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Historia de Múnich

El monje del puente: la fundación de la ciudad

La historia de Múnich empieza con un puente, un poco de sal y un monje. En el siglo XII, la sal era un bien preciosísimo —servía para conservar los alimentos— y las rutas por las que viajaba estaban rígidamente controladas y gravadas con peajes. Hacia 1158, el poderoso duque Enrique el León, de la casa de los Welfos, mandó destruir un puente sobre el río Isar que pertenecía al obispo de Freising y construyó uno propio unos kilómetros más al sur, en un lugar donde vivían unos monjes, para desviar por allí el lucrativo tráfico de la sal y quedarse con los ingresos.

Aquel asentamiento junto al puente tomó el nombre del lugar: 'apud Munichen', 'junto a los monjes', que derivó en München, el nombre alemán de la ciudad. De ese origen viene también su emblema, el 'Münchner Kindl', la figura de un monje (hoy convertido en niño) que aparece en el escudo de la ciudad y en incontables detalles urbanos. El conflicto con el obispo se resolvió cuando el emperador Federico Barbarroja arbitró a favor de Enrique, y la fecha del documento imperial, el 14 de junio de 1158, se considera oficialmente el acta de nacimiento de Múnich.

El destino de la ciudad cambió para siempre en 1180, cuando Enrique el León cayó en desgracia ante el emperador y perdió sus territorios. El ducado de Baviera pasó entonces a la casa de los Wittelsbach, una dinastía que gobernaría Baviera durante más de setecientos años ininterrumpidos, hasta 1918: una de las sagas dinásticas más largas de la historia europea. Los Wittelsbach convirtieron Múnich en su residencia y capital, la amurallaron, le dieron mercados y privilegios, y empezaron a construir la Residenz, el palacio urbano que iría creciendo durante siglos. La ciudad medieval prosperó como centro comercial y ducal, sobrevivió a incendios y epidemias, y fue tejiendo la identidad bávara —católica, festiva y orgullosa— que todavía la define.

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La capital de un reino: los Wittelsbach, Luis I y la Oktoberfest

Durante siglos, Múnich fue la capital de un ducado y luego de un electorado. El gran salto llegó con Napoleón: en 1806, en la reorganización de Alemania, el elector Maximiliano IV José de Wittelsbach fue elevado a rey, y Baviera se convirtió en un reino independiente con Múnich como capital. Comenzaba la época de mayor esplendor urbanístico de la ciudad.

El gran responsable de la transformación fue el rey Luis I (Ludwig I), que reinó de 1825 a 1848 y quiso hacer de Múnich una nueva Atenas, 'la Atenas del Isar'. Apasionado del arte clásico y del italiano, mandó trazar amplias avenidas y levantar un conjunto extraordinario de edificios neoclásicos: la Ludwigstraße, la Königsplatz con sus templos griegos (la Glyptothek y los Propileos), la Pinakothek para albergar la colección real de pintura, la universidad. Bajo su reinado y los de sus sucesores, Múnich se llenó de museos, iglesias y palacios y se consolidó como una capital cultural de primer orden. El reinado de Luis I terminó abruptamente en 1848: su escandaloso romance con la bailarina y aventurera Lola Montez, sumado a la ola revolucionaria europea de ese año, lo obligó a abdicar.

Un evento del reinado anterior marcaría a Múnich para siempre. El 12 de octubre de 1810, para celebrar la boda del príncipe heredero Luis (el futuro Luis I) con la princesa Teresa de Sajonia-Hildburghausen, se organizó una gran fiesta popular con una carrera de caballos en una explanada a las afueras, que en honor a la novia se llamó Theresienwiese ('la pradera de Teresa'), la 'Wiesn' que los muniqueses siguen usando hoy. La fiesta gustó tanto que se repitió al año siguiente, y al otro, hasta convertirse en la Oktoberfest, hoy la mayor fiesta popular del mundo. Más tarde, el nieto de Luis I, el rey Luis II (Ludwig II), el enigmático 'rey loco', dejaría su huella menos en la ciudad que en los cuentos: obsesionado con Wagner y con la arquitectura, arruinó las arcas construyendo castillos de fantasía como Neuschwanstein, antes de morir ahogado en circunstancias nunca aclaradas en 1886.

