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Historia de Parque Nacional El Rey

El parque nacional que le debe su nombre a un rey de España

Pocos parques nacionales del mundo pueden decir que su nombre viene, literalmente, de un rey. El de El Rey sí: estas tierras fueron entregadas en 1767 por merced real —una donación de la Corona española— al coronel Juan Adrián Fernández Cornejo y Rendón, un militar salteño que ese mismo año había ejecutado en la región la orden de expulsión de los jesuitas dictada por Carlos III. Como la finca provenía de una gracia del monarca, la gente empezó a llamarla 'la finca del Rey'. Dos siglos y medio después, el nombre sigue ahí, estampado en la cartelería de Parques Nacionales.

Pero la historia del valle empieza mucho antes. Visto desde el aire, El Rey parece un cráter gigante tapizado de selva: una herradura de sierras —la Cresta del Gallo, las serranías del Maíz Gordo— que encierra un valle entero regado por el río Popayán. Esa geografía cerrada, con agua permanente, caza abundante y tierras fértiles, fue habitada desde tiempos prehispánicos: en el área se conservan vestigios arqueológicos de los pueblos originarios que ocuparon estos valles orientales, en la frontera difusa entre el mundo andino y el chaqueño.

En el siglo XVIII, la finca El Rey funcionó además como uno de los fuertes de la frontera este de Salta y Jujuy, dependiente del Virreinato del Perú: un puesto avanzado frente a los pueblos chaqueños no sometidos, donde la línea colonial se detenía ante el monte. Ese pasado de fortín, estancia y frontera es la primera capa de una historia que terminaría, dos siglos después, en uno de los parques nacionales más valiosos del norte argentino.

Wikipedia (ES) — «Parque nacional El Rey»: https://es.wikipeEl Tribuno de Jujuy — «Una visita al Parque Nacional El Rey»

Dos siglos de estancia ganadera en el anfiteatro

Tras la merced de 1767, el valle en herradura vivió casi dos siglos como gran propiedad rural. La finca, conocida como 'El Rey' o 'Concepción', se dedicó sobre todo a la ganadería: el fondo del valle, con sus pastizales y su agua abundante, servía de campo natural para el ganado, mientras las laderas del anfiteatro conservaban la selva. La casona de la estancia, cuyos restos se vinculan hoy al área de la seccional de guardaparques, fue durante generaciones el corazón de esa vida rural, aislada del resto de Salta por caminos precarios y ríos que cortaban el paso con cada crecida.

Ese aislamiento, que hacía dura la vida de los puesteros, terminó siendo la salvación del lugar. Mientras en otras zonas del noroeste la selva pedemontana retrocedía ante los ingenios azucareros, el desmonte y la explotación forestal, el valle de El Rey llegó a mediados del siglo XX con sus ambientes relativamente enteros: el bosque chaqueño de transición en las partes bajas, la selva montana en las laderas y el bosque nublado en las cumbres, con su fauna casi intacta.

Para la década de 1940, cuando la Argentina ya había creado sus primeros parques nacionales en la Patagonia y el Iguazú, los naturalistas tenían claro que faltaba proteger una muestra de las yungas, la selva de montaña más biodiversa del país. Y pocos lugares eran tan perfectos como aquel anfiteatro salteño: un ecosistema completo, contenido en un solo valle, con límites naturales dibujados por las propias sierras.

Wikipedia (ES) — «Parque nacional El Rey»: https://es.wikipeAdministración de Parques Nacionales — «Parque Nacional El R

1948: Perón, la expropiación y un parque pionero

El 24 de junio de 1948, el presidente Juan Domingo Perón firmó el decreto n.º 18.800, que declaró sujetas a expropiación las 44.162 hectáreas de la finca 'El Rey' o 'Concepción', en el departamento Anta, para crear allí un parque nacional. La medida tenía un detalle histórico que suele pasarse por alto: El Rey fue el primer parque nacional argentino creado en una provincia. Todos los anteriores —Nahuel Huapi, Iguazú, Lanín, Los Alerces y los demás de la 'generación de 1937'— se habían establecido en territorios nacionales, donde el Estado central no necesitaba negociar con gobiernos provinciales. Con El Rey, la política de conservación entró por primera vez en tierras provinciales, abriendo el camino que después seguirían decenas de parques.

