El lago más grande de Salta esconde dos secretos en su nombre: el río que lo alimenta se llama Juramento porque en sus orillas un ejército entero juró por primera vez la bandera argentina, y 'Cabra Corral' es, en realidad, un error de traducción que quedó para siempre. Mucho antes de que existiera el embalse, el protagonista de esta historia era el río que hoy conocemos como Juramento y que durante siglos se llamó río Pasaje. Este curso de agua nace de la confluencia de ríos que bajan de los valles salteños y atraviesa la provincia rumbo al este, marcando un límite natural y un punto de cruce —de ahí su antiguo nombre, 'Pasaje'— en los caminos de la región.
La zona del valle de Lerma y de los Valles Calchaquíes, de la que forma parte esta región, estuvo habitada desde tiempos prehispánicos por pueblos de raíz diaguita-calchaquí y por comunidades ligadas al valle, agricultores y pastores que aprovechaban las aguas de los ríos para el cultivo y la cría de animales. La huella de estos pueblos está presente en los sitios arqueológicos de toda la zona.
Tras la conquista española y a lo largo de la colonia, la región se organizó en torno a haciendas y estancias que aprovechaban las tierras y las aguas del río Pasaje para la agricultura y la ganadería. El río era a la vez recurso y obstáculo: fuente de vida para los cultivos, pero también un curso que había que cruzar y que, en sus crecidas, podía resultar peligroso. Esa relación con el río marcaría su historia hasta el siglo XX, cuando una gran obra de ingeniería lo transformaría por completo.
El episodio que dio nombre al río y que conecta este paisaje con la historia patria ocurrió en plena guerra de la independencia. El 13 de febrero de 1813, el general Manuel Belgrano, al frente del Ejército del Norte que marchaba hacia la batalla de Salta (librada apenas una semana después, el 20 de febrero), hizo jurar a sus tropas la bandera nacional por primera vez a orillas del río Pasaje, en el cruce del ejército rumbo al norte. Aquel acto solemne, en el que los soldados juraron fidelidad a la nueva enseña que Belgrano había creado, fue un momento cargado de simbolismo en el camino hacia la independencia.
En homenaje a ese juramento, el río Pasaje pasó a llamarse río Juramento, nombre que conserva hasta hoy. El episodio quedó grabado en la memoria histórica de la región y del país, y dio identidad a todo este territorio salteño. La gesta de Belgrano en el norte —con sus victorias en Tucumán y Salta— es parte fundamental del relato de la independencia argentina, y este río es uno de sus escenarios.
Esa carga histórica explica por qué tanto el río como la gran represa que se construiría siglo y medio después llevan nombres ligados a Belgrano y al juramento. El visitante que llega a Cabra Corral a disfrutar del agua y los deportes pisa, sin saberlo, un suelo donde se juró por primera vez la bandera que hoy es símbolo de la nación.
La gran transformación de la región llegó en el siglo XX con la construcción del dique General Belgrano, una de las grandes obras de ingeniería hidráulica del Noroeste argentino. La idea de embalsar las aguas venía de décadas atrás —ya en la gobernación de Luis Patrón Costas (1936-1940) se había propuesto un proyecto en la zona—, pero la obra recién se concretó entre 1966 y 1972: comenzó durante la presidencia de Arturo Illia y fue inaugurada el 15 de abril de 1972. La represa, levantada sobre el río Juramento, respondió a múltiples objetivos: regular las crecidas del río (que en época de lluvias podían ser devastadoras), generar energía hidroeléctrica, proveer agua para el riego de las zonas agrícolas y abastecer a la región.
La obra dio origen a un enorme embalse de unos 2.880 hectómetros cúbicos de capacidad, uno de los más grandes del Noroeste, conocido popularmente como dique Cabra Corral, que cubrió con sus aguas extensas tierras del valle del río Juramento. El nombre, curiosamente, nació de un error: el paraje se llamaba 'Corral de Cabras', pero la empresa norteamericana encargada de los relevamientos topográficos lo anotó invertido en sus planos como 'Cabra Corral', y así quedó bautizado para siempre el lago más famoso de Salta. Lo que había sido un curso de agua difícil de cruzar y de domar se convirtió en un inmenso y apacible espejo de agua azul, rodeado de cerros, capaz de almacenar y administrar el recurso hídrico de toda la cuenca.
La represa cambió la fisonomía y la economía de la zona: ordenó el régimen del río, posibilitó el desarrollo agrícola aguas abajo y generó energía, pero también abrió una posibilidad inesperada que terminaría definiendo su destino turístico. Aquel gran lago artificial, a poco más de una hora de la ciudad de Salta, estaba llamado a convertirse en el principal centro de recreación y deportes acuáticos de la provincia.
Una vez formado el embalse, su potencial recreativo se hizo evidente. El enorme espejo de agua, su cercanía a la ciudad de Salta y su entorno de cerros lo convirtieron rápidamente en el lugar elegido por los salteños para escapar del calor, navegar, pescar y disfrutar del aire libre. Cabra Corral pasó así, en pocas décadas, de obra hidráulica a principal destino náutico y de pesca de la provincia.
En las orillas del embalse se fueron desarrollando hosterías, complejos turísticos, campings, balnearios y clubes náuticos, que dieron infraestructura al creciente turismo. La pesca deportiva —en especial la del pejerrey— ganó fama y atrajo a pescadores de toda la región, con torneos y competencias. La náutica en todas sus formas (vela, lancha, kayak, windsurf, esquí acuático) encontró en el gran lago un escenario ideal.
Con el tiempo, la oferta se diversificó: aguas abajo del dique, el río Juramento se reveló como un excelente escenario para el rafting, sumando la aventura del agua en movimiento a la calma del embalse. También aparecieron actividades como el bungee jumping. Cabra Corral se consolidó como un destino de naturaleza y deportes acuáticos que complementa de manera perfecta la oferta tradicional de Salta —la ciudad, los valles, la puna—, aportando su cara refrescante y deportiva.
El tramo del río Juramento aguas abajo del dique, escenario del rafting, atraviesa un paisaje de cañones y cerros de colores que guarda otra dimensión fascinante: la paleontológica. La región del valle del Juramento es conocida por sus yacimientos y hallazgos de fósiles y huellas de dinosaurios, testimonio de los seres que habitaron estas tierras hace millones de años, cuando el paisaje era muy distinto del actual.
Las formaciones geológicas del cañón —con sus capas de rocas de distintos colores y edades— cuentan la historia profunda de la Tierra en esta zona del norte argentino, y en algunos sectores se han identificado rastros e icnitas (huellas fósiles) que despiertan el interés de paleontólogos y visitantes. Esta dimensión suma valor natural y científico al recorrido por el río.
Así, el entorno de Cabra Corral combina capas de historia muy diversas: la geológica y paleontológica de millones de años atrás; la prehispánica de los pueblos del valle; la patria del Juramento de la Bandera de 1813; la de la ingeniería del siglo XX con el dique; y la turística del presente. Todas conviven en este gran espejo de agua salteño, que es a la vez un escenario natural, histórico y deportivo, y uno de los lugares más queridos por los habitantes de Salta.