En 1979 el pueblo de Esperance hizo algo tan absurdo que dio la vuelta al mundo: le puso una multa de 400 dólares a la NASA. La estación espacial estadounidense Skylab, de 77 toneladas, había caído del cielo y esparcido chatarra sobre esta esquina remota de Australia Occidental, así que el municipio aplicó su ordenanza de basura y ticketeó a la superpotencia por tirar residuos. Fue una broma perfecta, del tipo de humor seco que solo puede permitirse un lugar tan chico y tan lejos de todo. Pero detrás de la anécdota hay una tierra con una historia larguísima, que empieza mucho antes de la NASA, de los barcos franceses y hasta de la propia idea de 'Australia'.
Esta costa es Kepa Kurl, el Country del pueblo Wudjari, del grupo cultural Noongar que ocupa el extremo sur de su vasto territorio. En lengua wudjari, 'kepa' es agua y 'kurl' es bumerán: Kepa Kurl significa 'donde las aguas descansan como bumeranes', por la forma de las dos bahías más cercanas al pueblo. Es un nombre que describe el paisaje con una precisión poética que ningún cartógrafo europeo igualó.
La presencia aborigen aquí es antiquísima: en Cape Le Grand hay evidencia de ocupación de más de 13.000 años. Para los Wudjari, las bahías de arena blanca, los cabos de granito, las islas de la Recherche y los lagos salinos no son un decorado sino un territorio cargado de conocimiento -sobre el agua, la fauna, las estaciones y las historias del Sueño-. Los granitos de Frenchman Peak y Cape Le Grand, entre las rocas más antiguas del planeta, son parte de esa geografía sagrada.
El nombre europeo del lugar nació de una tormenta. En 1792, el navegante francés Antoine Bruni d'Entrecasteaux recorría estas aguas al frente de una expedición que buscaba, sin éxito, al perdido explorador La Pérouse. Atrapados por un temporal, sus dos barcos -el Recherche y L'Espérance- se refugiaron cerca de Observatory Island, entre las islas del archipiélago. En agradecimiento por ese refugio, d'Entrecasteaux bautizó la bahía y el pueblo futuro con el nombre de una de sus naves, L'Espérance ('la esperanza'), y al archipiélago con el de la otra, Recherche ('investigación').
Así, Esperance lleva grabado en su nombre un episodio de la exploración científica francesa del Pacífico, en plena rivalidad con los británicos por cartografiar y reclamar los mares del sur. Los franceses no se quedaron: siguieron su ruta y dejaron apenas nombres en la costa. Pero esos topónimos -Recherche, Esperance, Le Grand (por un oficial de la expedición)- sobrevivieron, testigos de un mundo en el que la costa sur de Australia todavía era un enigma en los mapas europeos.
Durante las décadas siguientes, esta costa siguió siendo territorio de balleneros, cazadores de focas y algún que otro barco perdido. La colonia británica de Swan River (Perth) se fundó recién en 1829, muy al noroeste, y el sur profundo quedó por mucho tiempo fuera de su alcance. Para los Wudjari, ese período fue de contactos esporádicos y crecientemente peligrosos con foráneos, preludio de la ocupación que vendría.
La colonización efectiva llegó a mediados del siglo XIX. En 1864, los hermanos Dempster arrearon ovejas, ganado y caballos desde Northam, cruzando cientos de kilómetros de monte, para establecer la Esperance Bay Pastoral Station. Fueron los primeros colonos permanentes, y su llegada marcó el comienzo de la transformación -y del despojo- del Country Wudjari. Como en todo el sur de Australia Occidental, la ocupación pastoril cercó tierras, cortó el acceso a fuentes de agua y sitios sagrados, e introdujo enfermedades y violencia contra los Primeros Pueblos.
