Al amanecer, cuando el sol raya el horizonte correntino, la laguna Iberá se enciende como un espejo de plata: los guaraníes, que conocieron este destello mucho antes que cualquier europeo, lo nombraron con precisión de poetas — 'Iberá', agua brillante. Los Esteros del Iberá son uno de los mayores y más biodiversos sistemas de humedales del planeta, un vasto mundo de lagunas, esteros, bañados, pastizales y embalsados que ocupa una enorme porción del centro de la provincia de Corrientes. Su origen está ligado a antiguos cauces del río Paraná, y hoy constituyen un ecosistema único, alimentado por las lluvias, donde el agua y la vida se entrelazan de mil formas.
La región fue, desde tiempos prehispánicos, territorio guaraní. Estos pueblos conocían a fondo los esteros, su fauna, sus plantas y sus ritmos, y vivían en estrecha relación con el agua. La toponimia guaraní impregna toda Corrientes, y el Iberá es quizás su expresión más bella: un nombre que captura la esencia luminosa del humedal. La cultura guaraní, con su lengua, sus saberes y su cosmovisión, dejó una huella profunda en la identidad de la región.
Durante siglos, los esteros fueron un ambiente difícil y a la vez generoso: difícil por su geografía de agua y pajonales, que los mantuvo relativamente aislados; generoso por su abundancia de fauna y recursos. Esa condición de territorio remoto y poco accesible, lejos de ser solo un obstáculo, contribuyó a preservar la extraordinaria riqueza natural del Iberá, que llegaría hasta nuestros días como uno de los grandes tesoros de biodiversidad de la Argentina.
Colonia Carlos Pellegrini nació como colonia agrícola a comienzos del siglo XX, sobre una península que se interna en la laguna Iberá. Las tierras pertenecían a Juan Ramón Vidal, el caudillo que gobernó Corrientes en varios períodos, quien en 1919 dispuso destinarlas a la formación de una colonia. La creación oficial llegó con la Ley provincial 446, sancionada el 29 de noviembre de 1923 y promulgada dos días después por el gobernador José Eudoro Robert. El nombre homenajeaba a Carlos Pellegrini, el expresidente que había conducido al país entre 1890 y 1892. Como tantas colonias del interior, nació con la idea de poblar y poner en producción tierras hasta entonces poco aprovechadas; pero la geografía de los esteros, con su agua y su aislamiento, le marcaría un destino distinto al de otras colonias agrícolas.
Durante gran parte de su historia, Pellegrini fue un pueblo pequeño, remoto y de difícil acceso: hasta que se construyó el terraplén que hoy cruza la laguna, inaugurado hacia 1970, el cruce se hacía en una balsa a remo tirada por bueyes, una postal que da la medida del aislamiento del lugar. Sus pobladores se movían a caballo y en canoa por el laberinto de agua y pajonales, vivían de la ganadería extensiva, la pesca, la caza y la recolección, y desarrollaron una cultura adaptada al humedal: la del 'poblador del Iberá', baqueano de los esteros, conocedor de su fauna y sus secretos. Esa figura tradicional, con su saber y su vínculo con la naturaleza, es parte esencial de la identidad del lugar.
El aislamiento mantuvo a Pellegrini al margen del desarrollo durante mucho tiempo, pero también ayudó a preservar el entorno. La presión humana sobre los esteros, aunque existió —con la caza de fauna para el comercio de cueros, por ejemplo—, no llegó a destruir la riqueza del ecosistema. El pueblo y su gente convivieron con los esteros en una relación que, con el tiempo y los cambios en la mirada sobre la naturaleza, evolucionaría hacia la conservación y el ecoturismo, dando a Pellegrini un nuevo rol protagónico.
