Última actualización: octubre de 2026
Durante el programa nos fuimos con las dos Camilas, Cami C y Cami M, a una excursión de un día desde Dubrovnik a Bosnia y Herzegovina. Nos pasó a buscar por el hotel, cruzamos la frontera y la primera parada fue Mostar.
Tuvimos una visita guiada desde donde para el bus hasta el centro antiguo, con un poco de historia de un lugar muy antiguo y muy pintoresco. Y después el puente, el Stari Most, el símbolo de Mostar. Yo creía que lo habían destruido en la Segunda Guerra Mundial. No: cayó el 9 de noviembre de 1993, en la guerra de Bosnia, después de días de bombardeo. Se reconstruyó entre 1999 y 2004, en un proyecto encabezado por la UNESCO y el Banco Mundial con donantes internacionales, y desde 2005 el área del Puente Viejo es Patrimonio de la Humanidad.
El guía nos contó lo dividida que estuvo la ciudad: a grandes rasgos, el este es bosníaco y musulmán, y el oeste croata y católico, y durante años la gente de un lado no cruzaba al otro. Hoy conviven. Lo que más me impactó fue escuchar por primera vez en persona el llamado a la oración, el ezan: se hace cinco veces al día desde los minaretes de las mezquitas y, con los parlantes, llena toda la ciudad.
Comimos en un restaurante, tomamos una cervecita de ahí, y era re barato. Ahí entendimos que vivíamos los dos extremos: Dubrovnik —o peor, las islas de enfrente— es de lo más caro de Europa, y Bosnia y Herzegovina, de lo más barato.
La segunda parada fueron las cascadas de Kravice, sobre el río Trebižat, a unos siete kilómetros de Ljubuški: un semicírculo de saltos de unos 25 a 28 metros que caen en una pileta natural de unos 120 metros de diámetro.
Los relatos van en orden: esto es lo que pasó alrededor de este.