas expediciones europeas exploraban y cartografiaban las costas de la entonces llamada Van Diemen's Land (Tasmania). Entre ellas destacó la expedición francesa comandada por Nicolas Baudin (1800-1804), que recorrió y bautizó buena parte de la costa este. La península recibió el nombre de Freycinet en honor a Louis de Freycinet, uno de los hermanos oficiales y cartógrafos de aquella expedición, que participó en el trazado de estas costas.
Así, muchos accidentes de la zona conservan nombres franceses de aquel periodo, un recuerdo de la breve pero intensa competencia entre franceses y británicos por explorar (y potencialmente reclamar) Tasmania. Finalmente fueron los británicos quienes colonizaron la isla, estableciendo desde 1803-1804 sus primeros asentamientos y convirtiéndola en colonia penal y pastoril.
Los picos de granito rosado que dominan la península, los Hazards, deben su nombre —según la versión más difundida— a un capitán ballenero afroamericano llamado Richard 'Black' Hazard, que operó en estas aguas en las primeras décadas del siglo XIX. Ese detalle nos lleva al siguiente capítulo de la historia de Freycinet: el de los balleneros, foqueros y la explotación de sus recursos.
Desde la década de 1820, europeos y estadounidenses dedicados a la caza de ballenas y focas empezaron a operar en torno a la península de Freycinet y la vecina isla Schouten. El estadounidense capitán Richard Hazard, del barco Thalia, fue reportado cazando ballenas en la zona hacia 1824. Las bahías protegidas servían de base para faenar y procesar las presas, en una industria dura y sangrienta que marcó los primeros contactos europeos con esta costa. (Una historia curiosa, y probablemente en parte mito, quiere que el intenso color rojizo del agua en la 'copa' de Wineglass Bay durante la época ballenera se debiera a la sangre de las ballenas faenadas, aunque el nombre parece deberse simplemente a la forma de copa de vino de la playa.)
El propio pueblo base, Coles Bay, debe su nombre a esta época: Silas Cole, un colono temprano, se instaló allí y se dedicó a quemar las conchas acumuladas en los grandes middens aborígenes de playas como Richardsons Beach para producir cal (un material esencial para la construcción). Es un detalle revelador y algo incómodo de la historia colonial: los vestigios milenarios de la cultura aborigen fueron literalmente convertidos en material de obra.
A partir de la década de 1870 llegó otra fiebre: la del estaño. Se descubrieron depósitos de estaño en la península, y durante fines del siglo XIX y comienzos del XX distintos grupos trabajaron los yacimientos aluviales (de superficie), sobre todo en torno a Saltwater Creek, al norte de Coles Bay, y Middleton Creek. Fue una minería modesta y de corta vida, pero que dejó su huella. Poco a poco, sin embargo, empezaría a imponerse otra mirada sobre esta costa: la de su valor como paisaje que debía protegerse.
El giro decisivo en la historia de Freycinet llegó en 1916, cuando la península fue declarada parque nacional, uno de los primeros de Tasmania (junto con el de Mount Field, del mismo año). Fue un reconocimiento temprano de que este paisaje excepcional de granito rosado, bahías turquesas y naturaleza salvaje merecía preservarse para siempre, por encima de la explotación de sus recursos. El parque se fue ampliando con el tiempo, incorporando más territorio de la península y protegiendo su fauna y su flora.
El pueblo de Coles Bay, a la entrada del parque, se consolidó a partir de las primeras décadas del siglo XX. Según los registros, en 1934 un subastador retirado, Harry Parsons, compró unas cinco hectáreas de tierra en Coles Bay, semilla del pequeño pueblo turístico que crecería después. Durante el siglo XX, Freycinet pasó de ser un rincón remoto a convertirse en uno de los destinos naturales más famosos de Australia, con Wineglass Bay como estrella indiscutida, celebrada una y otra vez entre las mejores playas del mundo.
Hoy, el Parque Nacional Freycinet recibe a multitud de visitantes que suben al mirador de Wineglass Bay, caminan hasta su arena blanca, navegan la península o disfrutan de las playas de Coles Bay, alojándose desde el camping del parque hasta el exclusivo lodge de lujo Saffire. La gestión del parque busca equilibrar ese enorme atractivo turístico con la conservación de un entorno frágil, mediante pases, senderos bien mantenidos y, en temporada alta, medidas para controlar el número de autos y visitantes.
En paralelo, como en toda Tasmania, crece el reconocimiento de la historia aborigen del lugar: la memoria de la gente de Oyster Bay, la protección de los middens y sitios culturales, y la voz de la comunidad palawa forman parte de una mirada más completa y honesta sobre esta costa. Para el viajero, saber que bajo la playa más fotografiada de Australia hay miles de años de vida aborigen, balleneros, cal de conchas y estaño, hace de la subida al mirador de Wineglass Bay algo más que una foto perfecta: es asomarse a las muchas capas de historia de un lugar verdaderamente extraordinario.