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Historia de Canberra

Las Limestone Plains: tierra ngunnawal y ngambri

Antes de que existiera una capital, antes incluso de que existiera la idea de Australia como nación, las suaves llanuras onduladas donde hoy se levanta Canberra eran Country de los pueblos ngunnawal y ngambri, junto a grupos vecinos como los ngarigo y walgalu. Los habitaron durante más de 20.000 años, en una región que los colonos llamarían después las 'Limestone Plains' (llanuras calcáreas), por los afloramientos de piedra caliza del valle del río Molonglo.

El propio nombre de la ciudad guarda esa memoria: 'Canberra' deriva de una palabra local —registrada como 'Kamberra', 'Nganbra' o 'Canberry'— que suele traducirse como 'lugar de encuentro' o 'lugar de reunión'. Y lo era, literalmente: cada verano, cuando las polillas bogong migraban en enjambres y se refugiaban por millones en las grietas de las montañas cercanas (los Brindabellas y los Alpes), distintos grupos aborígenes de una vasta región se congregaban en las alturas para festejar y darse un banquete con estas polillas ricas en grasa, en grandes encuentros ceremoniales, de comercio y de matrimonios. La zona era un punto de reunión estacional de enorme importancia cultural.

Esa vida seguía un calendario finamente ajustado a la tierra: la caza, la pesca en los ríos, la recolección y las ceremonias marcaban el año. El paisaje no era un vacío por 'colonizar', sino un territorio cargado de nombres, historias del Dreaming y responsabilidades de cuidado transmitidas por incontables generaciones. Reconocer que Canberra es, ante todo, un 'lugar de encuentro' ngunnawal y ngambri es el punto de partida para entender por qué, milenios después, se eligió justamente aquí el corazón de la nación.

Colonos, pastores y el nombre 'Canberry'

La llegada europea al valle fue relativamente tardía y, al principio, ganadera. El explorador Charles Throsby recorrió la zona hacia 1820-1821 y bautizó el área como Limestone Plains. Pocos años después empezaron a llegar los colonos: en 1823-1824, Joshua John Moore obtuvo tierras a orillas del Molonglo y llamó a su estancia 'Canberry', tomando el nombre del lugar de los aborígenes locales. Otras familias de pastores —los Campbell en Duntroon, los Murray en Yarralumla— fueron ocupando el valle con grandes propiedades de ovejas.

Durante casi todo el siglo XIX, la zona fue un tranquilo distrito rural de la colonia de Nueva Gales del Sur: estancias, iglesias de piedra (como la histórica St John's, de 1845, todavía en pie en Reid), y pequeños asentamientos. La vida de los ngunnawal, en cambio, se vio devastada: la ocupación de sus tierras y aguas, las enfermedades traídas por los europeos y la violencia de frontera redujeron drásticamente a la población originaria y la empujaron fuera de su Country, aunque nunca desapareció: los descendientes ngunnawal y ngambri siguen presentes y reivindican hoy su conexión ininterrumpida con la tierra.

Nada en ese apacible valle de estancias hacía prever que un día se convertiría en la capital de un país. Pero la política nacional, a comienzos del siglo XX, tenía otros planes.

1901-1913: una capital de la nada por compromiso

El 1 de enero de 1901, las seis colonias británicas de Australia se unieron en una federación y nació la Commonwealth of Australia. Pero surgió de inmediato una pelea: ¿cuál sería la capital del nuevo país? Las dos grandes ciudades rivales, Sídney y Melbourne, se disputaban ferozmente el honor, y ninguna aceptaba que fuera la otra. La solución, consagrada en la propia Constitución, fue salomónica: se crearía una capital nueva, en un territorio federal propio, ubicada en Nueva Gales del Sur pero a no menos de 100 millas (unos 160 km) de Sídney. Mientras se construía, Melbourne sería la capital provisional.

Tras años de búsqueda y de disputas sobre el emplazamiento, en 1908 se eligió el sitio de las Limestone Plains, en el valle del Molonglo. En 1911 se creó el Territorio de la Capital Federal (hoy ACT) y se lanzó un concurso internacional para diseñar la ciudad desde cero. Ganó, en 1912, la propuesta del arquitecto paisajista de Chicago Walter Burley Griffin, elaborada junto a su esposa y socia, la también arquitecta Marion Mahony Griffin, cuyos exquisitos dibujos fueron clave para convencer al jurado. Los Griffin, formados en la órbita de Frank Lloyd Wright y del movimiento de las 'ciudades jardín', imaginaron una capital de ejes geométricos, círculos concéntricos y avenidas radiales, integrada al paisaje de colinas y organizada en torno a un gran lago artificial.