El gran giro en la historia de Pellegrini y del Iberá llegó con la valoración del humedal como patrimonio natural y la apuesta por su conservación. La creación de la Reserva Natural del Iberá, en el ámbito provincial, fue un primer paso decisivo para proteger los esteros, prohibir la caza y empezar a regular el uso del territorio. Con ello, la fauna —antes perseguida— comenzó a recuperarse y a perder el miedo al hombre, lo que sentaría las bases del ecoturismo: la posibilidad de observar de cerca carpinchos, yacarés, ciervos y aves.
En las últimas décadas, el Iberá se convirtió en escenario de uno de los proyectos de conservación más ambiciosos de Sudamérica, impulsado por fundaciones —en particular la vinculada al legado de los filántropos Douglas y Kristine Tompkins— en alianza con el Estado provincial y nacional. Estos proyectos no solo ampliaron la protección (con la creación del Parque Nacional Iberá y la donación de enormes extensiones de tierra), sino que emprendieron la reintroducción de especies que habían desaparecido de los esteros: el oso hormiguero gigante, el venado de las pampas, el guacamayo rojo, el pecarí y, de modo emblemático, el yaguareté, el gran felino americano. El regreso del yaguareté al Iberá es un hito mundial del 'rewilding' o restauración de la naturaleza.
Todo esto transformó a Colonia Carlos Pellegrini en el principal portal del ecoturismo del Iberá. El pueblo, antes aislado, se llenó de posadas, guías y servicios orientados a recibir a los visitantes que llegan de todo el mundo a maravillarse con la fauna. Y lo notable es que ese desarrollo se dio de la mano de la conservación: el ecoturismo se convirtió en una alternativa económica para los pobladores, alineando el bienestar de la comunidad con la protección de los esteros. Hoy, Pellegrini es a la vez un destino de naturaleza extraordinario y un símbolo de cómo la conservación y el turismo responsable pueden revitalizar un territorio y devolverle su vida silvestre.
El proceso de protección del Iberá tuvo hitos institucionales concretos. La Reserva Natural del Iberá fue creada por la provincia de Corrientes en 1983, abarcando alrededor de 1,3 millones de hectáreas y prohibiendo la caza, lo que dio inicio a la lenta recuperación de la fauna. Décadas más tarde, en diciembre de 2018, el Congreso de la Nación creó por la Ley 27.481 el Parque Nacional Iberá, de unas 160.000 hectáreas, sobre tierras en buena parte donadas por la fundación Conservation Land Trust (luego Rewilding Argentina), consolidando un esquema de protección provincial y nacional combinado que cubre uno de los humedales más extensos del continente. En enero de 2021 llegó el hito más celebrado: la liberación de los primeros yaguaretés en la isla San Alonso, que devolvió al gran felino a los esteros después de unos 70 años de extinción local.
La creación del parque nacional fue acompañada por la donación de enormes extensiones de tierra, antes destinadas a la ganadería o la forestación, y por una estrategia deliberada de 'producción de naturaleza': recuperar los ecosistemas, reintroducir especies y desarrollar el ecoturismo como motor económico de las comunidades locales. Pellegrini, como portal histórico de la laguna Iberá, quedó en el centro de esta transformación.
La Colonia Carlos Pellegrini de hoy es un pueblo de pocos habitantes que vive casi por completo del ecoturismo, con decenas de posadas y lodges, guías baqueanos reconvertidos en intérpretes de la naturaleza, y una identidad que combina la herencia guaraní y rural correntina con su nuevo rol de capital de la observación de fauna. Conserva su escala humana, sus calles de tierra y su tranquilidad, mientras recibe a viajeros de todo el mundo que llegan a ver carpinchos, ciervos, aves y, con suerte, las huellas del regreso del yaguareté. El reconocimiento internacional acompañó esta transformación: en 2025, la iniciativa 'Best Tourism Villages' de ONU Turismo eligió a Colonia Carlos Pellegrini entre los mejores pueblos turísticos rurales del mundo. Es uno de los grandes relatos de conservación exitosa de la Argentina contemporánea.