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Revolución: el fin de los reyes y la República Soviética de Baviera

El siglo XX trajo a Múnich un torbellino de violencia política. La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial provocó, en noviembre de 1918, el derrumbe de todas las monarquías alemanas. En Múnich, la revolución estalló antes que en ningún otro sitio: el 7-8 de noviembre de 1918, el político socialista Kurt Eisner encabezó un levantamiento que depuso a la dinastía Wittelsbach —tras 738 años de gobierno— y proclamó el 'Estado Libre de Baviera' (Freistaat Bayern), nombre que Baviera conserva hasta hoy. El último rey, Luis III, huyó de la ciudad.

Lo que siguió fue un periodo caótico y sangriento. Kurt Eisner fue asesinado en la calle en febrero de 1919 por un aristócrata de extrema derecha, y en el vacío de poder los sectores más radicales tomaron la iniciativa: en abril de 1919 se proclamó en Múnich una República Soviética de Baviera (Bayerische Räterepublik), un breve gobierno revolucionario de inspiración comunista y anarquista, con consejos obreros al estilo de los soviets rusos. Duró apenas unas semanas. A comienzos de mayo de 1919, tropas del ejército regular y milicias paramilitares de derecha (los Freikorps), enviadas por el gobierno socialdemócrata central, entraron en Múnich y aplastaron la República Soviética con extrema dureza: hubo cientos de muertos, ejecuciones sumarias y una feroz represión.

Aquel trauma tuvo consecuencias duraderas. La violencia revolucionaria y su brutal represión dejaron a Múnich y a Baviera profundamente polarizadas y giradas hacia la derecha. En el resentimiento, el miedo al comunismo y el clima de humillación nacional de la posguerra encontró terreno fértil un agitador recién desmovilizado que empezaba a frecuentar las cervecerías de la ciudad para pronunciar discursos incendiarios: Adolf Hitler. Múnich, la ciudad alegre de la cerveza y el arte, se estaba convirtiendo en el laboratorio del movimiento más criminal del siglo.

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Cuna del nazismo y foco de resistencia: del Putsch a la Rosa Blanca

Múnich fue la cuna del nacionalsocialismo. Fue aquí donde Hitler se afilió en 1919 a un pequeño partido que refundó como Partido Nazi (NSDAP), y donde el movimiento echó raíces en el ambiente de las cervecerías y el revanchismo de posguerra. El 8 y 9 de noviembre de 1923, Hitler intentó dar su primer golpe de Estado: el llamado Putsch de la Cervecería (Bürgerbräu-Putsch o Hitlerputsch). Desde la cervecería Bürgerbräukeller, Hitler y sus seguidores —con el apoyo del general Ludendorff— proclamaron una 'revolución nacional' y al día siguiente marcharon hacia el centro con la intención de tomar el poder. La policía bávara los detuvo a tiros junto a la Feldherrnhalle: murieron cuatro policías y dieciséis golpistas. El putsch fracasó y Hitler fue encarcelado, pero en la prisión escribió 'Mein Kampf' y el juicio le dio proyección nacional. Los nazis convertirían después ese fracaso en un mito fundacional del régimen.

Cuando Hitler llegó al poder en 1933, honró a Múnich con el título de 'Capital del Movimiento' (Hauptstadt der Bewegung). La ciudad se llenó de sedes y monumentos nazis, y a apenas 16 kilómetros, en Dachau, se abrió en marzo de 1933 el primer campo de concentración del régimen, modelo de todos los que vendrían. En 1938 fue en Múnich donde se firmaron los Acuerdos que entregaron a Hitler los Sudetes checoslovacos, en un vano intento de las potencias europeas de evitar la guerra.

