Última actualización: octubre de 2026
Dijimos que sí para tres: Milly, Selva y yo. Pero la representante tardó cinco o siete días en pasárselo a la dueña, y en esa semana la dueña les dio los cupos —con los empleadores que ya tenía arreglados: viñedos, restaurantes— a otras personas que estaban interesadas desde el minuto cero. Cuando hablamos con ella directamente no quedaba nada. Nos dijo que podíamos esperar a ver si conseguía un empleador nuevo a última hora, y esperamos.
Lo que consiguió fue el marido de una amiga croata de hace 25 años. Tenía una empresa de turismo con catamaranes que recorrían el Adriático: Mljet, las islas Elafiti frente a Dubrovnik, habitaciones en una de las islas para alojar a los pasajeros, una base en Dubrovnik y la oficina central en Zagreb. Íbamos a vivir cerca de Dubrovnik y a trabajar en turismo, con huéspedes. El razonamiento fue simple: con el marido de su amiga de toda la vida no puede salir nada mal, porque si algo se sale de lo acordado ella lo arregla en el día. Sabíamos que los sueldos iban a ser bajos comparados con Estados Unidos. Íbamos por la experiencia.
Después se sumó Cami C; Selva convenció a Manu; Cami M dijo que sí. Cada vez que se sumaba uno yo le preguntaba a él si tomaba a uno más, le mandaba el currículum, y decía que sí. Terminamos siendo seis. Él pagaba los vuelos a cambio del primer mes de trabajo, y ahí pasó lo primero raro: me mandó una foto de la tarjeta de la empresa y me dijo que comprara yo los pasajes. Compré los más baratos que encontré, sabiendo que tenía que andar cerca de mil euros por persona.
Hasta Asunción llegamos por nuestra cuenta. De ahí, Avianca a Bogotá y a República Dominicana, y desde ahí Air Europa a Madrid. En Madrid alquilamos una van e hicimos Madrid–Valencia–Barcelona manejando, conociendo las ciudades en el camino, pagado por nosotros. De Barcelona, Vueling a Roma y de ahí a Dubrovnik. Los vuelos, espectaculares; las valijas las pagamos aparte.
Nos buscó en el aeropuerto de Dubrovnik con una van de la empresa y nos llevó a la oficina. Y eso fue todo. Estábamos acostumbrados al modelo Work and Travel: en junio tenés la entrevista o te aceptan como returnee, y para diciembre está todo pautado. Nosotros volamos en mayo sin saber dónde íbamos a vivir, qué puesto íbamos a tener ni si la comida estaba incluida. ¿Dónde vamos a vivir? Todavía no estaba resuelto. Por ahora podíamos quedarnos en uno de los catamaranes, «una experiencia de lujo». Era un catamarán chiquitísimo, con camitas en las que apenas entrábamos y baños casi sin agua caliente si no se prendía el motor.
Tuvimos dos o tres días libres antes de empezar. Dejamos las valijas en la oficina, frente a los catamaranes, nos subimos a los colectivos urbanos y fuimos al casco antiguo de Dubrovnik y sus alrededores. Después tomamos el barco a la isla donde íbamos a vivir: Šipan.
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Los relatos van en orden: esto es lo que pasó alrededor de este.