Antes de llamarse Posadas, esta ciudad se llamó Trinchera. No es un dato menor: significa que, mucho antes de convertirse en la capital tranquila que hoy pasea a sus habitantes en tereré por la costanera más larga del país, este lugar fue un puesto militar en disputa, levantado por tropas paraguayas para controlar el paso sobre el Paraná. De esa trinchera de guerra a la actual capital misionera hay casi dos siglos de historia de frontera, guerras y refundaciones, que explican por qué Posadas tiene hoy una identidad tan mestiza entre lo argentino y lo paraguayo.
El lugar donde hoy se levanta Posadas tuvo una larga historia antes de ser ciudad. La zona, sobre la margen izquierda del río Paraná frente a la actual Encarnación paraguaya, era conocida en tiempos coloniales como Rinconada de San José, dentro del territorio de influencia de las misiones jesuíticas de guaraníes que se extendían por toda la región. Era un paso natural sobre el río, un punto de cruce y de comercio entre las dos orillas.
Hacia 1840, en el marco de las tensiones de la época, el gobierno paraguayo mandó levantar en este sitio una trinchera militar para controlar y proteger el flujo comercial por el río. De ahí surgió el nombre con el que el lugar empezó a conocerse: 'Trinchera de los Paraguayos'. La presencia paraguaya en la zona se mantuvo durante años, hasta que la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) reconfiguró por completo el mapa de la región.
Tras la Guerra de la Triple Alianza, la zona quedó bajo control de la provincia de Corrientes. En 1870, el gobierno correntino dictó la ley que creaba el departamento de Candelaria y designaba a 'Trinchera de San José' como cabecera de sus autoridades. Esa fecha —8 de noviembre de 1870— suele tomarse como la de la fundación de la ciudad.
Unos años después, en 1879, la legislatura de Corrientes aprobó cambiarle el nombre a la ciudad: dejó de llamarse Trinchera de San José para pasar a llamarse Posadas. El nombre es un homenaje a Gervasio Antonio de Posadas, que había sido Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata a comienzos de la independencia. Así, una vieja trinchera militar sobre el Paraná se convertía en una ciudad con nombre propio, en pleno crecimiento.
El gran giro institucional llegó pocos años después. En 1881, en el marco de la organización nacional, Corrientes cedió la ciudad de Posadas a la recién creada Gobernación (Territorio Nacional) de Misiones, y Posadas se convirtió en su capital. Desde entonces, la ciudad creció como centro administrativo, comercial y portuario de todo el territorio misionero.
Durante décadas, Misiones fue un Territorio Nacional, es decir, dependiente directamente del gobierno central y sin la autonomía de una provincia. Recién en 1953, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, Misiones fue provincializada, y Posadas quedó confirmada como su capital. La ciudad acompañó ese proceso transformándose en el corazón político y cultural de una provincia con un perfil único: selva, yerba mate, té, herencia jesuítica-guaraní e inmigración europea.
Ninguna mirada a Posadas y a Misiones está completa sin Andrés Guacurarí, conocido como Andresito. Caudillo de origen guaraní-misionero, fue un líder militar y político de las primeras décadas del siglo XIX, comandante de Misiones bajo la influencia de José Gervasio Artigas durante las guerras de la independencia. Defendió el territorio misionero frente a portugueses y paraguayos y se convirtió en un símbolo de la identidad regional.
En la costanera de Posadas, un imponente monumento de acero inoxidable de varios metros de altura lo recuerda, mirando hacia el río. Andresito encarna el orgullo misionero por su raíz guaraní y por una historia propia, distinta de la de Buenos Aires: la de las misiones jesuíticas, la del mestizaje cultural y la de una frontera viva entre Argentina, Paraguay y Brasil.
La Posadas actual es una ciudad moderna y pujante, capital de Misiones, con una de las costaneras más extensas y disfrutables de la Argentina sobre el río Paraná. El puente internacional San Roque González de Santa Cruz, inaugurado en 1990, la une con Encarnación (Paraguay) y refuerza su carácter de ciudad de frontera, donde se cruzan a diario personas, comercio y culturas.
Esa condición fronteriza define su personalidad: en Posadas conviven el español y el guaraní, la cocina argentina y la paraguaya, el mate y el tereré. La ciudad es también la gran base para recorrer el sur misionero, en especial las ruinas jesuíticas de San Ignacio Miní y las demás reducciones guaraníes, Patrimonio de la Humanidad. Capital administrativa, polo cultural y puerta de entrada a la selva y a la historia jesuítica, Posadas resume buena parte de lo que hace única a esta provincia del extremo nordeste argentino.
Aunque Posadas como ciudad es relativamente joven, la tierra que la rodea guarda uno de los capítulos más fascinantes de la historia colonial americana: las reducciones jesuítico-guaraníes. Entre 1610 y 1767, la Compañía de Jesús organizó, junto a comunidades guaraníes, decenas de pueblos-misión en la región que hoy comprende el sur de Misiones, el norte de Corrientes y zonas de Paraguay y Brasil, entre ellas San Ignacio Miní, a apenas una hora de la actual Posadas.
Esas reducciones fueron un experimento social único: combinaban la evangelización católica con una organización comunitaria del trabajo y la tierra que, según buena parte de la historiografía, protegió durante más de siglo y medio a los guaraníes de la esclavización practicada por los bandeirantes portugueses de San Pablo. Se construyeron iglesias de piedra labradas con un estilo barroco-guaraní inconfundible, talleres, escuelas de música y hasta imprentas, en pueblos que llegaron a albergar miles de habitantes cada uno.
La expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en 1767, ordenada por la corona, significó el colapso rápido de ese sistema: los pueblos quedaron desprotegidos, muchos guaraníes se dispersaron y las construcciones fueron saqueadas o quedaron abandonadas a la selva, que las cubrió durante más de un siglo hasta su redescubrimiento y restauración en el siglo XX. San Ignacio Miní, la mejor conservada de todas, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, y hoy es la excursión histórica obligada de cualquiera que pase por Posadas.