La situación legal del área se fue consolidando con los años: la ley 19.292, de octubre de 1971, lo incluyó al fijar los límites de los parques y reservas nacionales, y la ley 22.351 de 1980 —la ley marco de parques nacionales vigente hasta hoy— confirmó su estatus mencionando expresamente el decreto de 1948.

Desde entonces, El Rey cumple su función de santuario con un perfil singular: es de los parques menos visitados del país, no por falta de méritos sino por su acceso difícil, un camino de ripio con cruces de río que las lluvias de verano vuelven intransitable. Esa baja presión humana permitió que la selva recolonizara los antiguos potreros ganaderos y que la fauna prosperara. El viejo casco de estancia quedó como centro operativo del parque, y el valle que fue fortín, merced real y campo de vacas volvió a ser, casi por completo, selva.

Wikipedia (ES) — «Parque nacional El Rey» (decreto 18.800/19Administración de Parques Nacionales — «Parque Nacional El R

La selva de las yungas: un ecosistema en pisos

El Rey protege un ejemplo de manual de la selva de las yungas, ese ambiente de selva de montaña organizado en pisos altitudinales que constituye, junto a la selva misionera, el ecosistema más biodiverso de la Argentina. En el parque conviven el bosque chaqueño de transición en las partes bajas, la selva pedemontana y montana en las laderas, y el bosque nublado con sus helechos arborescentes y sus árboles cargados de musgo en las alturas. Esa sucesión de ambientes en pocos kilómetros explica la enorme riqueza biológica del lugar.

La fauna es uno de sus grandes valores: tapires, pecaríes, corzuelas, monos caí, coatíes, tayras y varios felinos —incluidos registros de yaguareté, extremadamente raro— habitan sus selvas, junto a una avifauna que supera las 340 especies registradas y que convirtió al parque en un clásico del avistaje de aves en el NOA: tucanes, pavas de monte, loros aliseros, burgos y decenas de especialidades de yungas. La abundancia de agua —el Popayán, los arroyos, la Laguna de los Patitos— sostiene esa vida y crea escenarios ideales para observarla.

La conservación de las yungas es un desafío regional: estas selvas capturan agua, regulan los ríos y protegen los suelos de las laderas, pero fueron arrasadas en amplias zonas por la agricultura y la explotación forestal. En 2002, la Unesco declaró las Yungas argentinas Reserva de Biosfera, reconociendo tanto su valor como su fragilidad. Dentro de esa gran unidad, El Rey es una pieza clave del extremo sur del sistema.

Administración de Parques Nacionales — «Parque Nacional El RWikipedia (ES) — «Yungas»: https://es.wikipedia.org/wiki/YunUnesco — Reserva de Biosfera de las Yungas: https://es.unesc

El Rey hoy: la isla de selva que necesita corredores

Con sus 44.162 hectáreas, El Rey integra la red de áreas protegidas que resguardan las yungas y el chaco del norte argentino, junto a los parques nacionales Calilegua (Jujuy) y Baritú (Salta) y numerosas reservas provinciales. El objetivo de largo plazo es mantener corredores biológicos entre estas 'islas' de selva: los grandes mamíferos y los felinos necesitan territorios enormes, y un parque aislado, por bueno que sea, no alcanza para garantizar su supervivencia. El avance de la frontera agrícola en el pedemonte salteño amenaza justamente esas conexiones, y por eso la suerte de El Rey se juega también fuera de sus límites.

Puertas adentro, el parque se consolidó como un destino de ecoturismo de bajo impacto: naturalistas, fotógrafos y observadores de aves de todo el mundo llegan hasta este rincón del departamento Anta buscando especies de yungas difíciles de ver en otro lado, silencio absoluto y la experiencia de una selva sin multitudes. La visita mantiene un espíritu casi expedicionario —ripio, cruces de río, acampe agreste, cero señal de celular— que es parte del encanto y, a la vez, el filtro que mantiene al parque tan bien conservado.

En tiempos en que los destinos naturales más famosos del país lidian con la masividad, El Rey ofrece lo contrario: un anfiteatro de montañas selváticas donde el visitante puede pasar un día entero sin cruzarse con nadie, en el primer parque nacional que la Argentina creó en suelo provincial. Un lugar con nombre de monarca, historia de fortín y presente de santuario.

Administración de Parques Nacionales — «Parque Nacional El RLa Ruta Natural — «Parque Nacional El Rey»: https://www.laruSIB — Sistema de Información de Biodiversidad, Parque Nacion

📚 Bibliografía

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