Son casi las siete de la tarde del 11 de abril de 1870. En la galería del Palacio San José, un hombre de 68 años disfruta de la tranquilidad de su residencia mientras sus hijas toman lecciones de música y su esposa amamanta a la más pequeña en el dormitorio. De pronto, unos 50 hombres armados rodean la propiedad al grito de '¡Abajo el tirano! ¡Viva el general Ricardo López Jordán!'. Minutos después, Justo José de Urquiza —el caudillo que había vencido a Rosas, convertido esta ciudad en polo de poder e impulsado la primera Constitución argentina— yace muerto en su propio palacio. Ese mismo día, a la misma hora, dos de sus hijos son asesinados en Concordia. Esa escena, tan violenta como decisiva, es la clave para entender por qué Concepción del Uruguay se llama, con orgullo y sin exagerar, 'La Histórica'.
Pero la ciudad ya existía casi un siglo antes de esa tragedia. Concepción del Uruguay fue fundada el 25 de junio de 1783 por Tomás de Rocamora sobre la margen del río Uruguay, en el este de la actual provincia de Entre Ríos. Su ubicación, en un punto estratégico del río que servía de frontera y de vía de comunicación con la Banda Oriental (el actual Uruguay) y el resto del Litoral, le dio desde temprano una importancia particular. El río Uruguay era una arteria vital para el comercio, el transporte y las comunicaciones, y las ciudades que se asentaban en sus orillas se volvían centros de actividad.
La ciudad creció como uno de los principales núcleos de Entre Ríos, en una provincia que durante el siglo XIX sería protagonista de los grandes conflictos de la organización nacional argentina. Entre Ríos, tierra de caudillos y de fuerte impronta federal, tuvo un papel central en las luchas entre las provincias y Buenos Aires, y Concepción del Uruguay estuvo en el corazón de esos acontecimientos, llegando a ser capital provincial en distintos momentos.
Esa relevancia histórica y política sería potenciada por la figura que marcaría para siempre el destino de la ciudad: Justo José de Urquiza. Bajo su influencia, Concepción del Uruguay se convertiría en un polo de poder y de progreso, escenario de decisiones trascendentales para el país. El vínculo entre la ciudad y el caudillo entrerriano sería tan profundo que, hasta hoy, no se puede contar la historia de una sin la del otro.
Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, fue una de las figuras decisivas de la historia argentina del siglo XIX, y Concepción del Uruguay fue uno de los centros de su poder. Urquiza encabezó la oposición a Juan Manuel de Rosas, el poderoso gobernador de Buenos Aires que dominaba la Confederación, y en 1852 lo derrotó en la batalla de Caseros, poniendo fin a su largo régimen. Aquella victoria abrió el camino a la organización constitucional del país.
Urquiza fue el gran impulsor del proceso que llevó al dictado de la Constitución Nacional de 1853, base del ordenamiento institucional argentino, y se convirtió en el primer presidente constitucional de la Confederación Argentina. Su liderazgo marcó una etapa fundamental en la construcción del Estado nacional, en medio de las tensiones entre la Confederación (con capital en Paraná) y el Estado de Buenos Aires, que se mantuvo separado durante años.
Desde su base entrerriana, Urquiza impulsó también el progreso material y cultural de la región. En Concepción del Uruguay fundó, en 1849, el histórico Colegio del Uruguay, una institución educativa pionera y prestigiosa por cuyas aulas pasarían futuros presidentes de la Nación (como Julio Argentino Roca y Victorino de la Plaza) y numerosas figuras destacadas. Ese impulso educativo y modernizador convirtió a la ciudad en un faro de progreso, reforzando su lugar en la historia nacional y dándole el orgulloso apodo de 'La Histórica'.
El símbolo más poderoso del poder y la riqueza de Urquiza es el Palacio San José, la fastuosa residencia de campo que se hizo construir a mediados del siglo XIX en las cercanías de Concepción del Uruguay. El palacio, una mansión señorial poco común para la época en la región, contaba con numerosas habitaciones, dos amplios patios, jardines, lagos artificiales, una capilla y diversas dependencias. Era a la vez residencia, centro de poder y muestra del estatus del caudillo, que recibía allí a personalidades de la política nacional e internacional.
Pero el Palacio San José fue también escenario de una tragedia que el país entero recuerda hasta hoy. Para 1870, Ricardo López Jordán, antiguo aliado de Urquiza dentro del federalismo entrerriano, lo acusaba de haberse vuelto funcional al poder de Buenos Aires y de traicionar la causa federal. La tarde del 11 de abril de ese año, mientras Urquiza descansaba en la galería del palacio y sus hijas tomaban clases de música, un grupo de unos 50 hombres armados y leales a López Jordán irrumpió en la propiedad al grito de '¡Abajo el tirano!'. El caudillo recibió un disparo en el rostro y fue rematado a arma blanca en brazos de su esposa. Ese mismo día, y casi a la misma hora, dos de sus hijos —el coronel Waldino y Justo Carmelo de Urquiza, jefes militar y político de Concordia— fueron asesinados en aquella ciudad por hombres del mismo movimiento. Días después, López Jordán fue proclamado gobernador de Entre Ríos por la Legislatura, desatando una rebelión abierta contra el gobierno nacional que tardaría años en sofocarse.
La muerte del caudillo en su propia residencia conmocionó al país y puso un final dramático a la vida de uno de sus grandes protagonistas. La habitación donde ocurrió el hecho conserva la memoria de aquel suceso, y durante décadas circularon versiones sobre el destino final de sus restos, que permanecieron ocultos por un tiempo antes de ser identificados con certeza. Hoy descansan junto a los de su esposa, Dolores Costa, en la Basílica de la Inmaculada Concepción.
Con el tiempo, el Palacio San José fue declarado Monumento Histórico Nacional y convertido en museo, transformándose en uno de los sitios históricos más importantes y visitados de la Argentina. Recorrer sus salas, su mobiliario y sus jardines es asomarse a la vida de Urquiza y a una época crucial de la historia nacional. El palacio, junto al Colegio del Uruguay, la basílica que guarda los restos del caudillo y el casco histórico de la ciudad, conforman un conjunto patrimonial que hace de Concepción del Uruguay y su entorno un destino imprescindible para quien quiera comprender los orígenes de la Argentina moderna.
Tras la muerte de Urquiza en 1870 y el ocaso de su proyecto político, Concepción del Uruguay perdió parte del protagonismo nacional que había tenido en las décadas de la organización constitucional, pero conservó intacto su enorme peso simbólico e histórico. La ciudad había sido capital de Entre Ríos en distintos momentos del siglo XIX y uno de los centros del federalismo argentino, y ese legado quedó grabado en su patrimonio, sus instituciones y su identidad.
El Colegio del Uruguay siguió formando dirigentes y profesionales, consolidando su fama de 'cuna de presidentes'; la Basílica de la Inmaculada Concepción pasó a custodiar los restos de Urquiza y su esposa; y el Palacio San José, convertido en museo nacional, se transformó en uno de los sitios históricos más visitados del país. La ciudad asumió con orgullo el apodo de 'La Histórica', que sintetiza su papel en los orígenes de la Argentina moderna.
La Concepción del Uruguay de hoy combina ese patrimonio con su condición de ciudad ribereña del corredor del río Uruguay. Junto a Colón, Gualeguaychú y las termas entrerrianas, integra un circuito turístico que suma historia, playas de río (como Banco Pelay), termas y naturaleza. 'La Histórica' es así, a la vez, un destino de memoria nacional y un lugar de descanso y disfrute del Litoral, donde el legado de Urquiza convive con la vida tranquila a orillas del gran río.