La historia de Durrës comienza hace más de 2.600 años, lo que la convierte en una de las ciudades más antiguas de Albania y de toda la costa adriática. Fue fundada hacia el 627 a.C. por colonos griegos procedentes de Corinto y de Corcira (la actual Corfú), que la llamaron Epidamnos. Situada en una península de fácil defensa junto a un buen puerto natural, la nueva ciudad prosperó pronto gracias al comercio marítimo entre el mundo griego y las tribus ilirias del interior, con las que traficaba productos y esclavos.
Epidamnos tuvo un papel nada menor en la historia griega: las disputas internas de la ciudad y la intervención de Corinto y Corcira en ellas fueron, según el historiador Tucídides, una de las chispas que desencadenaron la gran Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta en el siglo V a.C. Que una colonia tan alejada apareciera en el origen de aquel conflicto da idea de su importancia comercial y estratégica.
Con el tiempo, la ciudad pasó a llamarse Dyrrachion. Los romanos, cuando la incorporaron a su mundo, adoptaron una variante de ese nombre —Dyrrachium— en parte porque 'Epidamnos' les sonaba a 'damnum', la palabra latina para 'perjuicio' o 'pérdida', de mal augurio para los comerciantes. Así, la vieja Epidamnos griega se transformó en la Dyrrachium romana, y con Roma llegaría su época de mayor esplendor.
Bajo dominio romano, Dyrrachium se convirtió en uno de los puertos más importantes del Adriático y en una pieza clave de las comunicaciones del Imperio. La razón está en la geografía: la ciudad era el gran punto de embarque y desembarque entre Italia y los Balcanes, la puerta de entrada a Oriente. Desde aquí partía la Vía Egnatia, la gran calzada romana que atravesaba los Balcanes hasta Tesalónica y, finalmente, Bizancio (la futura Constantinopla). Quien viajaba de Roma a Oriente cruzaba el Adriático desde Brindisi y desembarcaba en Dyrrachium para seguir por tierra.
Esa posición estratégica puso a la ciudad en el centro de la historia romana. Durante la guerra civil entre Julio César y Pompeyo, en el año 48 a.C., sus alrededores fueron escenario de la batalla de Dyrrachium, un enfrentamiento en el que Pompeyo llegó a derrotar a César antes de la decisiva batalla de Farsalia. La ciudad creció, se dotó de murallas, foro, termas, un acueducto y, en el siglo II d.C., del gran anfiteatro que hoy sigue siendo su monumento más célebre.
El anfiteatro de Dyrrachium, con capacidad para muchos miles de espectadores, es el mayor de los Balcanes y símbolo del esplendor de la ciudad romana. Combates de gladiadores y espectáculos llenaban sus gradas. Con la crisis del Imperio y la posterior división entre Oriente y Occidente, Dyrrachium quedó del lado bizantino y siguió siendo, durante siglos, un puerto de primer orden.
Como puerto codiciado del Adriático, Dyrrachium —conocida en la Edad Media también como Durazzo— pasó de mano en mano durante más de un milenio. Fue una plaza importante del Imperio bizantino, sede de un thema (provincia militar) y objetivo de sucesivos ataques. En el siglo XI, los normandos del sur de Italia, con Roberto Guiscardo al frente, la asediaron y tomaron tras la batalla de Dyrrachium de 1081, uno de los grandes choques entre normandos y bizantinos. La ciudad cambió de dueños varias veces entre bizantinos, normandos, angevinos y déspotas locales.
A partir del siglo XIV y XV, en el marco de la expansión veneciana por el Adriático y del avance otomano por los Balcanes, Durazzo fue disputada entre la República de Venecia y el Imperio otomano. Venecia la controló durante un tiempo y reforzó sus murallas y torres —de esa época queda la impronta de la llamada Torre Veneciana—, pero finalmente, en 1501, la ciudad cayó en manos otomanas, bajo cuyo dominio permanecería, como el resto de Albania, durante más de cuatro siglos.
Durante el largo período otomano, Durrës perdió parte de su antigua importancia. Los terremotos —a los que la zona es propensa— y los cambios en las rutas comerciales golpearon a la ciudad, que quedó reducida y empobrecida respecto a su esplendor antiguo. Aun así, conservó su carácter de puerto y su población mixta, con comunidades musulmanas y cristianas, testimonio de su larga historia de encrucijada entre Oriente y Occidente.
Con el nacimiento de la Albania independiente en 1912, Durrës vivió un breve momento de protagonismo político: entre 1914 y 1920 fue, de manera intermitente, capital del joven Estado albanés y sede de su primer gobierno, antes de que la capitalidad pasara definitivamente a Tirana. Fue una etapa de gran inestabilidad, marcada por la injerencia de las potencias extranjeras y por los efectos de la Primera Guerra Mundial, que convirtió la costa albanesa en escenario de operaciones militares.
En el período de entreguerras y durante la Segunda Guerra Mundial, Durrës, como principal puerto del país, tuvo un papel estratégico. La Italia fascista, que ejercía una influencia creciente sobre Albania, desembarcó precisamente por Durrës cuando invadió el país en abril de 1939; hubo combates en el puerto antes de la ocupación. Más tarde, la ciudad sufrió los bombardeos y la dureza de la guerra hasta la liberación por los partisanos comunistas en 1944.
Bajo el régimen comunista de Enver Hoxha (1944-1991), Durrës se transformó en un importante centro industrial y portuario del Estado socialista, con astilleros, fábricas y un puerto ampliado. Fue en esas décadas cuando se emprendieron las grandes excavaciones que sacaron a la luz el anfiteatro romano, sepultado durante siglos bajo la ciudad. La costa, además, empezó a desarrollarse como zona de baño para los trabajadores. Tras la caída del régimen, Durrës mantuvo su doble condición de puerto principal del país —con ferris a Italia— y de balneario más popular de los albaneses.
La Durrës actual es una ciudad de contrastes, donde el pasado de más de dos milenios convive con una urbe portuaria moderna y con el bullicio veraniego de sus playas. En pleno centro, el gran anfiteatro romano emerge entre las casas, rodeado de vida cotidiana; a pocos pasos, el Museo Arqueológico, las murallas bizantinas, la Torre Veneciana y los restos del foro y las termas recuerdan las sucesivas capas de historia —griega, romana, bizantina, veneciana, otomana— que ha acumulado la ciudad.
Al mismo tiempo, Durrës es la segunda ciudad de Albania, su principal puerto de pasajeros y mercancías, con ferris que la unen a Bari y Ancona, y el balneario más concurrido del país. Cada verano, sus kilómetros de playa de arena se llenan de familias de Tirana y de toda la región, con hoteles, chiringuitos y restaurantes de pescado a lo largo del paseo. No es la costa cristalina de la Riviera del sur, sino una playa urbana, familiar y animada.
Esa doble naturaleza —ciudad antigua y balneario moderno— es precisamente lo que hace singular a Durrës. Pocos lugares permiten pasar en pocos minutos de un anfiteatro romano de dos mil años a un chiringuito frente al Adriático. Los terremotos, como el que golpeó la región en 2019, han recordado la fragilidad de una ciudad muchas veces reconstruida; pero Durrës, fiel a su larguísima historia, sigue en pie, mirando al mar por el que llegaron griegos, romanos, venecianos y viajeros de todas las épocas.