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Historia de Tafí del Valle

La cultura Tafí, la más antigua del valle

Hay piedras en este valle que ya estaban de pie cuando Roma era un imperio joven. Los menhires de Tafí —monolitos tallados con rostros y figuras hace más de dos mil años— son la firma de la cultura Tafí, considerada la sociedad agroalfarera más antigua de la actual provincia de Tucumán. Y son apenas la parte visible de una historia mucho más larga: la de un valle de altura que fue, sucesivamente, santuario prehispánico, estancia jesuítica, cuna quesera y refugio de veraneo. Hasta el nombre viene de lejos: 'Tafí' derivaría del cacán 'Taktikllakta', que suele traducirse como 'pueblo de la entrada espléndida'.

La cultura Tafí se desarrolló al oeste de la actual provincia y estaba formada por pueblos agricultores que cultivaban sobre todo maíz en terrazas y andenes, criaban llamas y complementaban su dieta con la caza. Vivían en unidades de viviendas circulares de piedra unidas por un patio central, cuyos vestigios todavía se distinguen en sitios como Las Margaritas o el pucará de la zona de El Pelao, y enterraban a sus muertos en urnas y cistas bajo los pisos de las casas.

Los arqueólogos suelen dividir esta cultura en dos grandes fases: Tafí I o 'La Angostura' (aproximadamente del 300 a.C. al 400 d.C.) y Tafí II o 'Carapunco' (del 400 al 900 d.C.). De aquellas comunidades quedan las terrazas de cultivo, los recintos de piedra y, sobre todo, los monumentos que volvieron célebre al valle: los menhires. Esa raíz prehispánica sigue presente en la identidad de Tafí, en su toponimia y en la cerámica de la región.

https://tucupedia.gob.ar/w/index.php?title=Cultura_Taf%C3%ADhttps://www.argentina.gob.ar/capital-humano/cultura/monument

Los menhires: qué son y qué significan

Los menhires de Tafí son un conjunto de monolitos de piedra tallados por los habitantes del valle hace más de dos mil años. Algunos alcanzan los 3 metros de altura y varias toneladas de peso, y muchos llevan grabados rostros humanos, animales y figuras geométricas o amorfas. La palabra 'menhir' es de origen celta y significa 'piedra larga', pero para estas piedras sería más apropiado el término quechua 'huanca' o 'wanka', que designa a las piedras protectoras y promotoras de los cultivos y el ganado.

Hoy estos monolitos se conservan en el Museo a cielo abierto Los Menhires, en El Mollar, a orillas del dique La Angostura, donde fueron reunidos para protegerlos. Es una de las concentraciones de arte megalítico más importantes de Sudamérica: cerca de medio centenar de piedras plantadas frente a las montañas del Aconquija. Su traslado y concentración en el parque fue, además, motivo de una de las polémicas patrimoniales más sonadas de la arqueología argentina, que merece capítulo aparte.

Habrían tenido un valor ritual y religioso, ligado a la protección y promoción de los cultivos y el ganado (sentido de las 'huancas' andinas), interpretación que muchos especialistas consideran predominante.
Podrían haber funcionado como marcadores astronómicos o relojes solares, asociados al calendario agrícola.
Otra lectura los vincula a símbolos fálicos y de fertilidad, o a representaciones de jerarquías sociales o religiosas dentro de la comunidad.
https://www.argentina.gob.ar/capital-humano/cultura/monumenthttps://www.welcomeargentina.com/tafidelvalle/reserve_los_mehttps://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1668-8104200700010

El 'secuestro' de los menhires: 1977 y la restitución de 2002

En 1977, en plena dictadura militar, los menhires fueron arrancados de sus lugares. El gobierno de facto de Antonio Domingo Bussi en Tucumán decidió retirar los monolitos dispersos por el valle —muchos seguían de pie donde los habían plantado sus talladores, otros estaban en campos privados, y los pobladores fueron obligados a entregar las piezas que tenían en sus predios— para reunirlos en un flamante 'Parque Provincial Los Menhires' en El Mollar, con un fin exclusivamente turístico y sin ningún criterio científico.

Para la arqueología fue un desastre: al sacar las piedras de su contexto original se destruyó buena parte de su valor científico —la posición, la orientación y la asociación de cada menhir con sitios de vivienda o cultivo eran datos irrecuperables—, y sobre los daños sufridos por las piezas durante los traslados se tendió un manto de silencio. Durante décadas, los menhires permanecieron en aquel parque como atracción descontextualizada, mientras arqueólogos y vecinos reclamaban una reparación.