Pero Múnich también fue escenario de una de las páginas más luminosas de la resistencia alemana. En la Universidad Ludwig-Maximilian, un grupo de estudiantes encabezado por los hermanos Hans y Sophie Scholl y su profesor Kurt Huber formó en 1942 la Rosa Blanca (Weiße Rose), un movimiento clandestino que redactó y distribuyó panfletos llamando a los alemanes a rebelarse contra la tiranía nazi y a oponerse a los crímenes del régimen. El 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie fueron sorprendidos arrojando octavillas desde la balconada del atrio de la universidad. Detenidos por la Gestapo, fueron juzgados sumariamente y guillotinados pocos días después; Sophie tenía 21 años. Su coraje se convirtió en un símbolo eterno de la conciencia moral frente a la barbarie. Hoy, un memorial de octavillas de bronce incrustadas en el suelo frente a la universidad —la Geschwister-Scholl-Platz— recuerda su sacrificio.

https://en.wikipedia.org/wiki/Beer_Hall_Putschhttps://es.wikipedia.org/wiki/La_Rosa_Blancahttps://en.wikipedia.org/wiki/White_Rosehttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Munich

Destrucción, reconstrucción y los Juegos de 1972

Como corazón simbólico del nazismo y centro industrial, Múnich fue objetivo de intensos bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Decenas de ataques aéreos, sobre todo entre 1942 y 1945, destruyeron buena parte del casco antiguo y de la ciudad; miles de personas murieron y gran parte del patrimonio quedó en ruinas. Cuando las tropas estadounidenses entraron en Múnich a fines de abril de 1945, encontraron una ciudad devastada.

La reconstrucción de posguerra fue, como en Núremberg, objeto de debate, y Múnich optó mayoritariamente por recuperar su fisonomía histórica: se reconstruyeron la Marienplatz, la Frauenkirche, la Residenz y las grandes iglesias respetando en buena medida la traza y las siluetas medievales, en lugar de rehacer la ciudad en clave puramente moderna. Esa decisión explica por qué el centro de Múnich conserva hoy su atmósfera de antaño. La ciudad se recuperó con rapidez durante el 'milagro económico' alemán y volvió a florecer como polo industrial, tecnológico y cultural, sede de grandes empresas como BMW y Siemens.

El gran momento de proyección internacional de la posguerra llegó en 1972, cuando Múnich organizó los Juegos Olímpicos de verano. Alemania Occidental quería mostrar al mundo una nación democrática, abierta y pacífica, muy distinta de la de 1936, y construyó un moderno parque olímpico con una espectacular cubierta de vidrio y acero. Pero los Juegos quedaron ensombrecidos por una tragedia. En la madrugada del 5 de septiembre de 1972, un comando del grupo terrorista palestino Septiembre Negro asaltó la Villa Olímpica, mató a dos miembros de la delegación israelí y tomó a otros nueve como rehenes. Tras un día de negociaciones, un chapucero intento de rescate de la policía alemana en el aeródromo de Fürstenfeldbruck terminó en desastre: murieron los nueve rehenes israelíes, cinco terroristas y un policía. La 'masacre de Múnich' conmocionó al mundo, marcó el inicio del terrorismo internacional de alto perfil y dejó una herida profunda; hoy un sobrio memorial en el parque olímpico honra a las víctimas.

De aquella historia densa y contradictoria —fundación medieval, esplendor real, revolución, nazismo, resistencia, destrucción y renacimiento— nació la Múnich actual: una metrópoli próspera y tecnológica que, sin renunciar a su tradición bávara, sus biergartens y su Oktoberfest, mira su pasado del siglo XX de frente, con memoriales que recuerdan Dachau, la Rosa Blanca y las víctimas de 1972. Es una ciudad que aprendió a ser alegre sin olvidar.

https://en.wikipedia.org/wiki/Munich#World_War_II_and_aftermhttps://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_M%C3%BAnichhttps://en.wikipedia.org/wiki/Munich_massacrehttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Munich

📚 Bibliografía

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