Mucho antes de que un teniente inglés la llamara Jervis Bay, esta bahía de arenas blancas y aguas transparentes ya tenía un nombre y unos dueños. Es Country ancestral de los pueblos de habla dharawal y dhurga, que habitaron esta franja de la Costa Sur de Nueva Gales del Sur durante milenios. Al extremo sur de la bahía lo llamaban Booderee, una palabra de la lengua local que significa 'bahía de la abundancia' o 'bahía de plenitud', y el nombre no era exagerado: el mar rebosaba de peces y mariscos, las lagunas y humedales daban aves y plantas, y la costa ofrecía todo lo necesario para vivir.
Esa abundancia sostuvo una vida rica y estable. Los grupos aborígenes de la bahía se movían según las estaciones entre la costa y el interior, pescaban, recolectaban mariscos —dejando montículos de conchillas (middens) que todavía se conservan— y mantenían una relación espiritual profunda con el paisaje. Cada cabo, cada playa, cada laguna tenía nombre, historia y significado dentro del Dreaming, el entramado de relatos y leyes ancestrales.
La palabra 'Dharawal', de hecho, significa 'palmera de col' (cabbage palm), una especie característica de la región, y da nombre a toda una familia lingüística que se extendía aproximadamente entre la bahía de Botany (Sídney) y la Bahía de Jervis. Los descendientes de aquellos pueblos siguen aquí, agrupados sobre todo en la comunidad de Wreck Bay, y su continuidad cultural es una de las claves para entender la historia moderna de la bahía.
El primer contacto europeo estable con la bahía llegó pocos años después de la fundación de Sídney. En agosto de 1791, el teniente Richard Bowen, a bordo del Atlantic —un barco de transporte de convictos que formaba parte de la Tercera Flota—, entró en la bahía y la bautizó en honor al almirante John Jervis, bajo cuyo mando había servido. Así, un rincón de Country dharawal quedó marcado en los mapas ingleses con el nombre de un militar británico que nunca puso un pie en él.
Durante las primeras décadas coloniales, la bahía siguió siendo remota y poco poblada por europeos, aunque su condición de puerto natural profundo y protegido despertó interés. Con el correr del siglo XIX, la colonización avanzó por la Costa Sur, sobre todo con la actividad de figuras como Alexander Berry, que se apropió de vastas tierras en el vecino Shoalhaven. Ese avance tuvo un costo directo para los pueblos originarios: la toma de tierras desplazó a los habitantes aborígenes de la zona, muchos de los cuales fueron reubicados en Wreck Bay hacia 1822.
Wreck Bay —cuyo nombre alude a los naufragios en esa costa peligrosa— se convertiría con el tiempo en el asentamiento central de la comunidad aborigen de la bahía, un lugar de refugio pero también de reclusión y control, como tantas 'misiones' y reservas de la época. Allí, a pesar de todo, la comunidad mantuvo viva su identidad, su lengua y su vínculo con el Country.
La Bahía de Jervis tiene una particularidad geopolítica curiosa: su extremo sur no pertenece a Nueva Gales del Sur, sino que es un territorio del gobierno federal australiano. La razón se remonta a la creación de Canberra. Cuando en 1901 se formó la Commonwealth de Australia y se decidió construir una capital nacional tierra adentro, se buscó darle a esa capital una salida al mar. Así, la propiedad de las tierras de la corona en la zona de Jervis Bay se transfirió del gobierno de Nueva Gales del Sur al gobierno federal en 1909, y en 1915 la jurisdicción sobre el Territorio de la Bahía de Jervis pasó formalmente al Commonwealth.
La presencia federal se ligó especialmente a la Marina. En noviembre de 1911, el Parlamento designó Captain's Point, en la orilla oeste de la bahía, para el Royal Australian Naval College (Colegio Naval Real Australiano), creado para formar oficiales de la recién nacida Marina Real Australiana. La construcción empezó en 1913 y la primera camada de 25 cadetes ingresó en enero de 1915. La institución, rebautizada HMAS Creswell en 1958, sigue funcionando hasta hoy, y la Marina mantiene una fuerte presencia en la zona.
Este doble carácter —enclave federal y base naval— explica muchas cosas del presente: desde el campo de tiro de Beecroft en la boca norte (que a veces restringe el acceso a Point Perpendicular) hasta el estatus especial del parque Booderee, gestionado bajo legislación federal y no estatal.
El capítulo más importante de la historia moderna de la bahía llegó a fines del siglo XX, con un acto de justicia histórica poco común en Australia. Tras décadas de reclamos de la comunidad aborigen de Wreck Bay por sus tierras, y en el nuevo clima abierto por el reconocimiento de los derechos indígenas, en 1995 el gobierno federal transfirió la propiedad del entonces Jervis Bay National Park y del jardín botánico al Wreck Bay Aboriginal Community Council.
El acuerdo fue notable: la comunidad recibió la titularidad de la tierra y, a la vez, la arrendó de vuelta al Director de Parques Nacionales para gestionarla de forma conjunta como parque nacional y jardín botánico. Es un modelo de cogestión (joint management) en el que los dueños tradicionales tienen un papel central en las decisiones sobre su Country. En 1997, la comunidad ejerció ese poder de la manera más simbólica posible: rebautizó el parque con su nombre en la lengua local, Booderee, 'la bahía de la abundancia'. El nombre inglés cedía, al menos aquí, ante el nombre ancestral.
Hoy Booderee es uno de los pocos parques nacionales de Australia cogestionados por su comunidad aborigen tradicional, y esa gestión se nota: en la interpretación cultural, en el jardín botánico de plantas nativas y usos aborígenes, en la protección de sitios sagrados y en el respeto por el conocimiento tradicional del territorio. Visitar Booderee es, en buena medida, visitar un Country que volvió a manos de su gente.
La Bahía de Jervis contemporánea es uno de los destinos naturales más queridos de Nueva Gales del Sur. Su fama creció alrededor de un puñado de imágenes irresistibles: la arena blanquísima de Hyams Beach, el mar turquesa, los delfines residentes que se ven casi todo el año, las ballenas jorobadas que pasan en su migración y los canguros que salen a las playas al atardecer. Buena parte de sus aguas están protegidas dentro del Jervis Bay Marine Park, un parque marino que resguarda esa biodiversidad y que hace del snorkel, el buceo y el kayak experiencias inolvidables.
Los pueblos de Huskisson y Vincentia se transformaron en bases turísticas relajadas, con cafés, una cervecería, cruceros y alojamientos que van del camping al glamping de lujo. En temporada alta —verano, Año Nuevo, Semana Santa— la bahía se llena de familias de Sídney y Canberra, y el estacionamiento de Hyams se satura; fuera de esas fechas, en cambio, conserva un aire tranquilo y salvaje.
Pero, sobre todo, la bahía sigue siendo Country vivo. La comunidad de Wreck Bay mantiene su presencia y su vínculo con la tierra, cogestiona Booderee, cuida sus sitios sagrados y comparte, cuando lo decide, su conocimiento con los visitantes. Conocer la Bahía de Jervis en profundidad implica entender esas capas superpuestas: la del pueblo dharawal-dhurga que la llamó Booderee, la del almirante inglés que le dio otro nombre en 1791, la del enclave federal y naval del siglo XX, y la de la histórica devolución de la tierra que en 1995 empezó a corregir, al menos en parte, una larga injusticia.