En un cañón de granito de las sierras de Córdoba funciona, desde hace miles de años, una escuela de vuelo. Los alumnos son pichones de cóndor andino, aves que llegarán a medir más de tres metros de envergadura; el aula es la Quebrada del Condorito, un tajo de 800 metros de profundidad donde las corrientes de aire ascienden con la fuerza justa para que un ave joven, torpe y pesada, aprenda a planear sin estrellarse. Ese espectáculo —visible desde los balcones naturales del cañón— es la razón de ser de un parque nacional único: el que protege las Pampas de Achala, un altiplano de pastizales, roquedales, vegas y arroyos a más de 1.900 metros de altitud sobre las Sierras Grandes, modelado por el viento y el clima riguroso, muy distinto de los valles serranos cálidos y poblados que lo rodean.
Esta región de altura formó parte, en tiempos prehispánicos, del territorio de los comechingones, el pueblo originario de las sierras de Córdoba, célebre por sus casas-pozo y por el arte rupestre que dejó en aleros y piedras de toda la sierra. Aunque las pampas de altura eran ambientes más hostiles que los valles, eran utilizadas como zonas de paso, caza y aprovechamiento estacional, integradas al mundo serrano que habitaban estas comunidades.
Las Pampas de Achala cumplen, además, un papel ecológico fundamental: funcionan como una gran esponja de captación de agua, donde nacen ríos y arroyos que descienden hacia los valles y abastecen a buena parte de la provincia de Córdoba, incluidos los ríos que alimentan los embalses del área metropolitana. Esa importancia hídrica, sumada a su valor como ecosistema único de altura, sería con el tiempo una de las grandes razones para protegerlas.
Durante la época colonial y los siglos posteriores, las Pampas de Achala fueron utilizadas principalmente para la ganadería de altura y como zona de paso entre los valles. El pastoreo de ganado, junto con otras actividades, ejerció presión sobre los frágiles pastizales y los relictos de bosque de tabaquillo, un árbol de altura característico de las sierras que crece lentamente y es muy sensible a la degradación.
Con el tiempo, creció la conciencia sobre el valor ecológico de este ambiente de altura y sobre las amenazas que enfrentaba: la erosión, la pérdida de pastizales y bosquecillos, y la presión sobre la fauna, incluido el cóndor andino. Las Pampas de Achala, con su biodiversidad adaptada a la altura, sus especies endémicas y su papel como reservorio de agua, aparecían como un ecosistema único que merecía protección.
La Quebrada del Condorito, en particular, concentraba un valor especial: sus paredones eran utilizados por el cóndor andino como sitio de nidificación y de aprendizaje de vuelo de los pichones, uno de los pocos lugares de las sierras centrales de la Argentina con esta función para la gran ave. Proteger este conjunto se volvió una prioridad para la conservación en Córdoba.
El Parque Nacional Quebrada del Condorito fue creado por la Ley 24.749, sancionada a fines de 1996, con el objetivo de proteger este ecosistema único de las altas cumbres de Córdoba: las Pampas de Achala, sus pastizales y bosquecillos de tabaquillo, sus arroyos y vegas, y muy especialmente la Quebrada del Condorito y su población de cóndores andinos. Fue el primer parque nacional de la provincia de Córdoba y uno de los primeros del país destinados a conservar un ambiente serrano de altura.
Con unas 37.000 hectáreas, el parque quedó rodeado por la Reserva Hídrica Provincial Pampa de Achala, un área protegida provincial mucho más extensa que funciona como zona de amortiguación. La creación respondió tanto a la necesidad de preservar la biodiversidad y los relictos de bosque de altura —incluidas especies endémicas de las sierras, como anfibios y reptiles que solo viven en Achala— como a la de proteger una zona clave para la captación de agua de la provincia. Al poner bajo protección estas pampas, se buscó frenar la degradación causada por décadas de sobrepastoreo, recuperar los ambientes naturales y garantizar el hábitat del cóndor.
Desde entonces, el parque, gestionado por la Administración de Parques Nacionales, se ha convertido en un destino destacado para el ecoturismo, el trekking y la observación de aves en Córdoba. La caminata al Balcón Norte, asomado a la quebrada y a sus cóndores planeando, se transformó en una de las experiencias naturales más valoradas de las sierras cordobesas, combinando la belleza austera de las pampas de altura con el espectáculo de la gran ave de los Andes en pleno vuelo.
El cóndor andino (Vultur gryphus) es el verdadero emblema del parque y la razón de su nombre. Es una de las aves voladoras más grandes del mundo, con una envergadura que puede superar los tres metros y hasta 12 kilos de peso, capaz de planear durante horas casi sin batir las alas aprovechando las corrientes de aire ascendente. La Quebrada del Condorito ofrece condiciones ideales para esta especie: sus paredones sirven de sitio de nidificación y dormidero, y las térmicas que ascienden por el cañón son aprovechadas por los pichones para aprender a volar, en una verdadera 'escuela de vuelo' natural. Se la considera el sitio de nidificación más oriental que se conoce para el cóndor andino en Sudamérica, a cientos de kilómetros de la cordillera: una población aislada cuyo valor de conservación es enorme.
La protección del parque ha sido clave para la conservación de esta población, sensible a las amenazas como el envenenamiento, la pérdida de hábitat y la persecución que afectan al cóndor en otras regiones. El monitoreo de la especie y la educación ambiental forman parte del trabajo del parque junto a la Administración de Parques Nacionales y organizaciones conservacionistas.
Hoy el parque enfrenta desafíos como los incendios forestales —que en octubre de 2025 afectaron parte del área protegida, obligando a un cierre temporal y a una reapertura progresiva de sus circuitos— las especies exóticas y la presión del turismo. Pese a ello, la Quebrada del Condorito sigue siendo uno de los destinos de naturaleza más valorados de Córdoba, donde el espectáculo del cóndor planeando sobre el cañón, en medio de las pampas de altura, sintetiza el valor único de este rincón de las Sierras Grandes.