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South Lake Tahoe: el lugar del que me enamoré

Última actualización: octubre de 2026

Rodrigo —el amigo al que le vendí mi campera de Misiones— estaba haciendo su temporada en South Lake Tahoe, en California, y me insistía con que me fuera para allá cuando terminara el invierno. Primero vino él a Park City: lo fui a buscar a la estación de trenes de Salt Lake City, bajando del California Zephyr, el tren de Amtrak que cruza el país y para en Salt Lake City después de pasar por Reno y Truckee. Se quedó unos días, conoció Park City y Salt Lake, y después nos fuimos juntos a Tahoe.

El lugar

Me enamoré de Lake Tahoe. No es fancy como lo son Park City, Aspen o Vail. Es acogedor y es fácil. Tenés el agua enfrente: vas a la playa cuando se te canta, el día que quieras, todo el verano. En invierno tenés la montaña. Pacífico, liberador, sanador; se me acaban los adjetivos. Trabajé de mozo en un restaurante mexicano y me pasé el verano ahí, y es el lugar al que mandaría a cualquiera que quiera una temporada en Estados Unidos sin el brillo de las vidrieras.

La gente

Vino Manu, y con él Sabri y Mauri, todos de Misiones, y terminamos alquilando una casa juntos: todo el grupo bajo el mismo techo. Con Mauri nos conocíamos de Instagram, hablando cada tanto y a distancia, y nos conocimos en persona acá. Empezamos a salir, nos fuimos a vivir juntos y nos casamos. Esa es la parte de la historia que no vi venir cuando compré el primer pasaje con doscientos dólares en el bolsillo.

Asher

Mauri había dejado a su perro salchicha en Misiones y, después de unos meses de juntar plata, lo trajo. Se llama Asher. Lo hizo con Animal Cargo, una empresa que trabaja puerta a puerta: lo fueron a buscar a Misiones, lo llevaron por tierra hasta Buenos Aires, lo alojaron en un hotel para mascotas, voló hasta Los Ángeles y de ahí lo trajeron en auto hasta nuestra puerta. Se encargaron del microchip y de todos los papeles. Sale carísimo, y valió cada peso. Si lo estás pensando, empezá por los requisitos del CDC para entrar un perro a Estados Unidos: el perro necesita microchip, tener al menos seis meses, verse sano, y hay que completar el formulario de importación del CDC por internet antes de volar.

Recitales, un auto y cinco montañas

A San Francisco habremos ido ocho o nueve veces, y buena parte de esos viajes fueron por recitales. En el Chase Center vimos a Lady Gaga, a Dua Lipa y a Demi Lovato; a Jade, en el Fillmore; a Zara Larsson cruzando la bahía, en el Fox Theater de Oakland; a Tate McRae un poco más lejos, en el Golden 1 Center de Sacramento; y a Christina Aguilera otra vez, en el Portola Music Festival, sobre el muelle 80 de San Francisco.

Y viajamos por otros: Katy Perry en Las Vegas para el cumpleaños de Mauri, que sigue siendo el mejor show que vimos, y también Kelly Clarkson allá. La más loca fue Christina Aguilera en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, con la Filarmónica de Los Ángeles: un concierto gratuito que organizaron después de los incendios, y entramos porque una de las dos cuentas con las que nos anotamos ganó las entradas. Más adelante nos compramos un auto entre los dos, y eso cambió todo: el primer invierno sin auto y el segundo con auto son deportes distintos.

Ese segundo invierno me compré el pase de temporada y esquié muchísimo, con Manu y con Jimena, una amiga costarricense que hace snowboard. Heavenly sobre todo, y también Northstar y Kirkwood. Mejoré en serio: todas las azules sin pensarlas, varias negras en Kirkwood, y una doble negra en la que tuve que sacarme los esquís y bajar caminando el primer tramo antes de poder esquiar el resto. Con eso ya son cinco montañas: Deer Valley y Park City Mountain en Utah, y Heavenly, Northstar y Kirkwood acá alrededor de Tahoe.

Lo que sacaría en limpio

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Seguí el viaje

Los relatos van en orden: esto es lo que pasó alrededor de este.

Antes
Viena, solo, con un vuelo de sesenta euros
Antes
Trece horas de vuelo, una noche en San Pablo y un micro hasta casa

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