El verdadero salto llegó con el oro. Cuando en la década de 1890 se descubrieron los yacimientos gigantes de Coolgardie y Kalgoorlie, en los Eastern Goldfields, Esperance se convirtió de golpe en la 'puerta a los Goldfields': el puerto más cercano por donde entraban buscadores de fortuna, provisiones y equipos rumbo al desierto del oro. El townsite se declaró oficialmente en 1893, y a lo largo de esa década se construyó el muelle (la jetty) para dar salida al tráfico. Un telégrafo ya había abierto en 1876. El sueño de que Esperance fuera EL gran puerto de los Goldfields se frustró cuando el ferrocarril y el agua se canalizaron hacia Fremantle y Perth, pero el pueblo quedó plantado como cabecera de la costa sur.
En el siglo XX, Esperance encontró su base económica en la agricultura -trigo y ovejas de un enorme hinterland- y en la pesca, con el puerto exportando grano y minerales. Fue un pueblo de frontera, aislado, laborioso y orgulloso de su independencia; ese carácter explica bien el gesto de multar a la NASA.
El 11 de julio de 1979, la estación espacial Skylab reingresó a la atmósfera y se desintegró, y buena parte de sus restos cayó sobre el vasto y despoblado shire de Esperance. No hubo heridos, pero sí un fragmento de folklore para siempre: el municipio le extendió a la NASA una multa de 400 dólares por tirar basura, bajo la misma ordenanza que aplicaría a cualquier vecino. La agencia espacial nunca la pagó -era parte del chiste-, y la deuda quedó abierta durante treinta años, hasta que en 2009 un locutor de radio de California juntó los 400 dólares entre sus oyentes para saldarla justo en el aniversario. Hoy el Esperance Museum exhibe fragmentos del Skylab, atracción insólita de un pueblo del fin del mundo.
Más allá de la anécdota, la segunda mitad del siglo XX consolidó a Esperance como centro regional: llegó el agua canalizada, se pavimentaron rutas, creció el puerto -que hoy exporta grano, níquel y otros minerales de los Goldfields- y empezó a despuntar el turismo. Las playas que durante generaciones fueron simplemente 'las playas del pueblo' comenzaron a aparecer en rankings mundiales: Lucky Bay, en el Cape Le Grand National Park, pasó a competir por el título de la arena más blanca de Australia, con sus canguros en la orilla como emblema.
El Great Ocean Drive, el archipiélago de la Recherche con sus 105 islas, el lago rosa de Lake Hillier en Middle Island y las bahías vírgenes de Cape Le Grand convirtieron a Esperance en un destino de naturaleza codiciado, aunque su distancia -720 km de Perth- lo mantuvo lejos del turismo masivo y preservó su carácter tranquilo.
El 6 de septiembre de 2016 marcó un hito para los Primeros Pueblos de la región: la Corte Federal de Australia registró a la Esperance Tjaltjraak Native Title Aboriginal Corporation (ETNTAC) como cuerpo del native title del pueblo Kepa Kurl Wudjari. Fue el reconocimiento legal de una conexión que nunca se había interrumpido, pese a décadas de colonización, desplazamiento y políticas de asimilación. Hoy la corporación gestiona programas de cuidado del Country, restauración ambiental y turismo cultural, y ofrece experiencias que permiten al visitante conocer Kepa Kurl desde la mirada de sus custodios ancestrales.
El Esperance moderno es un pueblo de unos 12.000 habitantes que vive de la agricultura, el puerto y, cada vez más, del turismo de naturaleza. Su foreshore renovado, la Tanker Jetty reconstruida, los cafés frente al mar y el ambiente relajado conviven con la crudeza del clima -vientos fuertes, agua fría todo el año- y con la sensación de estar en el borde del continente, con nada más que el océano Antártico hacia el sur.
Lo que hace especial a Esperance es esa superposición de capas: la geología antiquísima del granito, los más de 13.000 años de presencia Wudjari, la esperanza que un navegante francés dejó estampada en el nombre, los pioneros pastoriles, la fiebre del oro que la hizo puerto, la chatarra espacial que la hizo famosa, y las playas que hoy la ponen en el mapa del mundo. Kepa Kurl sigue siendo, después de todo, el lugar donde las aguas descansan como bumeranes.