En enero, las peatonales de Santa Teresita y San Bernardo laten con cientos de miles de turistas; hace apenas un siglo, aquí no había más que médanos, viento y hacienda de las estancias del Tuyú. Así se llama —'Tuyú', voz de origen guaraní que suele traducirse como 'barro' o 'barroso'— el extremo norte de la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires, una franja de médanos, playas y humedales que durante mucho tiempo perteneció a grandes estancias del extenso partido de General Lavalle, ligada a la ganadería y a los bañados de la Bahía de Samborombón.
Con el avance del turismo de playa en la Argentina a lo largo del siglo XX, sobre esta costa fueron surgiendo, uno tras otro, numerosos balnearios contiguos, desde San Clemente del Tuyú al norte hasta Mar de Ajó al sur. Santa Teresita y San Bernardo se contaron entre los que más crecieron, desarrollándose como villas de veraneo familiar sobre los médanos.
El notable crecimiento poblacional y turístico de esta hilera de balnearios llevó, en 1978, a la creación del Partido de la Costa, que se desprendió del partido de General Lavalle para administrar de manera independiente a este conjunto de localidades. Así, lo que había sido tierra de estancias y médanos se transformó en uno de los polos de veraneo más populares y accesibles del país.
El desarrollo turístico de Santa Teresita y San Bernardo siguió el patrón de las villas de veraneo del litoral bonaerense: el loteo de las tierras costeras, la urbanización progresiva sobre los médanos y la construcción de viviendas, hoteles, cabañas, campings y comercios orientados a un turismo de clase media y familiar. La relativa cercanía a Buenos Aires y la accesibilidad de los precios los convirtieron en destinos muy populares.
A diferencia de los balnearios boscosos y tranquilos del sur de la costa, Santa Teresita y, sobre todo, San Bernardo desarrollaron un perfil animado y comercial, con peatonales repletas de tiendas, gastronomía y entretenimiento, y una vida nocturna que atrae especialmente a los jóvenes en el caso de San Bernardo. Santa Teresita sumó su clásico muelle de pesca como uno de sus íconos.
Dentro del Partido de la Costa, ambos balnearios se consolidaron como dos de los centros más concurridos y de mayor oferta turística, integrados a la continuidad de localidades que se suceden a lo largo de la costa del Tuyú. La cercanía de atractivos como San Clemente del Tuyú, con el parque Mundo Marino, y la Bahía de Samborombón completó el perfil de una zona pensada para el veraneo familiar masivo y accesible, que sigue siendo uno de los grandes destinos de playa de la Argentina.
Como muchos balnearios de la costa atlántica bonaerense, Santa Teresita y San Bernardo nacieron de la iniciativa de loteadores y emprendedores inmobiliarios que, en las primeras décadas del siglo XX, vieron en los médanos costeros la oportunidad de crear villas de veraneo. Santa Teresita comenzó a tomar forma como balneario hacia las décadas de 1940 y 1950, con el trazado de sus calles, la fijación de los médanos mediante forestación y la venta de lotes a familias de clase media que buscaban su lugar junto al mar. San Bernardo siguió un camino similar, consolidándose como villa balnearia en torno a la misma época.
Los primeros veraneantes llegaban por caminos todavía precarios y se alojaban en hosterías sencillas, casillas y las primeras casas de veraneo. La llegada de mejores rutas y, sobre todo, de los servicios de ómnibus de larga distancia desde Buenos Aires fue decisiva para democratizar el acceso: el veraneo en la costa dejó de ser un privilegio de pocos y se volvió una tradición popular argentina. La construcción del muelle de pesca de Santa Teresita se convirtió pronto en uno de los símbolos del lugar, y con los años se transformó en el punto de referencia obligado para quien buscaba fotografiar el amanecer sobre el Atlántico o simplemente caminar mar adentro sobre la estructura de hormigón.
Ese espíritu de villa familiar, levantada lote a lote sobre la arena por pioneros y veraneantes, sigue marcando la identidad de estos balnearios. A lo largo de las décadas, la urbanización fue ganando terreno a los médanos, los servicios se multiplicaron y las localidades crecieron, pero conservaron su perfil de destino accesible y de veraneo masivo, fiel a sus orígenes de mediados del siglo XX.
Un capítulo aparte, ligado a esta misma franja costera, es el del Faro Punta Médanos, en el extremo sur del Partido de la Costa, sobre la RP 11 entre Mar de Ajó y Pinamar. Fabricado en París por la casa Barbier, Bernard & Turenne, traído desarmado en barco y librado al servicio en 1893, mide 59 metros —uno de los faros más altos de la Argentina— y guarda en su interior 298 escalones en espiral. Incorporado por ley al sistema de Faros Centenarios como monumento histórico, sigue en pie rodeado de un vasto campo de médanos vivos que el viento y el mar modelan sin urbanización a la vista. Ese paisaje intacto contrasta con la vida bulliciosa de los balnearios y explica por qué las travesías 4x4 por los médanos se volvieron uno de los paseos más buscados por quienes veranean en Santa Teresita y San Bernardo y quieren ver el otro paisaje de esta costa, el de antes de los loteos.
Hoy, Santa Teresita y San Bernardo se cuentan entre los destinos de playa más concurridos de la Argentina, recibiendo cada verano a cientos de miles de turistas, sobre todo de Buenos Aires y del centro del país. El Partido de la Costa, del que forman parte junto a San Clemente del Tuyú, Mar del Tuyú, Mar de Ajó y otros balnearios, basa buena parte de su economía en el turismo estacional, con un pico marcado en enero y febrero y una temporada que se extiende de diciembre a Semana Santa.
En las últimas décadas, los balnearios han buscado diversificar su oferta para sostener la actividad y atraer visitantes fuera de la temporada alta: fines de semana largos, turismo de pesca, propuestas culturales y de naturaleza, y la cercanía de atractivos como Mundo Marino, las Termas Marinas y las reservas de la Bahía de Samborombón. San Bernardo afianzó su perfil joven y nocturno, mientras Santa Teresita reforzó su carácter familiar y su muelle como ícono.
Los desafíos del presente combinan lo turístico y lo ambiental: gestionar el fuerte impacto del turismo masivo, cuidar las playas y los médanos, mejorar la infraestructura y desestacionalizar la economía. Pese a ello, el atractivo esencial sigue intacto: playas amplias y seguras, precios accesibles, vida comercial intensa y la cercanía a Buenos Aires hacen de Santa Teresita y San Bernardo dos clásicos del veraneo popular argentino, que cada temporada renuevan su convocatoria.