Carmen de Patagones tuvo, en realidad, dos nacimientos separados por apenas mes y medio. El primero ocurrió el 22 de abril de 1779, cuando Francisco de Viedma y Narváez —al mando de una expedición organizada por el virrey Juan José Vértiz y dirigida originalmente por Juan de la Piedra, que había zarpado de Montevideo en diciembre de 1778— fundó el Fuerte y Población de Nuestra Señora del Carmen sobre la margen sur del río Negro, a seis leguas de su desembocadura en el Atlántico. Todo indicaba que ese sería el sitio definitivo. No lo fue.
El 13 de junio de aquel mismo año, apenas mes y medio después de la fundación, una crecida repentina del río Negro inundó el asentamiento recién levantado y obligó a los colonos a cruzar de urgencia hacia la margen opuesta, más alta y protegida de las crecidas. Fue en esa segunda margen, la norte, donde se construyó el nuevo fuerte alrededor del cual creció y se consolidó definitivamente Carmen de Patagones. Es un dato que pocos turistas conocen al caminar hoy por las callecitas empinadas del casco histórico: la ciudad que ven no es exactamente donde se fundó por primera vez, sino donde el río obligó a reconstruirla apenas semanas después. La fundación se enmarcó en la política de la corona española de afianzar su presencia en el extremo sur de sus dominios sudamericanos, frente al temor de avances de otras potencias europeas y a la necesidad de poblar la Patagonia con fuertes y colonias a lo largo de la costa.
La población inicial se nutrió, en buena medida, de colonos llegados desde España, muchos de ellos provenientes de la Maragatería, una comarca de la provincia de León. De ese origen deriva el gentilicio 'maragato' con el que se identifican hasta hoy los habitantes de Patagones y su cultura. Los primeros pobladores, ante la falta de viviendas y de materiales de construcción en un paraje tan aislado, excavaron cuevas en las barrancas del río, que sirvieron como primeras casas y que todavía hoy se conservan como testimonio físico de aquellos años fundacionales tan duros.
En la margen sur del río, frente a Patagones —la misma orilla del primer asentamiento fallido de 1779—, se desarrolló con el tiempo Viedma, que terminaría siendo la capital de la provincia de Río Negro. Así nació esta comarca singular, partida por el río, por una inundación y, más tarde, por un límite provincial, pero unida por la historia, en el punto exacto donde la pampa cede paso a la Patagonia.
El episodio más célebre de la historia de Carmen de Patagones ocurrió en 1827, durante la guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil. En el marco de ese conflicto, una fuerza naval y militar brasileña intentó tomar la estratégica población de Patagones, que controlaba el acceso al río Negro y a la región patagónica.
Contra todo pronóstico, la defensa de la ciudad —sostenida en buena parte por la propia población local, incluidos vecinos, milicianos y gauchos de la zona— logró rechazar la invasión y derrotar a los atacantes en el llamado Combate de Patagones. La victoria, conseguida por una comunidad pequeña y alejada frente a una fuerza imperial, quedó grabada como una gesta heroica en la memoria de la comarca.
Aquel combate consolidó la importancia simbólica e histórica de Carmen de Patagones y reforzó la identidad orgullosa de los maragatos. Hoy, los sitios ligados a la defensa y a la historia de la ciudad forman parte del rico patrimonio del casco histórico, declarado Bien de Interés Histórico Nacional, que hace de Patagones uno de los lugares con mayor densidad histórica del sur argentino.
Carmen de Patagones y Viedma ocupan un lugar geográfico y simbólico particular: marcan el umbral entre la pampa bonaerense y la Patagonia. El río Negro, uno de los grandes ríos patagónicos, no solo separa a las dos ciudades y a dos provincias, sino que también delimita el comienzo del vasto territorio patagónico hacia el sur. Esta condición de frontera natural y cultural impregna el carácter de la comarca.
A lo largo de los siglos XIX y XX, la región fue puerta de entrada y base para la exploración, el poblamiento y el desarrollo de la Patagonia. Viedma, en la margen sur, fue ganando peso administrativo hasta convertirse en capital de la provincia de Río Negro, mientras Carmen de Patagones conservaba su carácter histórico y patrimonial como cabecera del partido bonaerense de Patagones.
La vida cotidiana de la comarca quedó marcada por el río: el cruce en balsa entre ambas ciudades, las costaneras, la pesca, y la cercanía del mar en la desembocadura, con balnearios como El Cóndor y reservas de fauna como La Lobería. Historia, río y mar se entrelazan en este rincón austral de la provincia de Buenos Aires, que conserva, como pocos, la memoria de los orígenes coloniales y patagónicos de la Argentina.
Mientras Carmen de Patagones conservaba su impronta colonial y maragata, la margen sur del río siguió un camino distinto. Viedma, fundada también en torno a 1779 como parte del mismo proyecto poblador (originalmente conocida como Mercedes de Patagones), creció a la sombra de Patagones hasta que, a fines del siglo XIX, su rol cambió de raíz: en 1878 fue designada capital de la Gobernación de la Patagonia y luego del Territorio Nacional del Río Negro, ganando jerarquía administrativa sobre toda la región.
Un capítulo central de la historia de Viedma es la llegada de los salesianos. A partir de 1879-1880, la congregación fundada por Don Bosco estableció en la ciudad misiones, escuelas, talleres y un hospital, en el marco de una intensa labor de evangelización y educación en la Patagonia. Figuras como monseñor Cagliero y, más tarde, el médico salesiano Artémides Zatti —beatificado y luego canonizado por la Iglesia— dejaron una huella profunda. Viedma se convirtió así en un faro religioso y educativo del sur argentino, con un patrimonio salesiano que aún se conserva.
En 1955, al provincializarse el antiguo territorio, Viedma fue confirmada como capital de la nueva provincia de Río Negro, consolidando su rol institucional. Incluso llegó a ser elegida, en los años 80, para un ambicioso (y finalmente trunco) proyecto de traslado de la capital nacional de la Argentina al eje Viedma–Carmen de Patagones, una iniciativa que, aunque no prosperó, dejó marcas en la ciudad y en su memoria.