A unos 120 km de este pueblo tranquilo de la Ruta 40, en un cañadón escondido de la estepa, cientos de manos humanas quedaron impresas en la roca hace más de 9.000 años: no dibujadas, sino sopladas, con pigmento expulsado por la boca alrededor de una mano apoyada contra la piedra, en un gesto que se repitió generación tras generación durante milenios. Es una de las postales de arte más antiguas de todo el continente americano, y la razón por la que la mayoría de los viajeros pasa por Perito Moreno. Pero el pueblo, lejos de ser solo una parada de servicios, tiene su propia historia de colonización, lana y rutas que vale la pena conocer.
El pueblo de Perito Moreno surgió en las primeras décadas del siglo XX, en el marco de la colonización de la estepa santacruceña. Tras las campañas militares de fines del siglo XIX que incorporaron la Patagonia al Estado argentino, vastas extensiones de tierra fueron destinadas a la cría extensiva de ovejas, en un modelo de grandes estancias laneras que definió la economía y el poblamiento de toda la región.
En ese contexto, la zona del noroeste de Santa Cruz, en torno al lago Buenos Aires y el Cañadón del Río Pinturas, comenzó a poblarse de estancias dedicadas a la lana, principal producto de exportación patagónico de la época. El pueblo de Perito Moreno nació como punto de servicios y acopio para esa actividad: un lugar donde abastecerse, comerciar la lana y conectar las estancias dispersas de la estepa.
El nombre del pueblo rinde homenaje a Francisco Pascasio Moreno, el célebre 'perito Moreno', explorador, naturalista y figura clave en la exploración científica de la Patagonia y en la defensa de los intereses argentinos en la demarcación de límites con Chile. Su nombre, asociado a la gesta de conocer y mapear estas tierras australes, quedó ligado tanto a este pueblo como al glaciar más famoso del país, ambos en la provincia de Santa Cruz.
La consolidación de la Ruta Nacional 40 como gran eje longitudinal de la Argentina, que recorre el país de norte a sur pegada a la cordillera de los Andes, le dio a Perito Moreno una nueva importancia. En una región de enormes distancias y escasos servicios, el pueblo se convirtió en un punto neurálgico: estación de servicio, alojamiento, comida y descanso para quienes recorren uno de los tramos más solitarios y bellos de la RN40, en plena estepa patagónica.
Además, Perito Moreno es el nudo donde la RN40 se cruza con la RN43, que conecta hacia el oeste con Los Antiguos —a orillas del lago Buenos Aires, el segundo más grande de Sudamérica— y con el paso fronterizo hacia Chile Chico. Esta posición estratégica reforzó su rol como pueblo de servicios y enlace regional.
Con el reconocimiento de la Cueva de las Manos como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, el pueblo sumó un perfil turístico claro: se transformó en la base principal de acceso a uno de los sitios de arte rupestre más importantes de América. Hoy, la economía local combina la tradicional ganadería ovina, los servicios de la Ruta 40 y un turismo creciente que tiene en la Cueva de las Manos y la naturaleza estepárica sus grandes atractivos.
Mucho antes de que existiera el pueblo, la región del noroeste de Santa Cruz estuvo habitada durante milenios por pueblos cazadores-recolectores. En el cercano Cañadón del Río Pinturas, los aleros y cuevas conservan uno de los testimonios más antiguos y notables del poblamiento humano de la Patagonia: la Cueva de las Manos, cuyas pinturas más antiguas se datan en torno a los 9.300 años de antigüedad, con secuencias de ocupación que se extienden a lo largo de miles de años.
Las famosas manos en negativo —siluetas estarcidas soplando pigmento alrededor de la mano apoyada en la roca— conviven con escenas de caza de guanacos, figuras de animales y motivos geométricos abstractos. Estas obras fueron realizadas por los antepasados de los tehuelches (aonikenk), los pueblos que habitaban la estepa al momento del contacto europeo, organizados en bandas nómades que seguían a los guanacos a través de inmensos territorios.
El estudio sistemático del sitio se debe en buena medida al arqueólogo Carlos Gradin, que dirigió investigaciones en el Río Pinturas durante las décadas de 1960 a 1980 y estableció la secuencia cultural y cronológica de las pinturas. Su trabajo fue clave para el reconocimiento internacional del lugar, que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1999. El museo del pueblo lleva hoy su nombre.
Durante gran parte del siglo XX, Perito Moreno fue un pueblo de la 'Patagonia profunda', marcado por el aislamiento, las grandes distancias y la dependencia de la ganadería ovina. La crisis del sector lanero hacia fines del siglo, agravada por la caída de los precios internacionales y por la ceniza de erupciones volcánicas como la del Hudson (1991), golpeó duramente a la región y a las estancias del entorno.
La valorización del patrimonio natural y cultural fue abriendo una nueva etapa. El reconocimiento de la Cueva de las Manos por la UNESCO, el crecimiento del turismo por la mítica Ruta 40 y la cercanía de Los Antiguos —con su microclima frutícola y su Fiesta Nacional de la Cereza— fueron diversificando la economía local hacia los servicios y el turismo de naturaleza.
Un hito reciente fue la creación del Parque Nacional Patagonia (no confundir con el Parque Nacional Perito Moreno, más al sur), un área protegida que abarca la meseta del lago Buenos Aires, el Cañadón del Río Pinturas y la Reserva Provincial Cueva de las Manos, fruto de la donación de tierras y el trabajo de organizaciones conservacionistas. Este proceso consolidó a Perito Moreno como puerta de entrada a un destino de naturaleza y arqueología de relevancia mundial, en uno de los rincones más remotos y fascinantes de la Patagonia argentina.
Caminar hoy por la Plaza San Martín de Perito Moreno es sentir el pulso de un pueblo chico que vive, en gran medida, del paso de viajeros. Las hosterías, la estación YPF —una de las pocas en cientos de kilómetros a la redonda— y los restaurantes que ofrecen cordero patagónico y milanesas caseras se alimentan tanto de los vecinos como de los mochileros y motociclistas que recorren la RN40 de punta a punta, muchos de ellos deteniéndose acá exclusivamente por la Cueva de las Manos.
Esa combinación de pueblo ganadero y nodo turístico convive con una identidad fuertemente marcada por el aislamiento geográfico. Perito Moreno está a cientos de kilómetros de las grandes ciudades patagónicas, en una región donde el viento y la meseta dominan el paisaje casi todo el año. Los vecinos más antiguos todavía recuerdan los años más duros de la crisis lanera de los noventa, cuando la caída de los precios internacionales de la lana, sumada a la ceniza del volcán Hudson que cubrió campos enteros en 1991, puso en jaque a buena parte de las estancias de la zona.
La creación del Parque Nacional Patagonia en años recientes, sumada al crecimiento sostenido del turismo hacia la Cueva de las Manos y Los Antiguos, le dio al pueblo una salida económica que no dependía únicamente de la lana. Hoy, cuando un viajero llega a Perito Moreno con el tanque casi vacío después de cientos de kilómetros de estepa, encuentra no solo combustible y una cama, sino la puerta de entrada a uno de los tesoros arqueológicos y naturales más singulares de toda Sudamérica.