El 12 de marzo de 1913 se realizó la ceremonia de fundación y se dio a la ciudad su nombre oficial: Canberra, recuperando la vieja palabra aborigen del 'lugar de encuentro'. Nacía así, sobre unas llanuras de ovejas, una de las pocas capitales del mundo enteramente planificadas antes de existir.

Construir una capital: del Parlamento provisional al lago

Construir Canberra fue una tarea lenta y llena de tropiezos. Los Griffin chocaron con la burocracia y con conflictos administrativos, y Walter renunció a la dirección del proyecto en 1920, con buena parte de su visión aún sin realizar. La Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión frenaron las obras. En 1927 se inauguró la Casa Provisional del Parlamento (la actual Old Parliament House), un edificio blanco pensado como solución temporal que terminaría albergando al Parlamento durante más de sesenta años, y el gobierno federal comenzó a mudarse de Melbourne a la nueva capital.

Durante décadas, Canberra fue una ciudad pequeña, dispersa y a medio hacer, blanco de bromas por su carácter artificial y su falta de vida. El gran impulso llegó en las décadas de 1950 y 1960, cuando la National Capital Development Commission aceleró su desarrollo. El hito simbólico fue la creación, en 1963-1964, del lago Burley Griffin, al represar el río Molonglo: por fin se materializaba la pieza central del plan de los Griffin, y en torno al espejo de agua se fueron disponiendo, año tras año, las grandes instituciones nacionales —la Biblioteca Nacional, la Galería Nacional, el Tribunal Superior, el Museo Nacional— y el conmovedor Australian War Memorial, inaugurado en 1941 al pie del Monte Ainslie.

En 1988, para el bicentenario de Australia, se inauguró el nuevo Parliament House sobre la Capital Hill, con su revolucionario diseño de edificio 'dentro de la colina', cubierto de césped pisable. Con él, Canberra completaba por fin su gran eje ceremonial: War Memorial, ANZAC Parade, lago y Parlamento alineados en una sola línea recta, tal como habían soñado los Griffin.

Canberra hoy: capital verde y bush capital

Hoy Canberra es una ciudad de alrededor de 460.000 habitantes, la mayor del interior de Australia, y una capital madura que dejó atrás buena parte de su fama de aburrida. Sede del gobierno federal, de los ministerios, de embajadas de todo el mundo, de la Universidad Nacional Australiana (ANU) y de las grandes instituciones culturales, combina un altísimo nivel educativo y de vida con un entorno excepcionalmente verde: la llaman 'la bush capital' por la cantidad de reservas naturales, parques y árboles que la rodean e infiltran, donde es común cruzarse canguros al atardecer.

La ciudad ganó vida propia en las últimas décadas: barrios gastronómicos como Braddon, la ribera de Kingston Foreshore, una escena de cafés y bares, la región vinícola de clima frío del distrito de Canberra y grandes festivales como Floriade, el mayor festival de flores del hemisferio sur, que cada primavera llena de tulipanes las orillas del lago. Sigue siendo, eso sí, una capital tranquila y de escala humana, muy distinta al bullicio de Sídney o Melbourne.

En paralelo, Canberra ha ido asumiendo su historia más incómoda. Frente a la Old Parliament House, la Aboriginal Tent Embassy —un campamento de protesta instalado por activistas aborígenes en 1972— sigue en pie como símbolo permanente de la lucha de los Primeros Pueblos por sus derechos y su tierra, y es uno de los sitios políticos más significativos del país. El reconocimiento del Country ngunnawal y ngambri, la presencia de la cultura aborigen en museos y ceremonias, y la reflexión sobre el pasado colonial forman parte hoy de la vida de la capital.

Para el viajero, entender que Canberra fue, milenios antes que una capital planificada, un 'lugar de encuentro' de los pueblos originarios —y que esa misma idea de reunión terminó definiendo a la ciudad diseñada para unir a una nación— hace mucho más profunda la visita a esta capital verde, joven y singular.

📚 Bibliografía

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