Hay una escena que se repite cada febrero en Esquina desde hace 39 ediciones: cientos de pescadores inscriptos, lanchas alineadas en la costanera al amanecer, y toda una ciudad de apenas unos quince mil habitantes desbordada por la fiesta más importante que tiene, dedicada enteramente a un pez, el pacú. Que un pueblo chico del sudoeste correntino haya construido su identidad entera alrededor del río al punto de organizar una fiesta nacional en su honor no es casualidad: es la culminación de más de dos siglos de una vida moldeada, literalmente, por el agua.
Esquina nació y creció gracias a su ubicación privilegiada sobre el agua: el punto exacto donde el río Corriente desemboca en el gran río Paraná, en el sudoeste de la actual provincia de Corrientes. Esa posición estratégica, en el ángulo que forman ambos cursos al encontrarse, está en el origen mismo del nombre del lugar, que alude justamente a la 'esquina' o rincón que dibujan los ríos en su confluencia, un topónimo tan simple como descriptivo, típico de la toponimia ribereña del Litoral.
Durante la época colonial y los primeros tiempos independientes, los ríos eran las grandes vías de comunicación y comercio del Litoral, mucho más confiables y rápidas que los caminos de tierra, casi intransitables en épocas de lluvia. En ese contexto, parajes y puertos como el de Esquina cumplían un papel de pasaje, embarque y abastecimiento para la navegación de cabotaje entre Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y el Paraguay, y para la vida rural de la región circundante. El lugar fue tomando forma de poblado en torno a esa actividad fluvial y al campo que lo rodeaba, con estancieros, comerciantes y pescadores compartiendo la misma barranca.
La zona, de clima subtropical y suelos aptos para la ganadería, sumó pronto la cría de ganado vacuno y el comercio de cueros y productos derivados como base económica, junto con la pesca de subsistencia y el movimiento constante del puerto. Así, sobre la barranca del Paraná, fue consolidándose el pueblo que con el tiempo se convertiría en cabecera de su propio departamento, uno de los veinticinco en que se divide la provincia de Corrientes.
A lo largo del siglo XIX y XX, Esquina se afianzó como una típica ciudad correntina del Litoral, con su vida organizada en torno al río y al campo. La ganadería fue uno de los pilares de su economía, junto con la agricultura, el comercio fluvial y la pesca, en una región de esteros, lagunas y bañados que caracterizan el sur de la provincia de Corrientes.
Como cabecera de su departamento, la ciudad fue dotándose de las instituciones, los comercios y los servicios propios de un centro regional. Su población, de raíz criolla y con aportes inmigratorios, fue forjando una identidad ligada a la cultura del Litoral: el chamamé, la devoción religiosa, la vida de campo y, de manera muy especial, la relación cotidiana con el río Paraná y sus riquezas.
La pesca, primero de subsistencia y comercial, fue con el tiempo derivando también hacia la pesca deportiva, a medida que el Paraná se afirmaba como uno de los grandes destinos del país para esta actividad. Esa transformación abriría una nueva etapa para Esquina, que empezaría a mirar al turismo de pesca y de naturaleza como una oportunidad de desarrollo.
El asentamiento que crecía sobre la barranca del Paraná fue adquiriendo, con el correr del siglo XIX, las formas de un pueblo organizado, y su acta de nacimiento tiene nombre propio: la historia formal de Esquina comienza con Benito Lamela, maestro de postas del lugar, que en 1799 levantó una capilla en honor a Santa Rita de Casia para cumplir una promesa. Alrededor de ese pequeño templo fue agrupándose la población, y el 10 de febrero de 1806, sobre tierras donadas por el propio Lamela, quedó fundado oficialmente el pueblo. Santa Rita sigue siendo hasta hoy la patrona de Esquina, y cada 22 de mayo su fiesta convoca a miles de fieles de toda la región: pocas ciudades argentinas conservan un vínculo tan directo entre su origen y su devoción.
La historia de Esquina, sin embargo, estuvo lejos de ser apacible. En 1839, tras la derrota correntina en la batalla de Pago Largo frente a las tropas de Entre Ríos, el pueblo fue asaltado y destruido junto con su capilla; al año siguiente, el gobierno provincial ordenó su disolución y los habitantes se dispersaron. Recién en 1846 Esquina fue reconstruida, reubicada un poco más al noroeste, sobre la barranca del río Corriente, donde se encuentra el casco actual. A medida que la provincia se organizaba tras las guerras civiles, la ciudad fue ganando jerarquía como cabecera de su departamento, con sus autoridades, su parroquia, su escuela y sus instituciones, acompañando los vaivenes de la historia correntina sin perder su perfil de pueblo ribereño volcado al campo y al río.
A lo largo del siglo XX, la llegada de servicios, la mejora de los caminos y la conexión con el resto del país por tierra y por agua afianzaron a Esquina como un centro regional del sudoeste correntino. La identidad criolla, la fe popular, el chamamé y la relación cotidiana con el Paraná fueron tejiendo el carácter de una comunidad que, sin perder su escala humana, se preparaba para reinventarse de la mano del turismo de río.
En las últimas décadas, Esquina consolidó su perfil turístico en torno a la pesca deportiva y a la cultura de río, aprovechando la riqueza ictícola del Paraná y la confluencia con el río Corriente. Especies como el pacú, el dorado (conocido como el 'tigre del río' por su fuerza y su pelea), el surubí, el patí y la boga atraen a pescadores de todo el país y del exterior, y la ciudad desarrolló una infraestructura de decenas de guías habilitados, lodges y prestadores orientada a recibirlos durante buena parte del año.
De esa tradición pesquera nació la Fiesta Nacional del Pacú, dedicada a uno de los peces de río más apreciados de la región por su carne firme y sabrosa. Con el correr de las décadas se transformó en una celebración de una semana completa: la edición 39, realizada del 8 al 15 de febrero de 2026, combinó el torneo de pesca de costa y el torneo de pesca embarcado, el Torneo de Truco Pacú, la tradicional Gran Peña de Pescadores, el Festival y Elección de Reina, los Carnavales Esquinenses y, como cierre, la cena de pescadores con entrega de premios que ese año repartió más de 40 millones de pesos. La inscripción al torneo, de AR$ 700.000 en 2026, incluye el acceso a todos esos eventos, una muestra de la escala que fue tomando la fiesta con el paso de los años.
Más allá del torneo competitivo, la fiesta combina gastronomía típica —donde el pacú es la estrella indiscutida, preparado a la parrilla, en chupín o frito—, espectáculos de folklore y chamamé con artistas de renombre nacional, y el ambiente festivo característico del Litoral, convirtiéndose en el principal evento de la ciudad y en una vidriera de su identidad ribereña ante el resto del país.
Hoy Esquina se ofrece al visitante como un destino tranquilo y auténtico del sur correntino: pesca deportiva durante gran parte del año, paseos en lancha entre islas y humedales, observación de aves y fauna del Litoral, costaneras para el atardecer y la calidez de la cultura litoraleña, con el chamamé siempre de fondo. Una ciudad que, fiel a su origen de dos siglos atrás, sigue viviendo de cara al río, y que cada febrero le rinde homenaje a la manera más correntina posible: con música, pesca y una buena mesa.