Algunos de los árboles que rodean Villa Pehuenia ya estaban en pie cuando los conquistadores españoles pisaron América por primera vez: la araucaria o pehuén (Araucaria araucana) puede vivir más de mil años, y a su sombra un pueblo entero construyó su identidad. La región de Pehuenia, donde hoy se asienta la villa, es la tierra de este árbol majestuoso, que crece en los bosques de altura de los Andes neuquinos y del sur de Chile. Estos bosques no son solo un rasgo paisajístico: son el centro de la vida y la cultura de las comunidades mapuche-pehuenches, los 'gente del pehuén', cuyo nombre proviene precisamente de su íntima relación con este árbol.
Para los pehuenches, la araucaria era —y sigue siendo— un árbol sagrado y vital. Su semilla, el piñón, constituía un alimento fundamental: se recolectaba en otoño, se consumía fresco o se almacenaba y procesaba para hacer harinas, panes y otros alimentos que permitían pasar el invierno. La recolección del piñón estructuraba el calendario y la vida de estas comunidades, que se desplazaban estacionalmente y mantenían una relación de profundo respeto con los pehuenares.
Esa herencia sigue viva. La región está habitada por comunidades mapuches que conservan sus tradiciones, su lengua, su cosmovisión y sus prácticas ligadas al pehuén y al piñón. La presencia de la cultura originaria es uno de los rasgos distintivos de Villa Pehuenia y su entorno, y se expresa hoy también en el turismo comunitario, la gastronomía del piñón y emprendimientos gestionados por las propias comunidades, como el centro de nieve del cerro Batea Mahuida.
A diferencia de otros centros patagónicos de larga historia, Villa Pehuenia es un destino turístico joven: se fundó y desarrolló recién hacia fines del siglo XX, en torno a la costa del lago Aluminé, en un paraje que hasta entonces era poco accesible y escasamente poblado fuera de las comunidades mapuches. Su creación buscó aprovechar el extraordinario valor escénico de la zona —los lagos cristalinos, las montañas, los volcanes y, sobre todo, los bosques de araucarias— para un turismo de naturaleza.
La villa creció con un perfil tranquilo y de baja densidad, deliberadamente distinto del de los grandes centros masivos de la Patagonia. Se orientó al turismo de lagos y montaña en verano —playas, navegación, kayak, pesca, trekking— y al de nieve en invierno, con el pequeño centro de esquí Batea Mahuida. La cercanía del lago Moquehue, igualmente bello y aún más agreste, amplió la oferta de la microrregión.
Uno de los rasgos más notables del desarrollo de Villa Pehuenia es la convivencia entre la actividad turística y las comunidades mapuches preexistentes, que participan de la economía local a través del turismo comunitario, la gastronomía y las artesanías. Esa convivencia, poco frecuente en los destinos turísticos argentinos, se volvería con los años una de las marcas registradas del lugar.
Durante la mayor parte del siglo XIX, la cordillera neuquina y la región de Pehuenia fueron territorio indígena, fuera del control efectivo del Estado argentino. Los pehuenches y otros grupos mapuches mantenían sus circuitos de trashumancia, su comercio a ambos lados de los Andes y su autonomía. La frontera con el mundo criollo era difusa y, a menudo, conflictiva.
Esa situación cambió drásticamente con la llamada Campaña del Desierto, la ofensiva militar argentina que entre fines de la década de 1870 y la de 1880 sometió militarmente a los pueblos originarios de la Patagonia e incorporó sus territorios al Estado nacional. Las comunidades pehuenches y mapuches de la zona de Aluminé sufrieron las consecuencias: muertes, desplazamientos y la pérdida de gran parte de sus tierras ancestrales, que pasaron a manos del Estado y de particulares.
En 1881, el Tratado de Límites entre Argentina y Chile fijó la frontera en la cordillera, dividiendo el histórico territorio pehuenche entre ambos países. Con el tiempo, a las comunidades sobrevivientes se les reconocieron reservas y tierras, base de las actuales comunidades mapuches de la región, como la comunidad Puel, ligada hoy al cerro Batea Mahuida. Esta historia de despojo y resistencia es parte ineludible del trasfondo de Villa Pehuenia.
Uno de los rasgos más distintivos de Villa Pehuenia en las últimas décadas es el desarrollo del turismo comunitario gestionado por las propias comunidades mapuches. El ejemplo emblemático es el Parque de Nieve Batea Mahuida, ubicado sobre un antiguo volcán y administrado por la comunidad mapuche Puel: es uno de los pocos centros de esquí del país manejado por un pueblo originario, y se ha ganado fama por ser uno de los más accesibles de la Patagonia, con un perfil familiar y de baja escala.
Este modelo, que combina la actividad turística con el protagonismo de las comunidades, busca que el desarrollo no se haga a costa de la cultura local sino con su participación: artesanías, gastronomía del piñón, guiadas y emprendimientos de hospedaje permiten que parte del flujo turístico beneficie directamente a las familias mapuches. No está exento de tensiones —por la tierra, el agua y los límites del crecimiento—, pero representa un camino distinto al del turismo masivo.
Hoy Villa Pehuenia-Moquehue, constituida como municipio, se ha consolidado como uno de los destinos más auténticos y bellos de la Patagonia neuquina, donde el paisaje de araucarias, lagos y volcanes convive con la presencia viva de la cultura originaria que dio nombre a esta tierra del pehuén.
La institucionalización de Villa Pehuenia como localidad es un proceso sorprendentemente reciente. El 20 de enero de 1989, bajo la gobernación del ingeniero Pedro Salvatori, el Decreto N.º 153 creó el Comité de Fomento de Villa Pehuenia, con Raúl de Gregorio como primer titular a cargo. Ese organismo embrionario fue el que empezó a ordenar el crecimiento del incipiente poblado sobre la costa del lago Aluminé y a proyectarlo dentro de los planes de desarrollo provinciales, incluyendo por primera vez al turismo como actividad estratégica de la zona.
El salto institucional definitivo llegó el 3 de octubre de 2003, cuando la Ley provincial N.º 2439 declaró a Villa Pehuenia y Moquehue municipio de tercera categoría, convocando a elecciones abiertas y competitivas para el 6 de junio de 2004. Desde entonces, ambas localidades conforman una única unidad político-administrativa, aunque conservan identidades y paisajes bien diferenciados: Villa Pehuenia sobre el lago Aluminé, Moquehue sobre su lago homónimo, más recogido y agreste.
Este desarrollo institucional se articuló, desde el comienzo, con las comunidades mapuches preexistentes en el territorio. Mediante acuerdos con el Gobierno nacional se otorgaron tierras a las comunidades Puel y Catalán, ambas de raíz mapuche, que hoy residen en el territorio municipal: la comunidad Puel recibió tierras sobre la costa norte de los lagos Aluminé y Moquehue y en el área que los separa, mientras que la comunidad Catalán obtuvo tierras en la zona de Lonco Luan. Entre los primeros pobladores registrados se recuerda a Paulino Catalán, asentado en Villa Pehuenia, y a María, hija de don Carraha, que junto a su marido Vicente Escoda se instaló en la confluencia del río Litrán con la ruta 23. En paralelo, ya en la década de 1950, empresas madereras como Colombo y Álvarez & Durán habían comenzado a explotar los bosques de la zona de Moquehue, marcando una etapa previa de actividad económica ligada al bosque, antes de que el turismo se consolidara como el motor definitivo de la región.