Hay una forma de leer el Valle de Uco que muy pocos turistas conocen: no como la meca del malbec que es hoy, sino como un mirador. 'Tupungato' significa, en la interpretación más aceptada, 'mirador de estrellas' o 'balcón de observación', un nombre que los huarpes le dieron a este territorio mucho antes de que a nadie se le ocurriera plantar una vid a 1.200 metros de altura. Esa doble identidad —tierra de observación ancestral y tierra de vinos de clase mundial— es la clave para entender un departamento que hoy parece hecho a medida para el enoturismo, pero que arrastra siglos de historia mucho menos glamorosa.
El Valle de Uco, donde se asienta Tupungato, fue territorio del pueblo huarpe, hábiles agricultores que desarrollaron sistemas de riego para cultivar en los oasis al pie de la cordillera, en una región de clima árido. Los huarpes aprovechaban el agua de deshielo de los Andes mediante acequias, una tradición de manejo del agua que los españoles luego retomarían y que sigue siendo la base de la agricultura mendocina. El nombre 'Tupungato' proviene de lenguas indígenas y se asocia al volcán homónimo.
La región tuvo también un papel en la gesta independentista. El Valle de Uco y sus pasos cordilleranos formaron parte del escenario de la campaña de José de San Martín: una de las columnas del Ejército de los Andes utilizó pasos de esta zona en el cruce de la cordillera hacia Chile, en 1817. Así, estos valles al pie de los Andes quedaron ligados a la épica sanmartiniana, sumando una capa histórica al paisaje de montaña.
Durante buena parte de su historia, Tupungato fue una zona rural dedicada a la agricultura de oasis y la fruticultura, aprovechando el agua y los suelos al pie de la cordillera. Era un valle productivo y tranquilo, algo apartado del dinamismo de la capital mendocina, con una vida ligada al campo, las chacras y los frutales. Esa vocación agrícola sería la base sobre la que, décadas más tarde, se construiría su transformación en uno de los polos vitivinícolas más prestigiosos del mundo.
Antes de que existiera un pueblo, hubo una estancia religiosa. Hacia el siglo XVII, la Compañía de Jesús estableció en este sector del Valle de Uco una estancia que bautizó 'Jesús, María y José', dedicada a la explotación agrícola y ganadera con mano de obra indígena, siguiendo el mismo patrón que los jesuitas replicaron en otras zonas de Cuyo y del Río de la Plata. La estancia aprovechaba el sistema de acequias heredado de los huarpes para regar sus cultivos con el agua de deshielo que baja de la cordillera, la misma lógica hídrica que hoy sostiene los viñedos del valle.
A partir de ese núcleo jesuítico, la población civil española se fue consolidando, hasta que el 8 de noviembre de 1658 se establece formalmente la fundación de la localidad como asentamiento civil. Esa fecha —8 de noviembre— quedó grabada en el calendario local: hoy se celebra como el Día del Departamento de Tupungato, y buena parte de la comunidad la reconoce como un hito identitario, aunque en aquel momento el poblado era apenas un puñado de estancias dispersas en un territorio inmenso y semidesértico.
Curiosamente, la villa de Tupungato no fue desde el inicio la cabecera administrativa del departamento que lleva su nombre: ese rol lo tuvo primero la vecina localidad de La Arboleda. Recién en 1885, más de dos siglos después de la fundación de la estancia jesuítica, Tupungato fue designada oficialmente cabecera del departamento homónimo, consolidando su lugar como centro del actual distrito más chico y, paradójicamente, uno de los que más renombre internacional ganaría gracias al vino un siglo más tarde.
La gran transformación de Tupungato llegó en las últimas décadas, de la mano del boom vitivinícola del Valle de Uco. Aunque la viticultura existía en Mendoza desde tiempos coloniales, fue a partir de fines del siglo XX y comienzos del XXI cuando el valle —que comprende Tupungato, Tunuyán y San Carlos— se consolidó como una de las regiones de vinos de altura más prestigiosas del planeta, atrayendo inversiones nacionales e internacionales y proyectos de bodegas de primer nivel.
