Rosario tiene una particularidad que la distingue de casi todas las grandes ciudades argentinas: no tiene fecha de fundación ni acta fundacional, ni un fundador reconocido. No nació de un acto formal, sino de un proceso espontáneo de poblamiento, favorecido por una ubicación privilegiada sobre el río Paraná y en el cruce de los caminos reales que comunicaban el interior con Buenos Aires.
Durante el siglo XVII, la zona empezó a poblarse en el marco de lo que se conoció como el 'Pago de los Arroyos', una región de campos y arroyos sobre la margen del Paraná. Pequeños grupos de pobladores, estancias y un caserío disperso fueron asentándose sin un plan oficial. El nombre 'Rosario' proviene de la devoción a la Virgen del Rosario: la capilla levantada en su honor —la 'Capilla del Rosario del Pago de los Arroyos'— dio nombre tanto al templo como, con el tiempo, al poblado que creció a su alrededor.
Esta ausencia de un origen formal hace que la historia temprana de Rosario sea, en parte, una cuestión de interpretación: distintos hitos —la capilla, la conformación del curato, su reconocimiento como villa y luego como ciudad— se proponen como puntos de partida, sin que haya un único momento fundacional. Es, por definición, una ciudad que se hizo a sí misma.
El episodio que marcó para siempre la identidad de Rosario ocurrió durante las guerras de la independencia. En febrero de 1812, el general Manuel Belgrano llegó a la entonces humilde Villa del Rosario, a orillas del Paraná, para instalar baterías que defendieran la costa de las incursiones realistas. Mandó construir dos baterías a las que llamó 'Independencia' y 'Libertad'.
Fue allí, el 27 de febrero de 1812, a orillas del Paraná, donde Belgrano enarboló por primera vez una bandera celeste y blanca, creada como distintivo para sus tropas. Aquel gesto, nacido de una necesidad militar, se convirtió en uno de los momentos fundacionales de la simbología patria: la primera enseña de lo que sería la bandera argentina flameó por primera vez en Rosario. Por eso la ciudad es conocida como la 'Cuna de la Bandera'.
En homenaje a ese hecho se erigió, en el lugar, el Monumento Nacional a la Bandera. Tras un largo proceso de proyectos —la piedra fundamental se colocó en 1898—, la obra definitiva, diseñada por los arquitectos Ángel Guido y Alejandro Bustillo en estilo clasicismo despojado, comenzó a construirse en 1943 y se inauguró el 20 de junio de 1957, fecha del Día de la Bandera y del aniversario de la muerte de Belgrano. Imponente, a la vera del río, se convirtió en el gran símbolo de Rosario y en lugar de homenaje nacional a la enseña patria.
La gran transformación de Rosario llegó en el siglo XIX, de la mano de su puerto sobre el río Paraná. Su ubicación estratégica, en una de las regiones agrícolas más fértiles del país y con acceso a la navegación fluvial, la convirtió en una de las principales salidas de la producción del interior y de la pampa hacia los mercados internacionales.
Reconocida como ciudad a mediados del siglo XIX, Rosario creció a un ritmo vertiginoso. La llegada del ferrocarril, que conectaba el campo con el puerto, y la gran inmigración europea —italianos, españoles y de muchas otras nacionalidades— multiplicaron su población y su actividad. Granos, harinas y otros productos partían desde sus muelles, y la ciudad se llenó de comercios, industrias, bancos y una vibrante vida cultural. Se la llegó a llamar la 'Chicago argentina' por su pujanza comercial y su crecimiento explosivo.
Ese perfil de gran ciudad portuaria, industrial y cosmopolita definió a Rosario. Sin ser capital de provincia —la capital de Santa Fe es la ciudad homónima—, se consolidó como la urbe más poblada de su provincia y una de las más importantes de la Argentina, con una identidad propia, abierta y trabajadora, marcada por el río que le dio origen y prosperidad.
Rosario es también la ciudad natal de dos figuras de fama mundial, muy distintas entre sí pero igualmente célebres: Ernesto 'Che' Guevara y Lionel Messi. Esa doble cuna —la del revolucionario y la del astro del fútbol— es parte del orgullo y de la identidad contemporánea de la ciudad.
Ernesto Guevara de la Serna, el 'Che', nació en Rosario en 1928 (registrado el 14 de junio, aunque existe una conocida controversia que ubicaría su nacimiento real un mes antes, el 14 de mayo, dato que habría sido modificado en el acta por motivos familiares). Médico, viajero y figura central de la Revolución Cubana, se convirtió en un ícono político del siglo XX. Rosario conserva sitios ligados a su memoria, como la casa donde nació y monumentos en su homenaje, que generan tanto admiración como debate.
Décadas más tarde, el 24 de junio de 1987, nació en Rosario Lionel Messi, considerado uno de los mejores futbolistas de la historia. Formado en el club Newell's Old Boys antes de emigrar muy joven a España, Messi llevó el nombre de la ciudad por todo el mundo y coronó su carrera consagrándose campeón del mundo con la selección argentina. Junto al fútbol y a la bandera, su figura completa el mosaico de íconos que hicieron de Rosario una ciudad célebre mucho más allá de sus fronteras.
Si Rosario es la cuna de la bandera, también puede reclamar el título de cuna del rock nacional. En la primera mitad de los años sesenta, un grupo de músicos rosarinos formó Los Gatos Salvajes, liderados por un joven llamado Litto Nebbia. De esa escena nació, en 1965, 'La respuesta', señalada por muchos como la primera canción de rock cantada en español. Poco después, Nebbia y Los Gatos grabarían 'La balsa', el himno que marcó el nacimiento del rock argentino como movimiento. Que todo empezara en Rosario no es un detalle menor: la ciudad portuaria, abierta y cosmopolita, fue tierra fértil para la música joven.
Décadas más tarde, en los años ochenta, Rosario volvió a dar que hablar con la explosión de la Trova Rosarina, un movimiento de cantautores que renovó la canción argentina en plena salida de la dictadura. Nombres como Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Rubén Goldín, Jorge Fandermole y, sobre todo, un joven pianista llamado Fito Páez —nacido en Rosario en 1963— salieron de esa camada para convertirse en figuras centrales de la música argentina. Fito, con discos como 'El amor después del amor', llevaría el nombre de su ciudad natal a toda Latinoamérica.
El talento rosarino desbordó la música. De Rosario son también el genial dibujante y escritor Roberto 'el Negro' Fontanarrosa (1944-2007), creador de Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso y uno de los grandes humoristas argentinos, y el actor cómico Alberto Olmedo, ídolo popular del cine y la televisión. A ellos se suman deportistas, artistas plásticos y escritores que hicieron de Rosario una usina de cultura desproporcionada para su tamaño. Ese cruce de río, inmigración, fútbol, política y arte explica por qué Rosario, sin ser capital, es una de las ciudades con identidad más fuerte y creativa de la Argentina.