Viajá con Gus
InicioAlbaniaShkodraHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Shkodra

Capital iliria: el reino del rey Gencio

Shkodra es una de las ciudades más antiguas de Albania y de todos los Balcanes. Su historia arranca hace más de dos milenios, cuando fue un importante centro de los ilirios, los pueblos que habitaban esta región antes de la llegada de Roma. En el siglo III a.C., Shkodra (Scodra) era la capital del reino ilirio de los labeatas, y alcanzó su momento más célebre bajo el rey Gencio, el último gran soberano ilirio, que hizo de la ciudad su sede de poder junto al lago y los ríos.

La posición de Shkodra era y es estratégica: domina la confluencia de tres ríos —el Buna, que desagua el lago hacia el Adriático, el Drin y el Kir— y controla el paso entre la llanura costera y las montañas del norte. Sobre la colina que preside ese cruce de aguas, los ilirios levantaron la fortaleza que, muy transformada, sería el futuro castillo de Rozafa.

El choque con Roma fue inevitable. En el año 168 a.C., tras las guerras ilirias, el rey Gencio fue derrotado y se rindió a las legiones romanas precisamente en Shkodra, un episodio que marcó el fin de la independencia iliria y la incorporación de la región al mundo romano. Bajo Roma y luego bajo Bizancio, Shkodra siguió siendo una plaza importante, disputada a lo largo de los siglos por bizantinos, búlgaros, serbios y señores locales, en el cruce de caminos entre el Adriático y el interior balcánico.

Venecia y el heroico asedio otomano de 1478-1479

En la Baja Edad Media, tras pasar por manos serbias y de familias nobles albanesas como los Balsha, Shkodra quedó bajo el dominio de la República de Venecia, que la convirtió en un bastión clave de su frontera oriental frente al avance imparable del Imperio otomano. La ciudad y su castillo de Rozafa se prepararon para resistir el empuje turco, que ya había conquistado buena parte de los Balcanes.

El momento culminante llegó con el gran asedio otomano de 1478-1479, uno de los episodios más heroicos de la historia albanesa y europea. Un enorme ejército otomano, con el propio sultán Mehmed II —el conquistador de Constantinopla— presente en parte del cerco, rodeó Shkodra. La guarnición veneciana y la población albanesa, muy inferiores en número, resistieron durante meses el bombardeo de la artillería turca y sucesivos asaltos a las murallas de Rozafa, en condiciones extremas de hambre y sed. La resistencia fue tan tenaz que se hizo legendaria.

El humanista shkodrano Marin Barleti, testigo de aquellos hechos, los inmortalizó en su obra 'De obsidione Scodrensi' ('Sobre el asedio de Shkodra'), un relato que dio fama europea a la gesta. Finalmente, agotada y sin esperanza de socorro, Venecia cedió Shkodra a los otomanos en la paz de 1479. La ciudad, que había resistido como pocos, cayó bajo dominio turco, iniciando casi cinco siglos otomanos.

La Shkodra otomana: comercio, pachalik y encrucijada de credos

Bajo el Imperio otomano, Shkodra se convirtió en uno de los principales centros del norte de Albania: un importante nudo comercial entre el Adriático, Montenegro y el interior, con una activa vida de mercaderes, artesanos y caravanas. La ciudad creció alrededor de sus bazares y de una arquitectura otomana de la que quedan puentes como el de Mesi, mezquitas y casas señoriales. En el siglo XVIII y comienzos del XIX fue sede de un poderoso pachalik semiindependiente gobernado por la familia Bushati, que ejerció un dominio casi autónomo sobre el norte.

Uno de los rasgos más notables de Shkodra fue —y sigue siendo— su condición de encrucijada de religiones. La ciudad mantuvo una fuerte comunidad católica, algo poco común en la Albania otomana, junto a una mayoría musulmana y una presencia ortodoxa. Ese catolicismo del norte, ligado a los franciscanos y jesuitas y a los contactos con Italia y Austria, hizo de Shkodra un centro de educación, imprenta y cultura religiosa que la distinguió del resto del país.

