El 27 de agosto de 1897 bajaron de unas rústicas carretas doce familias —seis polacas y seis ucranianas— en un claro de selva del sur de Misiones. No sabían que estaban fundando, sin proponérselo, lo que dos décadas después se llamaría la Capital Nacional de la Yerba Mate. Ese puñado de colonos recién llegados de Galitzia se instaló, sin saberlo del todo, sobre las ruinas casi borradas de un pueblo que ya había existido allí ciento treinta años antes: una reducción jesuítica.
El origen de Apóstoles se remonta, en efecto, a la época de las misiones jesuíticas guaraníes. En el siglo XVII, la Compañía de Jesús fundó en la región una reducción que llevó el nombre completo de Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, integrando el célebre conjunto de los 'Treinta Pueblos de las Misiones', repartidos por lo que hoy son la Argentina, el Paraguay y el Brasil.
Como las demás reducciones, Apóstoles fue un pueblo planificado donde los jesuitas reunieron y evangelizaron a los guaraníes, organizando una comunidad con su iglesia, su plaza, sus talleres y su economía. La yerba mate, por cierto, ya tenía un papel destacado en aquellas misiones: los jesuitas aprendieron a cultivarla y a procesarla a partir de plantines que los propios agricultores rescataban del monte cercano a las antiguas ruinas de San Ignacio, y la 'yerba de los jesuitas' fue uno de los productos característicos de las reducciones, en un antecedente lejano de la vocación yerbatera que la zona reencontraría siglos más tarde.
La expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles, ordenada por Carlos III en 1767, marcó el comienzo del fin para las misiones. Sin los jesuitas, los pueblos entraron en decadencia, y a lo largo de las guerras y conflictos del siglo XIX la mayoría quedó arruinada o despoblada. Apóstoles, como reducción, prácticamente desapareció, y la región quedó por mucho tiempo casi vacía, hasta que aquellas doce familias de 1897 volvieron a poner un pueblo en ese mismo lugar.
Apóstoles renació a fines del siglo XIX, cuando el Estado argentino impulsó la colonización agrícola del territorio de Misiones para poblarlo y ponerlo en producción. En ese marco llegó, el 27 de agosto de 1897, el primer contingente de doce familias de colonos —seis polacas y seis ucranianas—, procedentes de la región de Galitzia, entonces parte del Imperio austrohúngaro. Fue el punto de partida de todo el proceso colonizador de Misiones con base en la inmigración eslava, y a ese núcleo fundacional le siguieron, en los años siguientes, muchos más contingentes de ucranianos y polacos, además de otras nacionalidades.
Estos colonos se asentaron en torno a la antigua reducción y se dedicaron a desmontar la selva, a cultivar la fértil tierra colorada y a fundar las colonias agrícolas que darían vida a la nueva Apóstoles. Trajeron consigo su religión —el rito greco-católico ucraniano y el ortodoxo, además del catolicismo romano polaco—, sus tradiciones, su música, sus danzas y su gastronomía, dejando una impronta eslava que perdura hasta hoy en la identidad de la ciudad y la región.
La colonización eslava de Apóstoles es considerada un hito de la inmigración europea en el norte argentino, y la ciudad se reconoce como uno de los principales núcleos de descendientes de ucranianos y polacos del país. Sus iglesias de cúpulas características, sus festividades y sus comidas típicas son testimonio vivo de aquellos pioneros que transformaron el monte en colonias prósperas.
El gran aporte de Apóstoles a la historia económica argentina fue convertirse en cuna de la yerbicultura moderna. Si bien la yerba mate ya había sido cultivada por los jesuitas, durante el siglo XIX su producción se basaba sobre todo en la cosecha de yerbales silvestres. Fue a comienzos del siglo XX, con la colonización de Misiones, cuando se desarrolló el cultivo sistemático y a gran escala de la yerba mate en plantaciones, y Apóstoles fue uno de los lugares pioneros de ese proceso.
Los colonos, sobre todo los de origen eslavo, encontraron en la yerba un cultivo ideal para la tierra colorada misionera, y los yerbales se multiplicaron, dando origen a una industria que se convertiría en una de las más características del país. Misiones (junto con el nordeste de Corrientes) pasó a ser la gran región productora de la yerba mate, la planta que sustenta el ritual del mate, la infusión nacional argentina por excelencia.
En reconocimiento a ese papel histórico, Apóstoles fue consagrada como Capital Nacional de la Yerba Mate, título que celebra cada año con la Fiesta Nacional de la Yerba Mate. Hoy la ciudad sigue viviendo en torno al 'oro verde': sus yerbales, sus establecimientos y su cultura yerbatera son parte central de su identidad, en la que se entrelazan la herencia jesuítica, la impronta eslava y la pasión argentina por el mate.
La Apóstoles moderna reconoce como fecha fundacional la llegada de aquel primer contingente de colonos de 1897 —el grueso de ellos ucranianos y polacos provenientes de la región de Galitzia, entonces parte del Imperio austrohúngaro— enviados por el gobierno argentino para poblar el Territorio Nacional de Misiones. Aquella inmigración pionera, una de las primeras corrientes ucranianas organizadas que llegaron al país, dio nacimiento a la ciudad tal como se la conoce hoy y fijó su carácter eslavo.
A lo largo del siglo XX, Apóstoles creció al ritmo de la economía yerbatera y de la consolidación institucional de Misiones, que dejó de ser Territorio Nacional para convertirse en provincia en 1953. La ciudad se fue dotando de escuelas, iglesias de las distintas colectividades, cooperativas yerbateras y servicios, afianzándose como cabecera del departamento homónimo y como uno de los polos del sur provincial. La estructura cooperativa fue clave: los propios colonos yerbateros se organizaron para procesar y comercializar su producción sin depender exclusivamente de los grandes intermediarios porteños, un modelo asociativo que caracterizó buena parte de la economía rural misionera durante el siglo XX.
En las últimas décadas, Apóstoles reforzó su perfil identitario en torno a tres ejes: su pasado jesuítico, su herencia inmigratoria eslava y su condición de capital de la yerba mate. La Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate —que en 2026 llega a su 48ª edición, celebrada del 4 al 8 de noviembre—, las celebraciones de las colectividades, el circuito de las iglesias y la Casa del Mate convirtieron a la ciudad en un destino de turismo cultural que invita a recorrer, en pocas cuadras, varios siglos de historia argentina: desde la utopía jesuítica del siglo XVII hasta las carretas de colonos eslavos de 1897, pasando por la industria que hoy exporta yerba mate a buena parte del continente.