Hay pocos lugares en el planeta donde se puede esquiar sobre la ladera de un volcán activo y, a pocos kilómetros, sumergirse en un barro caliente que nace de sus entrañas. Ese lugar existe en el noroeste neuquino y tiene dos nombres: Caviahue y Copahue. Pero mucho antes de los pases de esquí y los tratamientos termales, esta región era —y sigue siendo— parte del territorio histórico del pueblo mapuche-pehuenche, la 'gente del pehuén', llamados así por su íntima relación con la araucaria, el pehuén, cuyas semillas (los piñones) eran un alimento fundamental. Los bosques de araucarias milenarias que cubren la zona dan su nombre a toda esta tierra (Pehuenia) y siguen siendo un elemento sagrado y central de la cultura local.
Los pueblos originarios conocían y valoraban desde antiguo las particularidades de este paisaje volcánico: las aguas calientes, los barros y los vapores que brotaban de la tierra al pie del volcán. El propio nombre 'Copahue' remite, en lengua mapuche, a la idea de azufre o aguas sulfurosas, en alusión a las características aguas termales de la zona. Aquellas fuentes, ligadas a la actividad del volcán, eran reconocidas por sus propiedades curativas mucho antes de cualquier desarrollo turístico.
El volcán Copahue, activo, es el corazón de todo el sistema: de su actividad provienen las aguas termales, los barros, los gases y las lagunas teñidas de minerales que caracterizan el paisaje. Esa combinación de volcán, araucarias y aguas de azufre conformó, desde tiempos remotos, un entorno excepcional, cargado de significados para los pueblos originarios y de un valor natural y terapéutico que el tiempo no haría sino confirmar.
A lo largo del siglo XX, el reconocido valor terapéutico de las aguas y barros de Copahue impulsó su desarrollo como centro termal. Se construyeron instalaciones para aprovechar las fuentes —piscinas, lagunas, baños de barro, vahos— y Copahue se consolidó como uno de los complejos termales de referencia de la Argentina y Sudamérica, atrayendo a visitantes en busca de tratamientos para afecciones de la piel, reumáticas y de otro tipo. Por su gran altura y su clima riguroso, la villa de Copahue funciona principalmente en la temporada cálida, cuando los accesos están despejados.
Más abajo, a orillas del lago Caviahue y en un entorno de araucarias, se desarrolló la villa de Caviahue como núcleo turístico permanente y base de servicios. Caviahue se orientó al turismo de montaña durante todo el año: centro de esquí sobre las laderas del volcán Copahue en invierno, y base de trekking, naturaleza y excursiones a las cascadas y lagunas en verano. La villa ofrece alojamiento, gastronomía y servicios, complementando la oferta termal de Copahue.
Así se conformó el destino doble actual: Caviahue como villa de montaña y esquí, y Copahue como complejo termal estival, integrados en un mismo y espectacular paisaje volcánico. La presencia del volcán activo —que en algunos episodios ha mostrado actividad y obligado a tomar precauciones— forma parte de la identidad y la dinámica del lugar. Hoy, Caviahue-Copahue es uno de los rincones más singulares y menos masivos de la Patagonia neuquina, donde conviven el volcán, las araucarias, la nieve y las termas.
Aunque las termas de Copahue ya tenían reconocimiento nacional desde las primeras décadas del siglo XX —cuando el Estado provincial y nacional comenzó a regular y promover el aprovechamiento medicinal de sus aguas—, la villa de Caviahue propiamente dicha es de creación reciente. Fue fundada en 1986 por el gobierno de la provincia del Neuquén con el objetivo de dotar a la zona termal de una localidad estable, habitable durante todo el año y con servicios turísticos, ya que Copahue, por su altitud y su clima, permanecía cerrada y deshabitada gran parte del año.
El emplazamiento elegido, a orillas del lago Caviahue (o lago Agrio) y rodeado de bosques de araucarias, ofrecía un entorno más protegido y accesible que la villa termal. Desde su fundación, Caviahue se planificó como centro de montaña: en pocos años se desarrolló el centro de esquí sobre las laderas del volcán Copahue, se construyeron hoteles, cabañas, comercios e infraestructura, y la localidad creció como base permanente para el turismo invernal de nieve y el turismo estival de termas y naturaleza.
De este modo, Caviahue y Copahue quedaron integradas administrativa y turísticamente en un único municipio, Caviahue-Copahue, que combina dos perfiles complementarios: la villa de montaña habitada todo el año y el complejo termal estival. Esa planificación deliberada explica el carácter ordenado y la escala humana del destino, muy distinto de los grandes centros turísticos de crecimiento espontáneo de la Patagonia.
El volcán Copahue, de unos 2.965 metros de altura y ubicado justo sobre la frontera entre Argentina y Chile, es uno de los volcanes activos más vigilados de los Andes. Su cráter alberga una laguna ácida —la laguna del cráter, de un intenso color turquesa por su alta concentración de azufre y metales disueltos— cuya química está directamente ligada a las fuentes termales de Copahue: el sistema hidrotermal del volcán es, literalmente, la fuente de las aguas y barros que dieron fama a la región. Se trata de un estratovolcán de tipo andesítico-basáltico, con una larga historia eruptiva de miles de años que fue moldeando el relieve de toda la zona, incluidas las lagunas de colores y los campos de fumarolas de Las Maquinitas.
Entre los eventos más recientes y recordados, en diciembre de 2012 y a lo largo de 2013 el Copahue protagonizó una serie de erupciones freatomagmáticas con emisión de cenizas, gases y aumento de su actividad sísmica, que llevaron a las autoridades a declarar alerta roja y a evacuar preventivamente a parte de la población y de los turistas de Caviahue y Copahue, además de afectar temporalmente a localidades chilenas cercanas por la dispersión de la ceniza. Episodios menores de actividad y de emisión de cenizas se repitieron en años posteriores (entre ellos, nuevos registros de tremor volcánico y anomalías térmicas detectadas por satélite), lo que mantiene al volcán bajo monitoreo permanente del SEGEMAR y de los organismos chilenos, a través del Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) y su contraparte argentina, el Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica.
Lejos de ahuyentar al turismo de forma definitiva, esta convivencia con un volcán vivo forma parte de la identidad del lugar: el mismo poder geológico que obliga a la prudencia es el que alimenta las termas, esculpe las lagunas de colores y modela un paisaje único, con sus bosques de araucarias centenarias creciendo literalmente sobre coladas de lava antiguas. Hoy Caviahue-Copahue se promociona como un destino de naturaleza extrema y bienestar, donde la actividad turística se desarrolla con normalidad siguiendo las indicaciones oficiales sobre el estado del volcán, y donde cada temporada miles de visitantes llegan atraídos por la combinación única de nieve, termas, araucarias milenarias y la presencia, siempre latente, de la montaña que le da sentido a todo el paisaje.