A lo largo del siglo XIX, Shkodra fue además un foco temprano del renacimiento nacional albanés (Rilindja): en sus escuelas, imprentas y círculos culturales se cultivó la lengua y la conciencia nacional albanesas. La ciudad se abría a Europa, sobre todo a Italia y Austria-Hungría, cuya influencia se nota todavía en su arquitectura, su gastronomía y su aire cosmopolita.

Capital cultural: la fotografía Marubi, la prensa y el arte

En la segunda mitad del siglo XIX y en el XX, Shkodra floreció como la capital cultural indiscutida del norte de Albania. El símbolo más brillante de ese esplendor es la dinastía Marubi. Pietro Marubi, un italiano llegado a Shkodra a mediados del siglo XIX, fundó el primer estudio fotográfico de Albania y tomó la que se considera la primera fotografía del país (hacia 1858). Su estudio pasó a la familia Marubi —Kel Marubi y sus sucesores— que durante más de un siglo retrató la vida, los rostros, los trajes y los acontecimientos del norte, reuniendo un archivo de más de 100.000 negativos, hoy en el Museo Marubi, tesoro visual único de los Balcanes.

Shkodra fue también cuna de la prensa albanesa, de la pintura —con figuras como Kolë Idromeno, pintor, arquitecto y pionero polifacético que da nombre a la calle peatonal—, de la música y de la literatura. La convivencia de católicos, musulmanes y ortodoxos, la influencia italiana y austriaca y una burguesía culta hicieron de la ciudad un foco intelectual excepcional. A comienzos del siglo XX, con la independencia de Albania en 1912, Shkodra fue disputada por las potencias y por Montenegro, que llegó a asediarla y ocuparla brevemente antes de que quedara definitivamente en Albania.

Ese legado cultural —la fotografía, la prensa, la pintura, el catolicismo ilustrado, la cultura del café— sigue siendo el orgullo de Shkodra y una de las razones que hacen la ciudad tan singular dentro del país.

La dictadura comunista y la Shkodra de hoy

La llegada del régimen comunista de Enver Hoxha en 1944 golpeó a Shkodra con especial dureza. Ciudad católica, culta y burguesa, fue vista con desconfianza y hostilidad por la dictadura estalinista, que la convirtió en uno de sus principales blancos. La persecución religiosa fue feroz: Albania se declaró en 1967 el primer Estado oficialmente ateo del mundo, se prohibieron todos los cultos, se cerraron y destruyeron iglesias y mezquitas, y numerosos sacerdotes católicos de Shkodra, intelectuales y disidentes fueron encarcelados, torturados y ejecutados. La antigua prisión de la policía secreta Sigurimi, hoy Sitio del Testimonio y la Memoria, conserva el recuerdo de aquel terror.

Durante casi medio siglo, Shkodra —como todo el país— vivió aislada, empobrecida y reprimida, con su rica vida cultural asfixiada y su patrimonio religioso arrasado. La caída del comunismo en 1990-1991 llegó precisamente aquí con fuerza simbólica: Shkodra fue uno de los focos de las protestas que acabaron con el régimen, y la reapertura de la catedral y la visita del papa Juan Pablo II en 1993 marcaron el renacer de la libertad religiosa.

Los años noventa fueron duros, con pobreza, emigración masiva y el caos de la crisis de 1997, pero Shkodra ha sabido reinventarse. Hoy es una ciudad viva y cada vez más turística: ha recuperado su calle peatonal y su cultura de café, presume de su Museo Marubi y su castillo de Rozafa, y se ha consolidado como la gran puerta de entrada a los Alpes albaneses y a Montenegro. Ciudad ciclista, culta y hospitalaria, junto al mayor lago de los Balcanes, Shkodra combina como pocas la memoria de un pasado ilustre y a menudo trágico con la energía de la nueva Albania abierta al mundo.

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Shkodra