Mucho antes de que un hotel señorial se asomara a la quebrada, esta agua ya era cosa de reyes. Literalmente: según la tradición recogida desde la época colonial, hasta estas vertientes calientes llegaban los curacas —los jefes indígenas que gobernaban, bajo el dominio del Imperio inca, los pueblos de la puna jujeña— desde Casabindo, en el departamento de Cochinoca, a unos 150 kilómetros al norte. Viajaban por la célebre red de caminos del imperio, el Qhapaq Ñan o Camino del Inca, en busca del bienestar del cuerpo, y atribuían a estas aguas poderes mágicos y carácter sagrado. Cuando los conquistadores españoles llegaron a la zona, tomaron esa referencia y bautizaron el paraje como 'Termas de los Reyes'. El uso lo simplificó: Termas de Reyes.
La región de la actual San Salvador de Jujuy y la quebrada del río Reyes fue, mucho antes de la conquista, territorio de pueblos andinos. Jujuy fue una zona de gran complejidad cultural, en la encrucijada entre la puna de altura, los valles templados y la selva de yungas que cubre las laderas orientales. Por allí habitaron y circularon pueblos de raíz omaguaca, atacameña y otras parcialidades andinas, en contacto con las grandes culturas del altiplano.
Estos pueblos conocían y aprovechaban los recursos de la montaña, entre ellos las fuentes de agua caliente que brotan en distintos puntos del noroeste por la actividad geotérmica de la cordillera. Las aguas termales de Reyes, que siglos más tarde darían fama al lugar, hunden sus raíces en ese conocimiento ancestral de la tierra: el turista que hoy se sumerge en las piletas repite, sin saberlo, un rito que lleva más de quinientos años.
La ciudad de San Salvador de Jujuy fue fundada en 1593 por Francisco de Argañarás y Murguía, tras varios intentos previos frustrados por la resistencia de los pueblos originarios. La ciudad se estableció en un punto estratégico del camino que conectaba el Río de la Plata con el Alto Perú (la actual Bolivia y, más allá, el centro minero de Potosí), lo que la convirtió en una posta clave del Camino Real durante el período colonial.
A lo largo de la época colonial y de las guerras de la independencia, Jujuy fue una ciudad de frontera, escenario de conflictos y de un episodio heroico célebre: el Éxodo Jujeño de 1812, cuando, por orden del general Manuel Belgrano, toda la población abandonó la ciudad y arrasó cuanto pudiera servir al enemigo para frenar el avance realista. Esa gesta es uno de los grandes hitos de la historia jujeña.
La quebrada del río Reyes y su paraje quedaron en las cercanías de la ciudad colonial, como parte de su entorno natural inmediato. Las aguas termales del lugar siguieron siendo conocidas y visitadas —a fines del siglo XIX ya existían instalaciones precarias para los bañistas—, pero su aprovechamiento turístico organizado recién llegaría en el siglo XX.
El gran atractivo natural de Reyes son sus aguas termales, que brotan de la montaña a alta temperatura como resultado de la actividad geotérmica de la cordillera de los Andes. Estas aguas mineralizadas, conducidas a piletas y presentes en las cascadas naturales del río, han sido tradicionalmente valoradas por sus propiedades relajantes y por el bienestar que produce sumergirse en ellas.
Lo que hace excepcional al lugar es su entorno: las termas están enclavadas en plena selva de yungas, también llamada nuboselva o selva de montaña, un ecosistema subtropical húmedo que cubre las laderas orientales de las montañas jujeñas. La yunga es un mundo verde y exuberante de árboles altos, helechos, lianas y una enorme biodiversidad, muy distinto de la imagen árida que muchos asocian con el noroeste.
La quebrada del río Reyes, por la que asciende el camino a las termas, combina paredes de selva, cascadas y el caudal del río que baja de la montaña. Esa conjunción de agua termal caliente y selva subtropical fresca es lo que distingue a Termas de Reyes de otros centros termales del país y lo que cautivó a quienes lo desarrollaron como destino turístico.
El salto de las Termas de Reyes de paraje de bañistas a destino turístico de primer nivel se dio en apenas seis años, y fue una epopeya de ingeniería de montaña. En 1932, un inmigrante italiano de apellido Mazueli levantó una casa de madera frente a la vertiente termal: fue el pionero del alojamiento en el lugar. Al año siguiente, en 1933, los derrumbes obligaron a abandonar el viejo acceso que bordeaba el río Reyes y comenzó la difícil construcción de un camino nuevo, el actual, que trepa por las cornisas y serpentea entre los cerros.
Sobre esa base se levantó la obra mayor: el Gran Hotel Casino Termas de Reyes, proyectado por el arquitecto cordobés Jaime Roca junto al maestro mayor de obras Santiago Lucarde. Las piedras de su construcción se transportaron a lomo de mula por la quebrada, y los ladrillos llegaron desde la cortada de Guerrero. En noviembre de 1938, el hotel se inauguró con una gran recepción: era uno de los pocos grandes hoteles de turismo de la Argentina fuera de Buenos Aires, con casino incluido, y puso a las termas jujeñas en el mapa del turismo nacional.
La historia posterior del edificio acompañó los vaivenes del país. En 1946 pasó a funcionar como hogar escuela para niños, en la órbita de la Fundación Eva Perón. Restaurado, reabrió como hotel en 1958 —ese año fue sede de un congreso internacional de rotarios— y en 1960 reactivó su casino. En 1975 cerró sus puertas y pasó décadas de esplendor apagado, hasta que en 1999 fue concesionado a una empresa local, Las Almonas S.A., que encaró la remodelación integral que lo convirtió en el actual hotel y spa termal de cuatro estrellas.
Hoy Termas de Reyes sigue siendo uno de los destinos termales más emblemáticos del noroeste argentino y un clásico de la oferta turística de Jujuy. El complejo, con sus piletas de aguas termales de 35 a 40 grados, sus servicios de spa y su histórico hotel de 1938, atrae a quienes buscan descanso, bienestar y el contacto con el entorno único de la selva de yungas y la quebrada del río Reyes.
Su cercanía con San Salvador de Jujuy —a apenas 19 kilómetros— lo convierte en una escapada cómoda, ideal tanto para una visita de un día como para una estadía de descanso de varias noches. Muchos viajeros lo combinan con el recorrido por la capital jujeña y por los grandes atractivos de la provincia, como la Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2003.
La historia de Termas de Reyes resume bien la del turismo de naturaleza y bienestar en el norte argentino: unas aguas sagradas visitadas por los 'reyes' andinos desde tiempos del Imperio inca, un paraje de bañistas del siglo XIX, un gran hotel casino de los años 30 construido a lomo de mula, y un presente de spa y piletas termales que conserva intacto su mayor tesoro: la combinación de agua caliente, selva exuberante y montaña que lo hace inconfundible.