Antes de ser una ruta turística, el corredor que hoy une Villa La Angostura con San Martín de los Andes era —y sigue siendo— un paisaje moldeado por los glaciares a lo largo de miles de años. Los grandes lagos que jalonan el recorrido (Espejo, Correntoso, Villarino, Falkner, Lácar, entre otros) ocupan cubetas excavadas por el hielo durante las glaciaciones, rodeadas de bosque andino-patagónico de coihues, lengas, ñires y, más al norte, araucarias.
Este territorio de bosques, lagos y montañas estuvo habitado durante siglos por pueblos originarios que se desplazaban por la región aprovechando los pasos cordilleranos y los recursos del bosque y del agua. Entre los siglos XVIII y XIX, en el marco del proceso de araucanización, comunidades mapuches se asentaron en toda esta franja de la cordillera neuquina, integrándose con las poblaciones previas.
La huella de esa presencia originaria está grabada en la toponimia de la zona: nombres como Lácar, Meliquina, Machónico o Traful remiten a esa raíz. Los lagos y los caminos que hoy recorren los viajeros fueron, mucho antes, rutas de paso, caza y comunicación de los pueblos que conocían cada rincón de este paisaje.
La historia de la Ruta de los Siete Lagos como recorrido turístico está íntimamente ligada al desarrollo de los parques nacionales en la Patagonia. La creación del Parque Nacional Nahuel Huapi, en 1934, y del Parque Nacional Lanín, en 1937, puso bajo protección un vasto territorio de bosques, lagos y montañas y, a la vez, impulsó la construcción de infraestructura para hacerlo accesible.
Bajo la dirección de la administración de parques —en la que tuvo un papel destacado Exequiel Bustillo— y con la intervención de Vialidad Nacional, se trazaron y mejoraron caminos que conectaran los principales atractivos de la región de los lagos. Entre ellos, la ruta que bordea esta sucesión de lagos cordilleranos, integrando Villa La Angostura con San Martín de los Andes a través de ambos parques.
A lo largo del siglo XX, ese trazado se fue consolidando como un itinerario panorámico cada vez más recorrido. La sucesión de espejos de agua visibles desde el camino le dio, con el tiempo, su nombre popular: 'Camino de los Siete Lagos' o 'Ruta de los Siete Lagos', por los siete grandes lagos que se aprecian desde la traza principal —Espejo, Correntoso, Escondido, Villarino, Falkner, Machónico y Lácar—, hoy parte de la Ruta Nacional 40.
Durante buena parte del siglo XX, gran parte del Camino de los Siete Lagos fue de ripio. Ese carácter de camino de tierra, sinuoso y a veces exigente, le daba un aire aventurero que formaba parte de su encanto y de su leyenda entre viajeros, mochileros y cicloturistas que se animaban a recorrerlo.
La pavimentación del tramo principal de la Ruta Nacional 40 entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes, completada en años recientes, transformó la experiencia: el recorrido se volvió más cómodo, seguro y accesible para todo tipo de vehículos, y se consolidó como uno de los paseos panorámicos más visitados de la Argentina. Hoy es una postal obligada de cualquier viaje a la región de los lagos.
En los últimos años, además, distintas iniciativas propusieron ampliar el concepto, sumando al recorrido otros lagos accesibles desde la ruta —como el Meliquina o el Lolog—, lo que dio lugar a denominaciones como 'Paseo de los Ocho Lagos' o incluso 'Paseo de los Nueve Lagos'. Más allá de cómo se lo llame, el espíritu del camino sigue intacto: recorrer despacio, parar en los miradores y dejarse maravillar por una de las sucesiones de lagos y bosques más hermosas de la Patagonia.
Los dos extremos de la ruta nacieron como pueblos de frontera y colonización en la primera mitad del siglo XX, vinculados a los parques nacionales. San Martín de los Andes fue fundada el 4 de febrero de 1898, durante el proceso de afianzamiento de la soberanía argentina en la cordillera neuquina, en el marco del litigio limítrofe con Chile. Emplazada a orillas del lago Lácar, dentro de lo que luego sería el Parque Nacional Lanín (creado en 1937), la localidad fue desarrollando con los años una arquitectura de montaña en madera y piedra, regulada para preservar su estética, que la convirtió en una de las ciudades más cuidadas de la Patagonia.
Villa La Angostura, en el extremo sur, se desarrolló a partir de la década de 1930 en la zona del istmo (la 'angostura') que une la península de Quetrihué con el continente, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Allí se encuentra el Parque Nacional Los Arrayanes, con su famoso bosque de arrayanes centenarios sobre la península. Conocida como 'el Jardín de la Patagonia', la villa creció como destino turístico de montaña y se consolidó como la puerta sur del Camino de los Siete Lagos.
Ambas cabeceras concentran hoy los servicios —hoteles, gastronomía, agencias, combustible— que hacen posible recorrer la ruta con comodidad, y son destinos en sí mismas, con sus playas, cerros de esquí (Chapelco y Bayo), excursiones náuticas y una fuerte impronta de cocina patagónica.
Con la pavimentación completa y la creciente promoción turística, la Ruta de los Siete Lagos se transformó en uno de los corredores escénicos más transitados de la Argentina, especialmente en la temporada estival, cuando miles de viajeros la recorren en auto, moto, bicicleta y excursión. Ese éxito plantea hoy el desafío de conciliar el turismo masivo con la conservación de un entorno protegido por dos parques nacionales.
La administración de Parques Nacionales y los municipios de las cabeceras trabajan sobre la gestión de los miradores, las áreas de acampe, la basura y la seguridad vial en un camino de montaña con mucho tránsito estacional. Los lagos, los bosques de coihues, lengas y araucarias y la fauna nativa conviven con una presión turística que crece año a año, lo que ha llevado a reforzar la señalización, los servicios y las campañas de cuidado ambiental.
Más allá de los debates sobre cuántos lagos 'cuenta' el recorrido o cómo promocionarlo, la Ruta de los Siete Lagos sigue siendo, ante todo, una invitación a viajar despacio por uno de los paisajes más célebres de la Patagonia: una sucesión de espejos de agua, bosques y montañas que condensa lo mejor de la región de los lagos en poco más de cien kilómetros.