Hay un instante, subiendo hacia la cumbre del Chapelco en una mañana clara de invierno, en que el bosque se abre y aparece de golpe el cono nevado del volcán Lanín flotando sobre el lago Lácar: ese golpe de vista es, para muchos esquiadores, la razón por la que vuelven año tras año a este cerro neuquino antes que a centros más grandes y masivos. Pero antes de las telesillas y las telecabinas, hubo hombres que subían la montaña a pie, con los esquíes de madera al hombro. En la década de 1940, pioneros como Américo Astete y Federico Graeff impulsaron la práctica del esquí en San Martín de los Andes y en el cordón Chapelco, cuando la ciudad era apenas un pueblo de frontera fundado por el Ejército el 4 de febrero de 1898.
El 1° de mayo de 1948 se inauguró en la cota 1.730 el primer refugio de montaña, bautizado justamente Federico Graeff en honor al pionero. En 1953, un grupo de entusiastas limpió el bosque a machete para abrir la primera pista de esquí del cerro: así, a pura fuerza de brazos, nació el dominio esquiable que hoy recorren miles de esquiadores cada invierno. El entorno no podía ser más propicio: bosques andino-patagónicos, la cuenca del lago Lácar a los pies y el volcán Lanín —3.776 metros de cono perfecto— presidiendo el horizonte.
El salto tecnológico llegó en 1963, cuando se instaló el primer medio de elevación: una telesilla doble que puso fin a las caminatas con los esquíes al hombro y dio inicio formal al desarrollo de Chapelco como centro de esquí. En 1970, con aporte del Estado provincial, se sumaron dos nuevos medios, y en 1973 se adjudicó la concesión para desarrollar el centro de manera integral, abriendo una etapa de crecimiento sostenido.
La década de 1970 fue la de la profesionalización. El 31 de julio de 1974 nació la Escuela de Esquí Chapelco, que celebró su medio siglo en 2024 y por la que pasaron generaciones de instructores y de chicos sanmartinenses que dieron sus primeros giros en estas pistas. En 1983 llegó el hito mayor: la instalación de la telecabina, que posicionó a Chapelco como uno de los centros de esquí más modernos de Sudamérica en su momento. En los años noventa se construyeron más pistas y medios de elevación, ampliando la capacidad y la oferta del cerro, que se consolidó como uno de los principales destinos de nieve de la Patagonia en paralelo al ascenso de San Martín de los Andes como destino de montaña de prestigio, comparable en jerarquía a Bariloche pero a menor escala y con un perfil más íntimo.
A diferencia de los grandes complejos más masivos, Chapelco cultivó una reputación de centro de escala más amable y familiar, muy valorado por la calidad de su nieve, el diseño de sus pistas y, sobre todo, sus panorámicas únicas. La elegancia de la cercana San Martín de los Andes, con su arquitectura de montaña de troncos y piedra, sus chocolaterías, sus cervecerías artesanales y su excelente gastronomía patagónica —ciervo, jabalí, trucha, hongos silvestres—, reforzó el atractivo del conjunto y ayudó a posicionar a la ciudad como un destino todoterreno, capaz de combinar el deporte invernal con una vida urbana sofisticada para la escala de la Patagonia.
La integración del cerro al circuito turístico regional —la Ruta de los Siete Lagos hacia Villa La Angostura, el Parque Nacional Lanín con su volcán homónimo, los lagos Lácar, Lolog y Machónico, y los extensos bosques de coihues, raulíes y araucarias— consolidó a Chapelco no solo como centro de esquí invernal, sino como un destino de montaña durante todo el año, con actividades estivales de trekking, mountain bike de descenso, tirolesas y ascensos panorámicos en telesilla que prolongan la temporada turística más allá de la nieve. Esta diversificación resultó clave para la sostenibilidad económica del centro, que dejó de depender exclusivamente de los meses de invierno para generar ingresos.
El nombre 'Chapelco' proviene de la lengua mapuche y suele interpretarse como 'aguada' o 'lugar de agua del Chapel', en referencia a la geografía de arroyos y vegas de la zona. Toda esta región de los lagos del sur neuquino formó parte, durante siglos, del territorio del pueblo mapuche, que habitaba los bosques de pehuén (araucaria araucana, el 'pino' sagrado cuyos piñones eran alimento esencial), raulí, coihue y lenga, y los valles en torno al lago Lácar y al volcán Lanín, una montaña de profundo valor sagrado en su cosmovisión, asociada a divinidades y fuerzas de la naturaleza que aún hoy son motivo de respeto y ceremonias para las comunidades mapuches de la zona.
La incorporación de este territorio al Estado argentino se produjo recién hacia fines del siglo XIX, en el marco de la llamada 'Conquista del Desierto', la campaña militar que entre 1878 y mediados de la década de 1880 sometió a los pueblos originarios de la Patagonia y la pampa e incorporó sus tierras al dominio estatal, con un costo humano y cultural enorme para las comunidades indígenas. Tras esa campaña, el Ejército fundó San Martín de los Andes el 4 de febrero de 1898 como un punto estratégico de control de frontera con Chile, en el marco de las disputas limítrofes de la época entre ambos países. La presencia mapuche, sin embargo, perduró y sigue siendo parte fundamental de la identidad de la región: numerosas comunidades habitan hoy el área del Parque Nacional Lanín —como Curruhuinca, Painefilú y otras—, y la toponimia, la cultura, la artesanía en telar y plata, y las tradiciones de la zona conservan una fuerte impronta originaria que convive con la impronta turística y europea que trajo la colonización posterior.
Este trasfondo histórico y cultural es inseparable del paisaje que hoy disfrutan los visitantes del cerro: los nombres de los lagos, los cerros y los parajes, y la presencia del Lanín en el horizonte, remiten a una historia mucho más antigua que la del esquí, que conviene conocer y respetar. Muchos operadores turísticos y guías de la zona incorporan hoy información sobre la cultura mapuche en sus recorridos, un gesto de reconocimiento a los primeros habitantes de estas montañas.
En las últimas décadas, el Cerro Chapelco continuó modernizándose y diversificando su oferta, consolidándose como uno de los centros de esquí más completos y queridos de la Patagonia. En 2025 se firmó una nueva concesión que abrió la etapa de mayor transformación de su historia: para la temporada 2026, que se inaugura el 8 de julio, el cerro estrena una telecabina nueva para 10 pasajeros capaz de transportar 3.000 personas por hora de la base a la cota 1.600 en apenas cinco minutos, estacionamiento asfaltado con el doble de capacidad, un sistema de lockers inteligentes (el primero de la Argentina), más de 2.000 equipos de alquiler nuevos, cañones de nieve adicionales y un parador de altura renovado. Además, desde 2026 el casco es obligatorio para todas las actividades de nieve.
Más allá del invierno, Chapelco apostó fuerte por convertirse en un destino de montaña durante todo el año. En la temporada cálida, la telesilla funciona con fines panorámicos y la montaña ofrece senderos de trekking, circuitos de mountain bike de descenso, tirolesas y actividades de aventura, aprovechando el espectacular marco del lago Lácar y el volcán Lanín. Esto permite extender la temporada turística y diversificar la economía de San Martín de los Andes.
Hoy, el cerro forma parte indisoluble de uno de los circuitos turísticos más bellos de la Argentina, que combina la Ruta de los Siete Lagos, el Parque Nacional Lanín, los lagos y bosques andino-patagónicos y la elegante San Martín de los Andes. Su mezcla de buen esquí, paisaje de lagos y volcanes, escala humana y servicios de calidad lo mantiene entre los grandes destinos de montaña del sur argentino.