Las condiciones del valle resultaron ideales para vinos de gran calidad: la altura (que aporta luminosidad y amplitud térmica entre el día y la noche), los suelos pedregosos y pobres, el agua pura de deshielo y el clima seco favorecen la concentración y la elegancia de las uvas. El malbec encontró aquí una de sus máximas expresiones, junto con otras cepas, y los vinos del Valle de Uco comenzaron a cosechar premios y reconocimiento mundial.
Este auge cambió la fisonomía y la economía de Tupungato. Surgieron bodegas de diseño, lodges de viñedo, restaurantes gourmet y una completa oferta de enoturismo que convirtió al valle en un destino de referencia para los amantes del vino y la gastronomía. Sin perder del todo su carácter rural y frutícola, Tupungato pasó a ser sinónimo de vinos de altura, paisajes de viñedo frente a la cordillera y experiencias enológicas de excelencia.
El nombre del departamento y de toda la región está marcado por el volcán Tupungato, un coloso de unos 6.570 metros ubicado en la cordillera principal, en el límite con Chile. En la toponimia indígena, 'Tupungato' suele interpretarse como 'mirador de las estrellas' o 'balcón de observación', en alusión a su posición dominante sobre el valle. Para los pueblos originarios y luego para los pobladores criollos, la montaña fue siempre una referencia visual y simbólica: su silueta nevada ordena el paisaje y marca el horizonte hacia el oeste.
El volcán fue ascendido por primera vez de forma documentada en 1897 por los británicos Stuart Vines y Matthias Zurbriggen, integrantes de la expedición de Edward FitzGerald que ese mismo período exploró la zona del Aconcagua. Desde entonces, el Tupungato se consolidó como uno de los grandes desafíos del andinismo andino, una expedición técnica y de altura reservada a montañistas experimentados. Su entorno forma parte de áreas protegidas provinciales que resguardan la alta montaña, los glaciares y las nacientes de agua que alimentan al valle.
Esa misma altura que define al volcán terminó siendo la clave del éxito vitivinícola de la región. La viticultura de altura del Valle de Uco —con viñedos plantados muchas veces por encima de los 1.200 metros— aprovecha la intensa luminosidad, la gran amplitud térmica entre el día y la noche y el aire frío y seco que baja de las cumbres. Lo que durante siglos fue solo un imponente telón de fondo se reveló, con el tiempo, como la condición natural que haría de Tupungato una tierra de vinos excepcionales.
La Tupungato actual combina su tradición agrícola y frutícola con su papel de destino enoturístico de primer nivel en el Valle de Uco. El departamento conserva su carácter de valle rural y productivo —con sus chacras, frutales y pueblos tranquilos—, pero al mismo tiempo alberga algunas de las bodegas más reconocidas de la Argentina, con propuestas que van desde la visita y degustación hasta los menús de pasos maridados en restaurantes con vistas a la cordillera.
El turismo del vino se convirtió en uno de los motores de la zona, atrayendo a visitantes de todo el mundo que buscan recorrer los caminos del vino, conocer las bodegas, degustar los malbec de altura y disfrutar de la gastronomía y el paisaje. La oferta de alojamiento se diversificó, con lodges de viñedo y hoteles boutique de alta gama que permiten alojarse entre las vides, frente a las montañas nevadas.
Coronado por el imponente volcán Tupungato, el departamento ofrece hoy una combinación difícil de igualar: vinos de clase mundial, gastronomía de excelencia, paisajes de viñedo al pie de los Andes y la calma de un valle rural. De tierra huarpe y oasis agrícola a capital de los vinos de altura, Tupungato encarna la transformación de Mendoza en uno de los grandes destinos enoturísticos del planeta.