Última actualización: octubre de 2026
Volví por un tercer invierno a Park City, y este fue el que salió mal por el lado de la plata. Primero pasé por Nueva York, igual que la primera vez: Central Park, Times Square, el crucero por el Hudson que para frente a la Estatua de la Libertad, el toro de Wall Street. Me volví a alojar con Couchsurfing y volvió a salir bien. Después, Utah.
Los dueños de la casa donde alquilábamos el sótano el invierno anterior tenían amigos con una cafetería en el pueblo, y nos avisaron que ese departamento iba a quedar para alguien que trabajara ahí. Así que hice la entrevista desde Croacia, con meses de anticipación, y conseguí el trabajo antes de comprar nada. Eso lo volvería a hacer: llegar con el trabajo cerrado te saca un peso enorme de encima, y encima puede salirte más barato, porque los programas cobran distinto cuando te conseguís vos el empleador.
Mi contrato decía 18,75 dólares la hora, y decía también que el puesto incluía propinas. No decía 18,75 más propinas: decía 18,75 y, por otro lado, que era un puesto con propinas. Cuando empecé a hablar con mis compañeros, ninguno se llevaba nunca más de 18,75 la hora, así que nadie me sabía decir dónde estaban las propinas. Las managers nos decían que las propinas ya estaban adentro de los 18,75.
Después comparamos contratos. El de mis compañeros peruanos decía 2,25 dólares la hora más propinas hasta 18,75. Ahí está todo en un renglón: la empresa ponía 2,25 la hora y el resto, hasta un techo, lo ponían los clientes. Cuando reclamé, la respuesta fue que mi contrato tenía un error de tipeo y que el bueno era el de los demás.
Pagué cuatro consultas con cuatro abogados distintos, una atrás de la otra, porque ninguno me daba una respuesta que me sirviera. Todos coincidían en lo mismo: la estructura estaba lo bastante bien armada como para que demostrar algo ilegal requiriera una denuncia formal y que alguien les exigiera los reportes de ventas y de propinas. Y esos reportes nunca los vimos. Otra gente que conocía en el pueblo recibía su reporte de propinas al terminar cada turno. A nosotros no nos mostraban ninguno.
Al final no hice la denuncia, y todavía lo pienso. Así que dejo acá lo que en ese momento no encontré, chequeado contra la ley:
Volvió Mili, y vinieron por primera vez Manu y Loren. Tenerlos ahí salvó el invierno, porque por el lado de la plata fue un desastre: pocas horas en la cafetería y ningún segundo trabajo. Sí terminé consiguiendo turnos de banquetes en el resort, que venían con credencial de empleado, y esa credencial era mi pase de esquí.
Y por fin esquié en serio. Loren me volvió a enseñar y esta vez funcionó: verdes y después azules en Park City Mountain, y verdes en Deer Valley, que me pareció más difícil. Los días libres fuimos a Las Vegas, a los salares de Bonneville, a la isla Antelope a ver los bisontes, al East High de High School Musical y a la réplica de la casa de Up que está en el sur de Salt Lake City.
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Los relatos van en orden: esto es lo que pasó alrededor de este.