La respuesta llegó recién con el nuevo siglo. Por iniciativa de los propios habitantes de El Mollar se puso en marcha un Plan de Restitución de los Menhires, iniciado en el año 2000, y el 24 de marzo de 2002 —fecha elegida con toda intención, aniversario del golpe de 1976— comenzó el traslado de las piezas al predio de La Sala, junto a la plaza de El Mollar, donde hoy funciona la reserva arqueológica que visita el público. La saga de los menhires terminó convertida en un caso de estudio sobre patrimonio, memoria y comunidad: las piedras que la dictadura movió por decreto volvieron a acomodarse, al menos en parte, por voluntad de los vecinos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Reserva_arqueol%C3%B3gica_Los_https://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1668-8104200700010https://www.lagaceta.com.ar/nota/1132946/opinion/recuerdos-fhttps://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-341

Los jesuitas y la tradición del queso tafinisto

En tiempos coloniales, el valle de Tafí pasó a manos de la Compañía de Jesús. Hacia 1718 estas tierras fueron adquiridas por los jesuitas, que establecieron una estancia dedicada a la cría de ganado y a la producción rural, y dejaron una marca profunda en la vida del valle. A ellos se atribuye el origen de una de las industrias más antiguas de Tucumán: la elaboración del queso, que con el tiempo se volvió el queso tafinisto, de pasta semidura y producción artesanal, hoy símbolo gastronómico de la zona.

Cuando Carlos III expulsó a los jesuitas de todos los dominios españoles en 1767, la estancia de Tafí fue confiscada y pasó por la Junta de Temporalidades a manos de familias particulares, que continuaron la actividad ganadera y quesera. La receta sobrevivió al imperio, a la independencia y a dos siglos de cambios de dueños: el queso siguió haciéndose de generación en generación en los puestos y estancias del valle, con leche de vaca y cuajo natural, igual que entonces.

De aquella herencia jesuítica quedan testimonios concretos: la capilla y el conjunto de La Banda —hoy Museo Jesuítico La Banda, restaurado y reabierto en 2024— y la estancia de Las Carreras, que mantiene viva la tradición rural y quesera. Cada febrero, Tafí del Valle celebra la Fiesta Nacional del Queso, con desfiles de agrupaciones gauchas, destrezas criollas, ferias regionales y el concurso del Queso de Oro.

https://www.welcomeargentina.com/tafidelvalle/outings.htmlhttps://tafidelvalle.com/fiesta-nacional-del-quesohttps://www.turismoruta40.com.ar/tafi-del-valle.htmlhttps://www.tucumanturismo.gob.ar/articulos/articulo/751/mus

El camino del Infiernillo y los Valles Calchaquíes

El valle de Tafí no fue un lugar aislado: por aquí pasaba un ramal del camino del inca, la gran red vial andina, que ascendía desde Amaicha, cruzaba el actual Abra del Infiernillo y bajaba por la Quebrada del Portugués hacia la zona de Tucumán. Por esa misma ruta ancestral avanzaron luego los conquistadores: Diego de Rojas, partiendo del Cusco en 1543, cruzó por Amaicha del Valle y ascendió por el río Infiernillo atravesando las cumbres del Aconquija, en la primera expedición española que pisó el actual territorio argentino por el norte.

Hoy el Abra del Infiernillo, a 3.042 metros sobre el nivel del mar, sigue siendo el portal entre Tafí y los Valles Calchaquíes: desde allí la RP307 desciende hacia Amaicha del Valle y, más adelante, hacia las ruinas de los Quilmes y la zona de Santa María y Cafayate. Ese rol de cruce de caminos —entre la selva de yungas tucumana, el valle de altura y los valles calchaquíes áridos— explica buena parte de la riqueza cultural de Tafí: en pocos kilómetros conviven tres pisos ecológicos y tres mil años de historia de circulación humana.

https://es.wikipedia.org/wiki/Abra_del_Infiernillohttps://larutanatural.gob.ar/es/imperdible/116/valles-calcha

Tafí del Valle hoy: del arreo al veraneo

Durante buena parte de su historia, subir a Tafí fue una pequeña aventura: hasta bien entrado el siglo XX, el valle se alcanzaba por sendas de herradura, a caballo o en mula, trepando la selva de la Quebrada de los Sosa. La apertura de la ruta provincial 307, que serpentea desde Acheral entre yungas y cascadas, cambió el destino del valle: las familias tucumanas descubrieron que a dos horas y media de la capital había un microclima templado y seco, a 2.000 metros de altura, perfecto para escapar del calor agobiante del llano.

Así, con el correr del siglo XX, Tafí del Valle se consolidó como el refugio serrano de los tucumanos. Estancias, hosterías y cabañas fueron dándole forma a un destino de descanso, trekking, cabalgatas y actividades náuticas en el dique La Angostura, el embalse que desde los años sesenta refleja las cumbres del Aconquija en la cabecera sur del valle.

Hoy Tafí combina su enorme legado prehispánico —los menhires, la cultura Tafí— con la herencia jesuítica y quesera y un entorno natural imponente. Es base para recorrer El Mollar, subir al Cerro de la Cruz o al Cerro El Pelao, visitar el Museo Jesuítico La Banda y seguir camino hacia los Valles Calchaquíes por el Abra del Infiernillo. Historia milenaria, queso artesanal y montañas se dan la mano en un mismo valle de altura.

https://www.quieroviajarsola.com/argentina/noroeste/que-hacehttps://www.turismoruta40.com.ar/tafi-del-valle.html

📚 Bibliografía

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